Redacción Animal Político · 4 de diciembre de 2025
Durante la última década, la tasa nacional de criminalidad en México ha aumentado casi un 60 % (Institute for Economics & Peace, 2025), causando profundos daños al tejido social y pérdidas devastadoras para miles de familias. La actividad criminal está organizada, en gran medida, a través de estructuras conocidas como cárteles; sin embargo, a pesar de su relevancia, se conoce poco sobre los efectos de sus dinámicas internas. Sus operaciones son deliberadamente opacas y esta “caja negra” no es accidental, sino estratégicamente planificada: cuanto menos se sepa sobre sus jerarquías, su control territorial y su lógica operativa, más difícil resulta para el Estado y la sociedad debilitar su poder.
A pesar de esto, un creciente cuerpo de investigación empírica y académica ha producido en los últimos años estimaciones cada vez más confiables sobre el tamaño, las características y el comportamiento de los cárteles, así como sobre su importancia económica, social y política (véanse, por ejemplo, Gambetta; Reuter; Felbab-Brown; Lessing; Trejo & Ley). Se calcula que para 2022, México contaba con aproximadamente 150 organizaciones criminales activas, con un estimado de 175,000 miembros, cifra que aumentó en 60,000 durante la última década. Investigaciones recientes demuestran desde una metodología cuantitativa, que su capacidad para mantenerse operativos —pese a los extremadamente altos niveles de violencia y homicidios implicados— depende en gran medida de su habilidad para reemplazar rápidamente a su fuerza de trabajo (también conocidos como halcones, sicarios y mulas, dependiendo del la actividad que se les encomiende). Las estimaciones indican que las organizaciones delictivas reclutan entre 350 y 370 nuevos miembros cada semana, simplemente para evitar el colapso por pérdidas acumuladas, lo que convertiría al crimen organizado en el quinto “empleador” más grande de México, sólo superado por grandes corporaciones como FEMSA, Walmart, Manpower y América Móvil (Prieto-Curiel et al., 2023).
Esta incorporación continua de nuevos miembros, conocida como reclutamiento, es uno de los mecanismos centrales que sostienen las operaciones de los cárteles. Lamentablemente, este reclutamiento se dirige de manera desproporcionada hacia individuos social y estructuralmente vulnerables; lo más alarmante, hacia niños y adolescentes. De hecho, entre 145,000 y 250,000 jóvenes en México están en riesgo de ser reclutados, siendo los de entre 12 y 15 años los más vulnerables (Reinserta, 2025). Esto refleja por un lado, que México enfrenta grandes vulnerabilidades estructurales —como pobreza, deserción escolar, acceso limitado a programas sociales de apoyo y un alto grado de normalización de la violencia— y, por el otro, que el crimen organizado se ha beneficiado de esa brecha para desarrollar y perfeccionar una serie de estrategias que utilizan para identificar, moldear y coaccionar a estos adolescentes, ofreciéndoles ingresos, comida, vivienda, y un sentido de pertenencia. El testimonio de Flaco, un joven mexicano de 14 años, refleja algunas de estas dinámicas: en un reportaje realizado por el medio de comunicación Al Jazeera (2025), explica que fue reclutado después de que su padre, quien había estado involucrado con el cártel, fuera asesinado. Hoy en día gana aproximadamente 200 USD por semana, más 650 USD adicionales por cada homicidio que cometa.
También abre la pregunta sobre si la incorporación de adolescentes es realmente forzada. No tengo una respuesta definitiva, pero recurrir a la noción de deseo permite romper la dicotomía simplista entre forzado y voluntario. El deseo no surge en el vacío: es siempre estructural. Está moldeado por relaciones de poder y por contextos materiales y simbólicos que pueden presentarse como elecciones, incluso cuando esas elecciones están profundamente condicionadas. El deseo apunta hacia aquello que imaginamos que incrementará nuestra potencia —en términos Spinozianos— aunque a veces sea ilusorio o incluso destructivo. En este sentido, cuando un joven dice “sí”, ese sí puede no es un consentimiento pleno, sino un deseo producido bajo violencia estructural, pobreza, exclusión, mandatos de masculinidad, necesidad de reconocimiento o ausencia de alternativas.
