Chalco: la clínica de salud móvil que pasó de atender migrantes a la integración con la comunidad

Marcela Nochebuena · 29 de mayo de 2026

Chalco: la clínica de salud móvil que pasó de atender migrantes a la integración con la comunidad

Lizet espera sentada en una banca plegable, debajo de una carpa blanca, por una consulta médica para su hijo, que amaneció con dolor de estómago. Este punto de atención le queda a unos minutos caminando desde su vivienda, en la colonia Margarita Morán, en el municipio de Chalco, Estado de México, donde las principales carencias son la falta de agua, pavimentación y drenaje.

Cuenta que desde hace siete años vive en ese lugar. “La característica de esta colonia es que necesitamos muchas cosas; es una colonia de muchas necesidades, no tenemos tantos servicios públicos”. Además, la localidad se ubica cerca de un canal y cada vez que llueve, sus caminos prácticamente de terracería, se convierten en lodo.

La localidad se encuentra cerca de un canal y cuando llueve sus caminos se convierten en lodo
La localidad se encuentra cerca de un canal y cuando llueve sus caminos se convierten en lodo. Foto: Marcela Nochebuena

Sus habitantes se enfrentan constantemente a los problemas de salud más básicos, como los gastrointestinales o de las vías respiratorias. Ella agrega que, además, no cuentan con tantos recursos económicos para pagar estudios o medicinas, pues es una colonia vulnerable.

El panorama lo cambió hace aproximadamente un año el servicio médico que espera hoy, al que ya ha acudido más o menos tres veces. Ella padece de la tiroides, y ahora ha tenido la posibilidad de acceder a estudios y tratamiento. Además, de manera más amable y cercana, ha podido llevar a sus hijos a consultas sencillas por gripe o tos.

No se necesita mucho para poner en marcha un punto de atención a la salud, física y psicológica, como ese. En un pequeño terreno enrejado, a casi 40 kilómetros del centro de la Ciudad de México, permanece estacionada una especie de casa rodante, pero en lugar de albergar una vivienda, en su interior hay dos consultorios separados por una bodega de donde cada día el personal de Médicos sin Fronteras saca y vuelve a guardar todos los insumos necesarios.

En este punto, fue la propia comunidad la que les ayudó a poner en marcha esa iniciativa, que originalmente formaba parte de un programa de atención a poblaciones migrantes, pero que hoy ha echado raíces en la localidad. Así lo explica Víctor Manuel Ortiz Pérez, líder comunitario y enlace permanente de la organización internacional.

Para él, la lucha siempre ha atravesado los logros de la comunidad antorchista de la colonia Margarita Morán, establecida hace 16 años. En este caso, los habitantes prestaron y adecuaron el terreno, así como algunos materiales para acondicionarlo. Además, apoyaron con faenas y donativos para hacer los módulos sanitarios con los que hoy cuenta el punto de atención.

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“El significado para cada uno de los habitantes es muy valioso, porque tenemos ya más cercanos médicos generales, psicólogos, y esto ayuda bastante a la comunidad, porque a lo mejor ya no van al centro comunitario en Marco Antonio Sosa (otra localidad), sino que se quedan aquí en la colonia a atenderse con medicamento y llevar su propio seguimiento. Preocupa mucho a veces la situación de enfermedades gastrointestinales, por las condiciones que tiene la comunidad, aunado a que estamos cerca de un río de aguas negras, que es el río Ameca”, explica.

Esta localidad en el municipio de Chalco tiene una población total, según el INEGI, de 2 mil 769 habitantes en 879 viviendas. Entre los conflictos sociales detectados están los asociados con la delincuencia y el consumo de sustancias legales e ilegales. Como riesgos de contaminación, se reportan malos olores provenientes de granjas, empresas vecinas o basureros, así como aguas negras del drenaje depositadas en ríos, lagos, canales o estanques.

Ningún servicio o agente de salud registra ese Instituto. Lizet lo confirma: “si no tuviéramos este, no tuviéramos ninguno cercano, porque no hay, solamente serían los hospitales generales”. Además, buena parte de los habitantes no es derechohabiente, porque muchos se dedican a servicios como la albañilería o a manejar mototaxis, que es prácticamente el único transporte que pasa afuera de la clínica móvil.

