Ataque en Teotihuacán: profesores detectaron desde 2018 conductas violentas en el tirador

Edgar Ledesma y Dalila Sarabia · 27 de abril de 2026

Ataque en Teotihuacán: profesores detectaron desde 2018 conductas violentas en el tirador

“Todas las ratas sois igual (…) si ves al director, mándale a la mierda por mí a ese judío”, se lee en uno de los mensajes que Julio César Jasso, autor del atentado en la zona arqueológica de Teotihuacán, envió a uno de sus profesores en 2018, mientras estudiaba idiomas en el Centro de Lenguas Extranjeras Unidad Zacatenco (Cenlex).

El lunes 20 de abril, Jasso abrió fuego desde lo alto de la Pirámide de la Luna, matando a una turista canadiense y dejando al menos 13 personas heridas, entre ellas un niño de 6 años y otro de 13. Tras el ataque, se quitó la vida. De acuerdo a las investigaciones, Jasso habría planeado el atentado  con varios días de anticipación.

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Julio César Jasso disparó en la parte alta de la Pirámide de la Luna contra turistas. Foto: Cuartoscuro

José Luis Cervantes, fiscal mexiquense, informó en días pasados que Jasso visitó previamente, varias veces la zona arqueológica. Se hospedó en hoteles cercanos y desde ahí planeó el atentado. Los videos tomados al momento, conmocionaron a la opinión pública. En México, pese a ser un país en el que las noticias sobre crimen organizado se han vuelto habituales, este tipo de tiroteos no lo son, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, en Estados Unidos.

Como parte de las indagatorias, las autoridades aseguraron un revólver calibre .38, cartuchos, un arma punzocortante, así como literatura, manuscritos e imágenes relacionadas con ataques violentos, particularmente con la masacre de Columbine, un tiroteo escolar ocurrido el 20 de abril de 1999 en Colorado, donde dos estudiantes asesinaron a 13 personas antes de suicidarse.

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Años antes del ataque en Teotihuacán, profesores que coincidieron con Julio César Jasso en el Cenlex del Politécnico Nacional ya habían advertido en él comportamientos hostiles, violentos y de reivindicación fascista.

Animal Político habló con maestros que le dieron clases, quienes narraron cómo desde entonces el comportamiento de aquel alumno les llamó la atención y les pareció preocupante. Ocho años más tarde, todos esas vivencias volvieron: Julio César Jasso no fue un estudiante al que hayan logrado olvidar.

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Centro de Lenguas Extranjeras Unidad Zacatenco. Foto: Google Street.

Permanente reivindicación del fascismo

Docentes y estudiantes del Cenlex recuerdan a Julio César Jasso, no solo por su forma de hablar español con acento peninsular, sino también por tratar de ignorantes tanto a profesores como a compañeros de clase y, en particular, por hacer abiertas reivindicaciones al fascismo y comentarios racistas, como sucedía constantemente en la clase de italiano.

“Yo le daba clases de italiano y entonces, como que su contexto era el fascismo y ensalzar a las figuras asociadas con el fascismo en Italia, concretamente a Mussolini… Eso era una constante”, compartió uno de los docentes, quien solicitó no publicar su nombre.

En entrevista, el profesor recordó que en una ocasión y como parte de las actividades de la clase, pidió a los alumnos que hicieran una composición libre de un tema que les gustara. A Julio César lo tiene presente porque escribió sobre el fascismo como una reivindicación.

“Entiendo que los intereses pueden ser muchos e históricamente el fascismo es un tema de interés histórico, pero no cuando lo adhieres como ideología…”, señaló el maestro. “Ahí se me prendería una red flag de ‘oye, aguas, aquí hay algo’”, subrayó.

El asunto llegó hasta la coordinación de la escuela, a la que el profesor acudió para exponer la situación. Explicó que no se trató de censura, sino de dejar una evidencia de que algo sucedía. Días después, recordó, se suscitó otro episodio y fue la gota que derramó el vaso.

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“Estaba interrumpiendo la clase con estas consignas fascistas, entonces llegó un momento en el cual le dije, ‘o te vas tú o me voy yo’ porque me parecía la manera más coherente de cortar esa situación”, detalló.

“Después me disculpé con el resto de la clase, ¿no? Le expliqué la situación y, aparte, pues era una cosa que ellos veían siempre. No era algo que me inventara”, indicó.

Julio César no solo comenzó a quejarse del docente, sino que lo acosaba a través de llamadas telefónicas e incluso le envió un mensaje amenazándolo.

“Todas las ratas sois iguales. He tratado todo el día de comunicarme contigo, pero no ha habido manera. Te cierras. Solo quería que supieras que ya he contado a medio Cenlex lo marica que eres y alguna cosilla más. El haberme suspendido no significó un mal para mí, al revés, me dio tiempo para mí y mis cosas”, se lee en el mensaje que Jasso envió al profesor en 2018.

