Memorias mundialistas del 86: cuando la Copa del Mundo se vivía a pie de calle y libre de vallas

Edgar Ledesma y Dalila Sarabia · 24 de junio de 2026

Memorias mundialistas del 86: cuando la Copa del Mundo se vivía a pie de calle y libre de vallas

Sin prisa y no con mucha dificultad, Manuel Ulloa sube las gradas recién pintadas del Estadio Neza 86. Se gira, pone sus manos en la espalda, respira y casi sin parpadear admira el recinto en el que vivió algunos de los días más felices de su vida apoyando a los Toros Neza.

A 40 años del Mundial de 1986, explica que, aunque no pudo asistir a ningún partido en este estadio mundialista, vivirlo desde fuera fue igual de emocionante que estar en las gradas.

Manuel Ulloa, desde 1979, vecino de Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México
Manuel Ulloa, desde 1979, vecino de Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México. Foto: Edgar Ledesma

“Tuvimos la fortuna de por lo menos acercarnos al estadio y ver a gente que venía a apoyar a sus equipos (…) todo era alegría. Aunque uno no entraba a los estadios, afuera había una fiesta y sentíamos que era fiesta de nosotros, del pueblo”, comparte Ulloa, vecino de Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, desde 1979.

En aquel tiempo, mientras él salía a trabajar en ventas, su esposa llevaba a su hijo —en ese entonces de tres años— al estadio para que viviera la fiebre mundialista. Cantaban, bailaban, se comunicaban a señas con los daneses y escoceses, cuyas selecciones disputaron tres encuentros en este emblemático estadio ubicado a un costado de la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl, a la que pertenece el inmueble tras un decreto de donación.

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“Es algo que no estamos viviendo con el Mundial que actualmente está, ¿no? Como que sentimos que este Mundial es muy elitista”, subraya.

A pesar de estar ubicado sobre la avenida Lázaro Cárdenas, una de las más importantes del municipio, quienes no conocen la zona pueden pasar de largo ya que tras frondosos árboles se encuentra el estadio mundialista que en medio de la fiebre de la Copa del Mundo abrió temporalmente sus puertas para montar la exposición “Revivamos Neza 86”.

El inmueble tiene grietas, goteras y zonas acordonadas
El inmueble tiene grietas, goteras y zonas acordonadas. Foto: Edgar Ledesma

Y aunque se pintaron algunas gradas, el deterioro del inmueble es evidente. Grietas, goteras y zonas acordonadas abundan.

Cuarenta años después —muy lejos de aquí, al sur de la Ciudad de México—, un cerco de hasta 2 kilómetros a la redonda impide que el pueblo anfitrión pueda acercarse siquiera al Estadio Azteca —ahora llamado Estadio Ciudad de México— única sede mundialista en la capital del país y su zona conurbada.  

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En ese perímetro, alrededor del legendario recinto, decenas de vallas, elementos del Ejército, policías y trabajadores del gobierno local impiden el paso a toda persona que no acredite vivir en la zona o contar con un boleto para alguno de los partidos. Comprar algún souvenir o al menos tomar una foto del recuerdo hoy no es posible.

En medio de la pasión mundialista que se vive en México, para el vecino de Neza es inevitable mirar al pasado y revivir los dos mundiales varoniles que le han tocado como mexicano aficionado del futbol, cuando ser el país anfitrión era una fiesta para todas y todos. Tiempos que ya no volverán, opina. Hoy todo cuesta. Todo es un negocio. Todo está reservado para un selecto grupo.

Estadio de Neza
Estadio de Neza. Foto: Cortesía Gobierno de Nezahualcóyotl

“La FIFA se hizo dueña de los estadios y ellos son los que deciden y hacen todo lo que tiene que ver con el Mundial”, se queja Ulloa, originario de Chiapas, quien llegó a Neza en búsqueda de oportunidades de trabajo y de estudio.