Ahora bien, ¿qué podemos hacer frente a esta problemática? Las proyecciones indican que disminuir la capacidad de reclutamiento de los cárteles tendría efectos significativos tanto en el número de víctimas que generan, como en su tamaño organizacional. De hecho, reducir a la mitad el ritmo de reclutamiento podría disminuir las muertes semanales hasta en un 25 % para 2027 (Prieto-Curiel, 2023), como se observa en el siguiente diagrama:

El diagrama anterior permite dimensionar un problema social de gran escala, pero debe tomarse con cautela debido a sus múltiples limitaciones. Se trata de un modelo matemático basado en supuestos que son difíciles de comprobar empíricamente, pues parten de hechos sobre los que no puede haber certeza absoluta (Escobar, 2023). En este sentido, si bien no nos interesa determinar con exactitud el lugar que ocupa el crimen organizado entre los principales “empleadores” de México, consideramos que, tomado con precaución, el modelo resulta útil para problematizar y alertar un fenómeno.
Existen varias posibles acciones para interrumpir o frenar estas dinámicas de reclutamiento, incluyendo ampliar los beneficios sociales por parte del Estado, fortalecer las intervenciones y el tejido comunitario, y asegurar una aplicación más consistente de la ley. Sin embargo, algo que nos preocupa particularmente es el hecho de que uno de los predictores más frecuentes entre los adolescentes reclutados por grupos criminales en México es el desvinculamiento escolar (Reinserta, 2025).
Por este motivo, consideramos que una de las estrategias que deben implementarse con mayor urgencia es disminuir la deserción escolar. Este enfoque se alinea con la perspectiva de que prevenir las captaciones sistemáticas desde el ámbito educativo no solo debilita la capacidad operativa del crimen organizado, sino que también contribuye a construir dinámicas comunitarias más seguras y a reducir la violencia a largo plazo. Dicho argumento se sustenta en las siguientes consideraciones:
I. La escuela es mucho más que un espacio educativo. Proporciona estructura, supervisión cotidiana y la presencia de adultos de apoyo y confianza. Cuando los adolescentes abandonan la escuela de manera prematura, pierden estos elementos protectores y quedan considerablemente más expuestos a entornos de alto riesgo.
II. Alrededor del 70 % de los jóvenes reclutados provienen de contextos altamente violentos (Reinserta, 2025). Aumentar la cantidad de tiempo que pasan en la escuela, reduce de manera efectiva su contacto con contextos donde el crimen organizado opera abiertamente, limitando tanto su proximidad física a actores involucrados, como su exposición a la normalización de la violencia.
III. Las escuelas desempeñan un papel fundamental en la formación de valores, aspiraciones y sentido de pertenencia. Una de las razones por las cuales muchos menores se integran a grupos criminales es la búsqueda de identidad, reconocimiento y comunidad. Los entornos educativos ofrecen modelos alternativos de logro e identidades no violentas.
* María González Díaz (Ciudad de México, 2000) es antropóloga social por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se tituló con mención honorífica gracias a una investigación de tesis sobre las estrategias de sobrevivencia entre las personas en situación de calle en la Ciudad de México. Le apasionan las ciudades, su gente y las historias no contadas. Actualmente cursa el primer año de la maestría en Política Pública en Sciences
Po, París.
Referencias:
Al Jazeera. (2025, 24 November). Al Jazeera speaks to teenage killers recruited by Mexican drug gangs [Video]. Al Jazeera.
Escobar, F. (2025, 07 octubre). Narco, ¿el quinto empleador? Modelo y supuestos. Animal Político.
Institute for Economics & Peace. (2025, May). Mexico Peace Index 2025: Identifying and measuring the factors that drive peace.
Prieto-Curiel, R., Campedelli, G. M., & Hope, A. (2023). Reducing cartel recruitment is the only way to lower violence in Mexico. Science, 381(6664), 1312–1316.
Reinserta. (2025, September). Guía de prevención de reclutamiento.