Hagamos política

blogeditor · 10 de julio de 2020

Haced política, porque si no la hacéis, alguien la

hará por vosotros y probablemente contra vosotros“.

Antonio Machado

 

Hagamos política, porque si no alguien la hará por nosotros. A los catorce años fue la primera vez que hice política. Mis padres tenían un año de haberse divorciado. Mi papá se mudó a Mazatlán y perdimos contacto con él por poco menos de dos años. Mi mamá se hizo cargo de mi hermano, dos años mayor que yo, y de mí. Vivíamos en el sur de la Ciudad, en Tlalcoligia. Mi madre trabajaba todo el día, salía desde muy temprano y regresaba tarde a casa. No había de otra; tenía que trabajar mucho para ganar poco y que con eso pudiéramos subsistir los tres. En plena adolescencia, con total libertad y con pocos controles sobre nosotros, mi hermano y yo pasamos mucho tiempo en la calle. Al salir de la escuela nos íbamos a casa de amigos de la misma escuela o de la unidad en la que vivíamos. Teníamos mucho tiempo libre y algo de irresponsabilidad adolescente.

Mi mamá se preocupaba mucho por nosotros, con toda razón. No era tan fácil tener un celular en esos momentos, así que sólo podíamos avisar dónde estábamos en el teléfono de casa. A veces le llamábamos para decirle que nos quedábamos en casa de algún amigo. Lo pienso en retrospectiva y estoy seguro que fueron los años más difíciles para mi madre. En un miércoles cualquiera de ese año, un amigo cumplió años y decidimos comprar algunas botellas y nos emborrachamos. Era la primera vez que tomaba y con valentía irresponsable, me tomé varios fondos que me tumbaron pronto. Dos amigos me llevaron a casa sobre sus hombros. Mi hermano se acostó en el piso de nuestro cuarto compartido. Yo vomité en el baño y me quedé dormido en el piso. Cuando llegó mi madre y nos vio así, se quebró. La recuerdo sentada en el piso del baño llorando.

A la mañana siguiente, los tres nos quedamos en casa, con caras largas y sin palabras. Mi madre con voz temblorosa nos preguntaba qué estaba pasando. No lo entendíamos, pero tratamos de resolverlo. Como adolescentes sin atención, conocimos el mundo que nos rodeaba por nuestros propios medios y con total irresponsabilidad de las consecuencias de nuestros actos.

Nos pidió llorando que la ayudáramos, porque no podía sola. Dijo que no podía tener un ojo permanente sobre nosotros y que nuestro futuro sólo dependía de nosotros. Nos pidió ayuda en tiempo y esfuerzo para hacernos cargo los tres de nuestras propias vidas. Ese momento me rompió el corazón. Decidí hacerme cargo y asumir la responsabilidad de algunos problemas en nuestro hogar.

En esa semana, hice política por primera vez. No lo entendí sino hasta años después. Recuerdo que mi primera alternativa fue hablar con el director de mi secundaria. Le conté de los problemas que teníamos en casa y le pedí poder organizar una rifa y un par de eventos en la escuela para recaudar fondos. Le conté a algunos amigos lo que había pasado para que me ayudaran y pronto, al contar mi propia historia, surgieron más historias de personas queridas que tenían problemas similares o mucho peores en casa. Padres que trabajaban con salarios muy bajos que apenas les alcanzaba con trabajos precarizados; familiares enfermos y sin acceso a servicios de salud o completamente desfalcados por gastos catastróficos de salud; familias que vivían hacinadas entre dos o tres familias más; o amigos con problemas de violencia intrafamiliar tan fuertes que vivían fuera de casa hace tiempo. No dejaba de pensar cómo o quién tendría que resolver esos problemas.

En ese momento, la única posibilidad era tomar la responsabilidad en nuestras manos y generar recursos económicos con rifas o eventos que, al menos, resolvía temporalmente algunos problemas que claramente eran más graves. Ese momento me recuerda constantemente la frase de Hillel el Viejo: si yo no me ocupo de mí, ¿quién lo hará? Y si sólo me ocupo de mí, ¿qué soy? Y si no es ahora, ¿cuándo? Esos problemas se mantienen y la frase se hace más evidente y necesaria. Si no hacemos algo para resolverlos, quién lo hará. Varios años después entendí que se trataba de problemas estructurales graves de vulneración de derechos o de violencia, así como de la incapacidad del Estado para observar cómo y a cuántas familias afectan en el día a día y resolverlos.

Yo seguí organizando actividades junto con la escuela y algunos años después entré a estudiar Ciencia Política; creé, junto con varios colegas, una organización en temas de participación ciudadana para identificar y resolver problemas complejos como esos, y desde hace tres años cientos de personas impulsamos Nosotrxs, un movimiento de exigencia colectiva de derechos que, curiosamente, atiende problemas estructurales de esta naturaleza.

Esas historias aún me hacen eco y creo que la política puede y debe contribuir a resolverlos. Hoy sé que hice política, porque la política es un medio para resolver problemas cotidianos que resultan de la convivencia social, es un mecanismo de organización colectiva para tomar decisiones complejas que afectan a una comunidad o una herramienta para convencer con argumentos -y emociones- a otras personas sobre el mejor rumbo a tomar. No dejaré de hacer política, una política de causas que ponga énfasis en problemas concretos y que luche, sin descanso, por resolver uno a uno.

@luisffernandez