“Son carísimos los boletos, no hay posibilidades de que la gente común —el pueblo— los pueda adquirir. Sentíamos que los Mundiales anteriormente eran del pueblo, hoy ya no lo sentimos así”, lamenta.  

Manuel no recuerda con exactitud cuándo fue la última vez que entró con sus amigos a este estadio en la periferia de la Ciudad de México. Lo que sí tiene presente es que fue en el verano de 1997, cuando Chivas goleó 6-1 a los Toros Neza en la final del torneo. Estuvieron cerca, pero el título se les fue de las manos.

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Aún con las manos cruzadas por la espalda, clava sus ojos en las gradas que tiene de frente, y lo que mira no es solamente un estadio viejo. Ahí están también sus recuerdos, su juventud, una parte de su infancia y aquellos días en los que él y sus amigos coreaban cánticos y porras para apoyar a los Toros Neza. Algunos de ellos, dicen, “ya no están en esta tierra”.

Los años también han pasado por Ulloa, de cabello cenizo y arrugas marcadas en el rostro. El Neza 86 muestra sus propias señales del transcurso del tiempo: las grietas abiertas en el concreto, están también en la memoria de quienes lo vivieron lleno y vibrante. El estadio, poco a poco, se está hundiendo.

Cuando el Mundial no era un espectáculo exclusivo
Cuando el Mundial no era un espectáculo exclusivo. Foto: Cortesía Gobierno de Nezahualcóyotl

Nezahualcóyotl también ha cambiado. Manuel recuerda  que antes del Mundial del 86, las calles fueron pavimentadas, las fachadas retocadas y en algunas zonas se plantaron árboles. Durante esos días, el municipio pareció alistarse para recibir al mundo, como volvió a ocurrir en este año con las obras hechas al paso. Después, esos arreglos se fueron perdiendo con el tiempo, pero mientras el balón rodó en territorio mexiquense, todo parecía brillar. 

“Recuerdo (que en el estadio Neza) iba a haber un partido de Uruguay, no recuerdo con qué otro país, y mi papá me mandó a traer unos refrescos. Yo tendría como unos 7 u 8 años… crucé la avenida para llegar a la tienda, pero al momento de querer cruzar de vuelta ya no pude porque en ese momento estaban llegando los aficionados… era una fiesta”, rememora Raúl García Chávez, otro vecino de toda la vida de Nezahualcóyotl.

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En este 2026 las autoridades federales y estatales decidieron suspender las clases cuando hay partidos en alguna de las tres sedes mundialistas: Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León. Incluso en un momento la SEP informó que el ciclo escolar concluiría un mes antes, decisión que tuvieron que echar para atrás después de las críticas recibidas por todos los sectores de la población.

Cuarenta años atrás, recuerda Raúl, los días que jugaba la Selección Nacional eran “normales”, aunque si iban ganando, había posibilidad de salir más temprano.

“Cuando estaba en cuarto año entró la maestra —y estaba jugando México, no recuerdo contra quién—,  pero entró y dijo ‘va ganando México 1-0… y van a salir temprano’. Todos nos pusimos a gritar como locos, bien contentos. Recuerdo que cuando salí ya estaba mi mamá afuera y rápido nos fuimos a la casa para ver el partido”, compartió Raúl.

Raúl García Chávez, vecino de Nezahualcoyotl
Raúl García Chávez, vecino de Nezahualcóyotl. Foto: Edgar Ledesma

El “partido del siglo” gratis desde el palomar

En 1970, cuando México fue sede mundialista por primera vez, las cosas no fueron distintas a 1986.

Jesús, de 70 años, recuerda que en aquel año tuvo la fortuna de ver “el partido del siglo”: la semifinal entre Alemania e Italia en el otrora Estadio Azteca.

Con 15 años de edad, Jesús no compró un boleto. Incluso, comparte, no tenía dinero ni siquiera para pagar el transporte público. “No tenía ni para el pasaje, creo que me fui de mosquita en el tren…”, comparte.

Fue el miércoles 17 de junio de 1970. Sin darle tantas vueltas, Jesús lo decidió “me voy al estadio”.