“Si ves al director mándale a la mierda por mí a ese judío. Lo que te dije ese día que te fuiste calientito fue ciertamente un insulto. No fue un placer conocerte. Así te fue y así te irá”, concluye la comunicación.

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El regreso de los turistas ha sido gradual. Foto: AFP

El docente tomó captura del mensaje y lo entregó a su coordinación. “Más bien como para generar evidencia del comportamiento”, recalcó.

Las alertas no se limitaron a ese curso de italiano, también fueron detectadas por otros profesores, pues para entonces —refirieron los entrevistados— el joven estudiaba también alemán, portugués y japonés.

“En ese entonces hubo una petición para expulsarlo —quien encabezaba la dirección en aquel año se negó a hacerlo, (porque) creyó que no era cosa alarmante—”, relató otra trabajadora del centro de idiomas, quien también le impartió clases y solicitó el anonimato.

“Eso sucedió porque Jasso era un muchacho problemático, tenía un comportamiento hostil. A todos a su alrededor los veía inferiores y había una latente violencia en sus acciones: conseguía números telefónicos de sus compañeros, les advertía que los iba a esperar en la calle, hacía comentarios misóginos, homofóbicos, racistas. Decía que los negros le daban asco, por ejemplo”, agregó.

Otro profesor del Cenlex, quien también pidió no publicar su nombre, dijo que aunque no le dio clases ni trató directamente con Jasso, conoció el caso debido a que hablaba con una de sus profesoras y la situación generaba preocupación entre más docentes del centro de idiomas.

De acuerdo con su testimonio, en una ocasión el estudiante hizo comentarios racistas dirigidos especialmente a las personas de color cuando se exhibió una película en clase. La reacción de sus compañeros fue de rechazo y a partir de ese momento, comenzó a ser irrespetuoso con el resto del grupo, al grado de que los alumnos pidieron por medio de una carta que fuera expulsado.

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“Él abandonó el curso. Sin embargo, de alguna manera logró tener el teléfono de los demás y empezó a enviar mensajes amenazándolos. Me acuerdo que en su perfil de las redes sociales había fotos de símbolos nazis y temas relacionados con armas”, relató el profesor.

Para el docente, esas señales debieron ser suficientes no solo para que fuera expulsado de la escuela, sino para que alguna autoridad investigara e hiciera algo más en concreto. Relató que, debido a que el joven estaba inscrito en tres idiomas, existía una preocupación real entre profesores de que pudiera ocurrir una agresión dentro de la escuela

“Yo y otros compartíamos el temor de que pudiera pasar algo como lo que ocurrió (en Teotihuacán), pero dentro de la escuela. Debería  haber mecanismos para que se puedan hacer estas denuncias que den seguimiento a estas personas”, dijo.

El docente aclaró que no conserva evidencia de las amenazas porque los hechos ocurrieron hace ocho años. Los testimonios recabados por Animal Político coinciden con reportes de otros medios que ubicaron antecedentes del comportamiento violento y discursos extremistas en la vida escolar de Jasso.

El Sur de Acapulco, por ejemplo, publicó que Julio César Jasso vivió en Tlapa, Guerrero, y estudió la preparatoria en un colegio privado de Acapulco. El diario guerrerense publicó que vivió en ese municipio en 2024 y 2025 por razones familiares.

Sobre su etapa escolar en Guerrero, El Sur ubicó comentarios en redes sociales de personas que lo identificaron como exalumno del Colegio Simón Bolívar, campus Diamante en Acapulco, generación 2014-2017. Los mensajes hacen referencia a las  tendencias nazis de Jasso y a que molestaba a sus compañeros, incluso con tijeras.

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Iglesia de Tlapa, Guerrero, municipio donde vivió el atacante. Foto: Cuartoscuro

Menos estigma y más protocolos de atención

Consultados al respecto, psiquiatras y especialistas coincidieron en la urgencia de impulsar políticas públicas articuladas para atender, desde los primeros momentos, las señales de alarma o red flags que puedan presentarse, pero también para evitar caer en estigmas al abordar los padecimientos relacionados con la salud mental.

“Simplificar lo sucedido para decir que el problema de la salud mental es la causa de la violencia, es estigmatizar el diagnóstico”, aseguró José Javier Mendoza Velásquez, psiquiatra del Centro de Neurociencias del Hospital Ángeles del Pedregal.

“Si hay un diagnóstico de salud mental o hay una posible condición vinculada a la salud mental, necesita legislarse y asegurarse el proceso de tratamiento porque si no, como Estado, estamos tomando responsabilidad en la ausencia de decisiones en este proceso”, añadió.

