Felipe Morales / Carlos Díaz-Barriga · 8 de junio de 2026
A las 7.30 la Presidenta tuvo sentados en el Salón Tesorería a los amos del futbol. Emilio Azcárraga, Alejandro Manzo, Armando Martínez, Alejandra de la Vega, Santiago Tinajero, Manuel Jiménez, Alejandro Irarragorri, Mauricio Doehner, Pedro Esquivel, Luis Raúl González Pérez, Víctor Velázquez, Jorge Alberto Hank, Francisco Suinaga, Marc Spiegel, Emilio Escalante… están todos. Menos Ricardo Salinas Pliego. Los despide 27 minutos después.
Después, abanderamiento de la Selección. Dos horas antes de la cita, fuerte… anormal presencia policiaca, cientos de elementos armados y uniformados en el sentido que va de Cuernavaca a la CdMx. Se colapsa la vialidad ante la ‘auscultación’ a unos 20 camiones que están arribando con estudiantes de Ayotzinapa.
“No hay palabras, para que lo tengan claro, sólo es el abanderamiento y la foto”, dice alguien que se acerca al área de fotógrafos. En el área de invitados VIP hay apenas 70 sillas. Y se ocupan, apenas, 60. A las 12.59 suenan las cornetas de la banda militar. Es para la ceremonia en que se desenfundará la bandera mexicana, en punto de las 13 horas. Así sucede. Terminando ese acto comienza en el sonido ambiental a hacerse sentir el grupo Frontera con el tema ‘Un sólo corazón’… la pura cumbia norteña, para contrastar. Y lueguito luego… comienzan a entrar los seleccionados y directivos a formarse en tres filas, justo mientras suena Jorge Negrete, el mero charro cantor que ya nadie de los presentes identifica: Mé-xi-co-lin-do-y-que-ri-do / si mueeero lejos de ti / queeee digan que estoy doooormido / yyyy que me entierren aquíííí…’. Todos en pulcro traje azul marino, corbata verde, camisa blanca y que sus seguidores adivinen qué traen rojo… y que no es el corazón.
Un acto protocolario lleva implícita una obligación. Así como en la cancha existen enfrentamientos resueltos en pálidos 0-0, fuera de ella, la Selección Mexicana también juega otros partidos: los políticos.

Hoy decidió vestirse azul y guinda… los colores del Barsa o del Paris St Germain o del San Lorenzo argentino… o más acá, del Atlante. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, abanderó al combinado nacional de cara a la Copa del Mundo. En el Centro de Alto Rendimiento, Javier Aguirre y Sheinbaum se estrecharon la mano con la responsabilidad compartida de las que, dicen, son las dos sillas más calientes del país.
Ser Presidenta de México y ser director técnico de la Selección Mexicana ocultan ciertos paralelismos. No es que “El Vasco” haga que la política migratoria mejore o que la gasolina cueste menos, pero con un triunfo en un Mundial, es posible que, al día siguiente, el pozole sepa más picoso o que un viernes de oficina se parezca más a una sucursal donde se cambian estampitas con la cara de algún ansiado héroe nacional.
Por el otro lado, la silla presidencial, no toma decisiones tácticas ni alinea futbolistas, pero sí reclama de una victoria mundialista para que, por lo menos, tomes un taxi sin preocupación o no tengas miedo de que te asalten en un semáforo.
El futbol está tan politizado que rima con utilizado. En este abanderamiento exprés, de 13 minutos con 5 segundos, se supo que es más probable que un político necesite del futbol que el balón mexicano de quienes se ponen sus contadas medallas.
Al final el protocolo es eso: cosas que deben pasar, pero que si no suceden, no pasa nada. Pero como sí aconteció, había que alinear también a la cortesía, ser buenos anfitriones e intercambiar los pantaloncillos cortos, por trajes, y calzar zapatos de charol sin tacos de aluminio.
De esa forma, al inicio, el honor de ser seleccionado se repasó entre aplausos. Nombrados, como enlistados para el ejército, los jugadores disputaron también el partido de la formalidad. Después, fueron llamados a saludar a la bandera de México con la mano “a la altura del corazón”. O los pies…