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No había tránsito en exceso, menos vallas que limitaban el acceso al Azteca. Había libertad. “Llegabas al estadio como si fuera un partido normal, en el trenecito que iba a Xochimilco… no había un cerco”.

Cuando llegó a las afueras del estadio ya avanzaba el segundo tiempo del encuentro. Con estar afuera le era suficiente, pero 10 o 15 minutos antes de que concluyera el partido —para ese momento el marcador iba 1-1—, las puertas del estadio se abrieron para dejar pasar a las decenas de curiosos que rondaban la zona con la esperanza de sentir en primera fila la pasión mundialista.

“No sé por qué motivos, causas o razones abrieron antes de que terminara el tiempo normal y yo me metí y me fui hasta arriba. O sea, yo no pagué ni compré boletos, nada más fui así y me tocó ver lo mejor que fueron los tiempos extra que fue donde Italia le ganó a Alemania 4-3”, recuerda Jesús.

La Selección Mexicana
La Selección Mexicana. Foto: Cortesía Gobierno de Nezahualcóyotl

A este partido se le conoce como el “partido del siglo” por ser uno de los más emocionantes del siglo XX. Tras la igualada en el tiempo reglamentario, Italia y Alemania anotaron 5 goles en el tiempo extra. Incluso en el Azteca hay una placa que recuerda aquel día que Jesús pudo ver directamente por un chispazo de suerte.

“Yo nunca pagué boleto. Tú podías llegar al estadio normal, sin cerco y sin nada. (Me acuerdo que Franz) Beckenbauer tenía el hombro dislocado, le pusieron vendas y así terminó el juego”, detalla Jesús.

Con un marcador de Italia 4-3 Alemania, los itálicos pasaron a la final la cual perdieron contra Brasil con un marcador de 4-1.

“El Mundial no era tan comercial, hoy yo siento que esto es sacar lana porque los precios no los pone México, los pone la FIFA y esos precios es más negocio”, reprochó el hombre.

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Dieciséis años después, para 1986, Jesús no planeó ahorrar para comprar algún boleto. Todo era gratis en televisión y fue así como disfrutó la Copa Mundial. 40 años después, no solo las vallas cercan los accesos a los estadios donde hay partidos mundialistas, sino que el mercado controla la transmisión de cada uno de los encuentros.

“No era como hoy que si tienes cable los ves. Yo me acuerdo que en 1986 y en 1970 los partidos los transmitían por televisión abierta”, compartió.

Para este 2026, con una vida más tranquila, admite que valoró comprar algún boleto para ver a la Selección Mexicana. Cuando vio los precios decidió abandonar la idea. Aunque tuviera los 50 mil u 80 mil pesos que de inicio costaban las entradas para la inauguración de la Copa Mundial, subrayó, no los hubiera pagado.

Diego Armando Maradona
Diego Armando Maradona. Foto: Cortesía Gobierno de Nezahualcóyotl

“Fui a 14 partidos en el 86 y tuve a Maradona a un metro”

A sus 66 años, Víctor Manuel García Albarrán recuerda el Mundial de 1986 como si hubiera sido ayer. En el Estadio de Neza, en Ciudad Universitaria y en el Azteca, el hombre acudió a 14 partidos, incluida la inauguración y la final en la que Argentina se coronó después de vencer 3 a 2 a la Selección de Alemania.

En su memoria y en su hogar atesora los más valiosos recuerdos de aquellos días en donde aunque no se entendía con los daneses que llegaron a Nezahualcóyotl para apoyar a su selección, rápidamente se hicieron amigos y hasta subió con ellos al camión de doble piso —nunca antes visto en las calles del municipio mexiquense— en el que viajaban.

De aquellos días aún conserva algunos de sus boletos, fotografías, recorte de periódico y más. Tesoros que prestó al Gobierno de Nezahualcóyotl para que, a 40 años del mundial de 1986, pudieran exhibirlos al público en general. 