Entrevistado por separado, Bernardo Ng, expresidente de la Asociación Mexicana de Psiquiatría (AMP) y actual presidente del Comité Científico del Consorcio Mexicano de Neuropsicofarmacología, coincide en que tras hechos como el de Teotihuacán las personas suelen pensar que se trata de sujetos “que deben estar mal de sus facultades mentales” y automáticamente se piensa en una enfermedad mental.

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“Siendo que la gran mayoría de los pacientes con enfermedad mental no son agresivos y que muchas veces la agresión es más autoinfligida que heterodirigida”, detalló el experto.

“Entonces antes de empezar a decir que ‘debe haber medidas de salud mental más estrictas o más rigurosas’, pues no, más bien hay que pensar en medidas de salud pública para una convivencia sana, justa, no discriminatoria y de tolerancia”, sostuvo.

Para dimensionar los hechos, recordó que en México la enfermedad mental más discapacitante es la esquizofrenia que afecta entre el 1 % y el 1.5 % de la población. La segunda enfermedad más discapacitante es el trastorno bipolar, que padece entre el 1.5 % y el 2 % de la población.

“En México hay unos 130 millones de habitantes (entonces), el 3 %; estamos hablando de 3 millones de personas y claro que no andan 3 millones de personas sometiendo a personas, amenazándolas y balaceándolas”, explicó.

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Teotihuacán es uno de los sitios arqueológicos más visitados de México. Foto: AFP

La salud mental no puede usarse como explicación automática de la violencia

Las cifras oficiales muestran que la salud mental es un asunto extendido, especialmente entre jóvenes, pero no puede usarse como explicación automática de la violencia.

Un análisis de la Ensanut 2022, publicado por Salud Pública de México, estimó que 31.1 % de adolescentes presentó un síntoma depresivo y 7.1 % reportó dos. Otro análisis de la misma encuesta estimó que 7.6 % de la población adolescente pensó alguna vez en suicidarse y 6.5 % reportó un intento alguna vez en la vida.

Además, el INEGI registró en 2024 un total de 8 mil 856 suicidios en México, con una tasa de 6.8 por cada 100 mil habitantes. Por eso, especialistas insisten en que el reto es no reforzar estigmas, y en cambio construir rutas de atención temprana, acompañamiento y seguimiento cuando aparecen señales de alarma

El psiquiatra José Javier Mendoza Velásquez considera necesario que se articulen  los programas y acciones impulsados por las autoridades, para con ello dar pie a la creación de protocolos específicos de atención, que puedan orientar a profesores —como los de Julio César Jasso—, sobre qué hacer y a quién dirigirse ante un caso así.

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Aumentó la vigilancia en el sitio arqueológico. Foto: AFP

Ambos expertos entrevistados coinciden en que quizá los hechos trágicos de Teotihuacán podrían haberse evitado, si se hubieran tomado con seriedad los comportamientos violentos que el joven manifestó a lo largo de los años. Para Bernardo Ng este caso “es un llamado de atención para la sociedad, de que no estamos exentos de este tipo de fenómenos”.

“De manera muy particular, el problema no es necesariamente el diagnóstico, sino que nadie lo tomó con seriedad (…) porque decir que todo fue causado por salud mental es estigmatizar el caso y cerrarlo a un proceso individual. Pero sí es necesario decir que pudimos frenarlo, como sociedad, muchísimo tiempo antes”, secundó Mendoza Velásquez.

En 2018, mientras el joven estudiaba idiomas en la Ciudad de Mexico, para la escuela, de acuerdo con los testimonios recabados, fue más fácil darlo de baja o apostar por una eventual expulsión antes de buscar ayuda profesional.

“Necesitamos trabajar realmente en un protocolo específico en esta situación porque (…) sí creo que debemos tener educación emocional y herramientas para convivir con las alteraciones emocionales en el día a día. Sin embargo, la política pública tiene que ir caminando por adelantado”, subrayó Mendoza Velásquez.

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Para los especialistas, la definición de estos protocolos y políticas públicas debe ser responsabilidad del Estado.

“Lamentablemente debería haber mecanismos para que se puedan hacer estas denuncias y dar seguimiento a estas personas”, dijo uno de los docentes que conoció el caso en el Cenlex.

Mendoza Velásquez coincidió en que ese seguimiento no puede depender solo de la decisión de una escuela, un profesor o una familia, sino de protocolos institucionales que permitan identificar conductas de riesgo, canalizarlas y atenderlas antes de que escalen.

Ocho años después de aquellas primeras alertas que se encendieron en el Cenlex, Jasso abrió fuego en la Pirámide de la Luna. Para los docentes que lo recuerdan y los especialistas consultados, el caso deja una misma advertencia: las señales de violencia no pueden quedarse solo como antecedentes conocidos, mensajes guardados o preocupaciones aisladas.