Encomienda patriótica presidencial… casi como la del general Manuel Ávila Camacho al despedir al Escuadrón 201 en la Segunda Guerra Mundial; acá, a los 26 futbolistas: “encomiendo a su patriotismo esta bandera que simboliza su independencia, el honor, las instituciones, nuestro pueblo y la integridad de su territorio. Protestan honrarla y defenderla con lealtad y constancia. Sí, protesto. Al concederles el honor de ponerle en sus manos, la patria confía en que como buenos y leales mexicanos sabrán cumplir con su protesta por el bien del pueblo y por el bien de la nación. Que su ejemplo inspire a millones de mexicanas y mexicanos a creer en la fuerza del deporte y en el poder de sus sueños”.
En eventos con cargas de nacionalismo pasa lo mismo que cuando se confunde a la gimnasia con la magnesia. No tienen nada qué ver, pero suenan igual. Con la nación o el futbol sucede algo similar. “El bien del pueblo” o “el bien de la nación” no dependen de los lances de Guillermo Ochoa o de la puntería de Raúl Jiménez. La demagogia tiene eso: es una seductora conductora de electricidad. Se amarra de todo para hacer sus nudos.
Acto seguido, Memo se quitó lo guantes para ser un mexicano más de nombre Guillermo… Así recibió la bandera nacional, de manos de Claudia, con el simbolismo de ser el capitán, aunque al inicio hayan anunciado que Edson Álvarez es quien portará la cinta en el Mundial. Aguirre no se pone de acuerdo ni en una ceremonia.
De frente a la Presidenta, Ochoa dio seis pasos cortos, como si recorriera la portería, para unirse a la tropa tricolor. Entonces, sonó el Himno Nacional de México, como sonará el jueves en el Estadio Azteca, porque la entonación también se practica.
Los naturalizados Álvaro Fidalgo y Julian Quiñones latieron en una sola voz como ensayo de su conminado patriotismo. Luego, se tomó la foto oficial. Los jugadores no se pusieron en cuclillas por lo ajustado de los pantalones del traje. Serios, como si tuvieran de frente a un coreano o a un checo, lanzaron un tibio “¡Viva México!” que demarcó el rompimiento de las filas y los formalismos.
Sheinbaum giró y les dedicó unas breves palabras. Después, casi por irse, recordó que sería buena idea darle otra vez la mano a Javier Aguirre, a Rafael Márquez, a Edson Álvarez, a Duilio Davino, a Memo Ochoa y a alguien más que estaba en la primera fila. Los demás fueron casi ignorados.

Trece minutos después de haber llegado, así, sin ninguna escolta o un gesto de caballerosidad de algún miembro de la delegación mexicana, la Presidenta de México se retiró del escenario con un vapor de frialdad, que hace pensar que, después de todo, las sillas nacionales de Claudia Sheimbaum y Javier Aguirre, no son tan calientes ni hierven tanto…
Comienza a sonar Luis Miguel con ‘México en la piel’. Vámonos. A unos metros del Centro de Alto Rendimiento, en el entronque para tomar la carretera de regreso, se mantiene el intenso operativo de revisión al convoy que viene de Ayotzinapa. Cuarenta minutos antes de que arribara la Presidenta, encontraron 59 paquetes de explosivos caseros, ahí, en uno de los autobuses.
Ese gol… no lo para ni Memo Ochoa. Esta vez, lo hicieron las autoridades en el partido que se juega diario en este ‘México lindo y querido’. Hoy muy cerca, de ‘la cancha de juego’. A dos km de donde iba a estar y estuvo la Selección, la Bandera y Claudia Sheinbaum…
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