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“Fue una convivencia muy bonita, una experiencia muy bella desde que llegabas al estadio… la gente alegre, la tribuna, todo fue una sensación muy bonita y pues a divertirse. Yo ni les entendía ni ellos a mí, pero según estábamos platicando”, recuerda Víctor.

Desde que supo que el Mundial se realizaría en México comenzó a ahorrar dinero para comprar sus boletos. Ropa nueva, zapatos, salidas, vacaciones… en nada gastó para ahorrar lo más posible.

“Yo iba por un boleto para el estadio Azteca, pero ahorré bastante y me alcanzó para dos boletos de todos los partidos del Estadio Azteca. Y luego vi que me sobró y también compré para los partidos del estadio de Neza y CU… compré dos para cada estadio de todos los partidos”, explicó.

Había días en los que si tenía hambre solo se comía una torta y un refresco. Cada peso era importante para sumarlo a la alcancía.

Los boletos, al alcance de las mayorías
Los boletos, al alcance de las mayorías. Foto: Cortesía Gobierno de Nezahualcóyotl

Cuatro décadas después, sin importar el esfuerzo que hubieran hecho —al igual que casi todos los mexicanos— no podría haber ahorrado el dinero suficiente para ir a alguno de los partidos que se disputan en el hoy Estadio Ciudad de México.

“Ahora (el Mundial) ya es para la realeza o para la gente realmente adinerada”, lamentó, “estaba oyendo que para el partido de inauguración había boletos de 110 mil pesos… No, sí soy aficionado, pero eso rebasa mis expectativas”.

En aquel entonces, recuerda, no había vallas, nadie restringía el paso y las personas con boleto o sin él igual convivían en los alrededores de los estadios. Se tomaban fotos, jugaban, comían, hacían su propia fiesta y disfrutaban sin restricción.

Este 2026, la realidad es totalmente diferente.

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“Hay gente que muchas veces va al estadio a tomarse una foto, llevan a sus hijos y andan platicando, comprando algo, ¿no?, un llavero, un souvenir, algo fuera del estadio y ahora no, no puedes… No puedes ni acercarte y está mal todo eso, porque uno es pueblo, ¿no?”, opinó.

En 1986, cuenta, antes de entrar al estadio podía comprarse una torta o unos tacos. La vendimia estaba a todo lo que podía y los turistas también disfrutaban de esta realidad mexicana.

“Andabas viendo las camisetas, los uniformes, todo eso es una experiencia, un recuerdo bonito para gente que no tiene la capacidad de un boleto o que solo querían llevar a sus hijos a vivir la experiencia”, señaló.

A 40 años de aquella grata experiencia, Víctor hubiera deseado acudir a algún estadio a apoyar a la Selección Mexicana, pero los precios de los boletos son más que inaccesibles y solo se pusieron a la venta a través de plataformas digitales que él desconoce.

Un juego de la selección argentina.
Un juego de la selección argentina. Foto: Cortesía Gobierno de Nezahualcóyotl

Así, después de que el 29 de junio de 1986 vio en primera fila el triunfo de la Albiceleste con Maradona, a quien —por cierto— tuvo a un metro de distancia durante el festejo, hoy Victor grita “gol” y apoya al Tricolor solo en su casa. A veces lo acompaña un nieto, pero cuando debe ir al colegio, el hombre disfruta la Copa del Mundo en soledad.

“La vida es así y a veces te va bien y a veces te va mal (…) estoy aquí con un nieto que vive aquí donde yo vivo y un hijo. Luego bajan y que un refresquito, una cerveza, unas papitas”, explicó Víctor.

Si le pido que me dé un concepto o una idea cuando yo le digo Mundial de 1986 en México, ¿qué es lo primero que se le viene a la cabeza? 

“Ah, pues Maradona, que lo estuve bien cerquita y le tomé unas fotos. Estuve prácticamente a 1 metro o 1 metro y medio y le tomé una foto en el camión cuando le estaban dando la copa”.