Para el personal de Médicos sin Fronteras, la jornada empieza con el traslado matutino de prácticamente dos horas desde su centro de operaciones cerca del centro de la capital. Los tres días de la semana que acuden al punto son de ida y vuelta. Esta vez van cuatro personas, pero puede variar. Al final vale la pena, porque la comunidad les ha dado un lugar, física y metafóricamente.

Jorge Martin, director de proyectos de la organización, explica que una de las fortalezas del punto de atención de Chalco es cómo se ha dado esa integración: “entender que como mexicanos en áreas más desfavorecidas finalmente comparten necesidades (con la población migrante) y se han integrado de manera muy respetuosa, porque esto es muy importante: vemos ahí que a diferencia de otros lados, no hemos atestiguado temas de discriminación o xenofobia. Hay una muy buena acogida e integración entre ambas comunidades”.

Médicos sin Fronteras adaptó un consultorio móvil
Médicos sin Fronteras adaptó un consultorio móvil. Foto: Marcela Nochebuena

De la emergencia a la fusión con la comunidad

Así, la colonia Margarita Morán, en el municipio de Chalco, Estado de México, es ejemplo de un proyecto comunitario que se construyó en conjunto con los habitantes para resolver una de sus necesidades más básicas —la salud—, y transformó una iniciativa emergente en un esfuerzo colectivo y entrañable que apuesta por atender las carencias más urgentes que aquejan a la zona desde hace años.

Otras residentes que acuden ese día a la consulta, como Nayeli y Areli, destacan también la falta de servicios. El acceso a la salud para ellas ha sido igualmente difícil. Hace falta caminar por tiempos prolongados o tomar transporte público para llegar a los más cercanos. Eso cuando se cuenta con seguridad social, o cuando los caminos no se inundan por las lluvias.

La pequeña clínica adaptada hace una gran diferencia en esas circunstancias. Martin recuerda que empezó como parte de un proyecto de Médicos sin Fronteras para atender a población migrante en diversos puntos de la capital y del Estado de México, pero la colonia Margarita Morán es el sitio donde ha tenido más arraigo en lo local.

Explica que la iniciativa surgió en 2021 en la capital del país, diseñada inicialmente como una intervención de emergencia para ofrecer auxilio humanitario y salud a las caravanas de personas en tránsito que pernoctaban en refugios temporales. Actualmente, trabajan 12 puntos, de los cuales tres están en el Estado de México: Naucalpan, Ecatepec y Chalco.

“Lo interesante de este proyecto es que cada día trabaja en un escenario diferente. Los lunes estamos, por ejemplo, en estructuras institucionales, como la Comar, en Naucalpan y en Iztapalapa; los días martes trabajamos en los campamentos informales, como el de Vía Vallejo; los miércoles en la zona de los albergues, y los días jueves en sitios más urbanos o periurbanos. En el caso de Chalco estamos yendo martes, miércoles y jueves”, explica.

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Las restricciones en las políticas de movilidad y el sellado de pasos fronterizos forzaron a la organización a permanecer en el territorio, y a desplazarse hacia los márgenes más desprotegidos de la periferia, como ocurre en el municipio mexiquense de Chalco.

El proyecto tuvo que adaptarse, subraya Martin. Hoy cuenta, además, con seis servicios diferentes: atención médica primaria, trabajo social, atención psicológica, casos de salud mental que requieren tratamiento pero no necesariamente un psiquiatra (mhGAP), mediación cultural y promoción de la salud, con un enfoque más preventivo.

“Lo primero que vimos fue que se desmantelaron los campamentos y la población migrante en general se fue desplazando hacia zonas cada vez más periféricas, sobre todo la población más vulnerable, por un tema de recursos, entonces el proyecto empezó a dispersar también el nivel de atención, porque ahí conviven población local, muchos de ellos desplazados también de otros estados, y población migrante extranjera”, añade.

Ambos grupos hoy comparten y padecen idénticas condiciones de abandono institucional, ausencia de infraestructura hídrica y la dificultad de recorrer largos trayectos para ir al médico. La convivencia ha fortalecido la solidaridad y la integración de ambas poblaciones, que cada semana esperan la llegada de los habilitadores del vehículo rodante, que ya no se mueve.

En la clínica móvil se ofrece atención integral
En la clínica móvil se ofrece atención integral. Foto: Marcela Nochebuena

Violencia de género, otra constante

Susana Aranda es una de las cuatro personas de Médicos sin Fronteras que llega a adaptar el consultorio móvil. Ese día está a cargo del consultorio psicológico, y es parte del proyecto Ciudad de México Migrantes, de la organización, desde hace tres años, cuando surgió como parte de la atención a la emergencia migrante.

Cuenta que uno de los problemas centrales, entre las barreras de acceso a la salud por la distancia, la situación económica y la clausura de algunas instalaciones de salud, es la violencia basada en género. “Dada la precariedad de los servicios —muchas personas no tienen agua potable, drenaje, incluso luz—, esto hace que identifiquemos que hay algunos aspectos sociales que atender, pero también muchas mujeres que viven violencia, incluso sobrevivientes de feminicidio y de violencia sexual”, explica.

La mayoría, aunque hayan denunciado, no han tenido acceso a la justicia, por lo que existe una sensación de indefensión. Muchas de ellas no han podido tener protección y seguridad. Casi todos los eventos precipitantes que ella atiende están relacionados con violencia sexual o doméstica, e incluso algunas situaciones de violencia en general.

“Las condiciones en las que viven también influyen en su salud mental, porque no hay mucho empleo; la situación económica, de una u otra manera, estresa a las personas, pero generalmente estos son los principales motivos”, explica. La mayoría de las mujeres que terminan en su consultorio es porque en un inicio acuden a valoración médica y ahí se identifican circunstancias de violencia.

Generalmente, se trata de ofrecer una atención integral, dice, a partir de la detección de esos casos. Aunque con el arraigo del punto de atención en la comunidad, hoy hay personas que llegan directamente a solicitar los servicios de salud mental mediante la recomendación de voz a voz.

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“El haberles acercado tres servicios a la vez ha sido un gran beneficio, por ejemplo la atención médica que sea en el momento, porque a veces hay situaciones de urgencia, como un accidente, una fiebre de un menor, o alguna situación incluso de violencia sexual de menos de 72 horas, aquí en Chalco es muy difícil acceder a estos servicios, entonces el que podamos estar tres días seguidos sí acerca a que puedan acceder más rápido”, apunta.

Otra cosa que ella ha descubierto que genera agradecimiento por los servicios es que a veces existe mucho estigma en torno a la salud mental y a consultar a un psicólogo, pero ahora es uno de los más solicitados. Incluso tres psicólogas no se daban abasto. En el caso de las personas extranjeras que migran a México llega a ser, además, costoso e inaccesible.

Por eso, también hace parte del equipo Betsaida, que contribuye a la mediación cultural. “Como hay muchas personas no hispanohablantes, se requirió que tuvieran apoyo de traductores, o aquí lo llamamos mediación cultural porque no solo traducimos, también hacemos esa sensibilización cultural explicando un poco ciertos términos o algunas cosas cómo funcionan”, comenta.

Entre las dos y tres de la tarde, un par de fichas quedaron entregadas, pero serán atendidas hasta el día siguiente. Por más que el personal pudiera o quisiera estar más tiempo, tienen que prever las dos horas de regreso al centro de la ciudad que llegan a prolongarse si llueve en caminos difíciles de transitar. Antes, hay que volver a doblar las bancas, las carpas y todos los utensilios que deben caber de nuevo en los tres cuartos del vehículo rodante.

En los últimos minutos, Betsaida muestra, a unos 100 metros del enrejado donde se queda estacionado el camper, un paraje más desolado, con una superficie mucho más amplia sin pavimentar ni habitar, donde se instalaban antes, cuando parecía un servicio más provisional, que se encontró primero con la identificación, y después con el arraigo. La extensión de la superficie vacía evidencia a primera vista las dificultades de acceso y tránsito en ese paraje lejano, donde la clínica móvil dejó de serlo para hacer una diferencia en la comunidad.