Guardianes del territorio en CDMX: vecinos de La Magdalena Contreras resisten el avance del Cablebús

Alfredo Maza · 28 de mayo de 2026

Guardianes del territorio en CDMX: vecinos de La Magdalena Contreras resisten el avance del Cablebús

En la alcaldía La Magdalena Contreras el aire huele a pino y tierra mojada, pero el paisaje sonoro ha cambiado drásticamente. De la noche a la mañana, los sonidos del viento y las aves —que evocan una naturaleza viva, algo poco frecuente en la Ciudad de México— comenzaron a competir con el golpeteo incesante de cinceles, martillos y máquinas pesadas que devoran el cerro de Mazatépec o Mazatépetl. Son los sonidos del “progreso”.

El paisaje sonoro no es lo único que se ha transformado. La vida de varios vecinos se ha visto amenazada por la llegada de la “modernidad”, luego de que el gobierno de la Ciudad de México los despojara —o busque despojarlos— de sus viviendas para dar paso a la nueva Línea 5 del Cablebús.

La identidad de San Bernabé Ocotepec, uno de los cuatro pueblos originarios reconocidos oficialmente por decreto en esta alcaldía, se refleja en las historias de Socorro Lugo Zavala y Erasmo Mendoza González, quienes custodian lo que queda de sus vidas entre escombros y sellos de clausura.

La vida de los vecinos se ha visto amenazada por la llegada de la modernidad
La vida de los vecinos se ha visto amenazada por la llegada de la modernidad. Foto: Alfredo Maza

Socorro: el despojo de viviendas por el Cablebús en el predio Oyamel

Frente a doña Socorro hay dos mesas de madera sin barnizar. Sobre ellas, cajas con dulces, chicles, cigarros y chicharrones permanecen como el último bastión de un comercio que ha mantenido durante 33 años.

Ella depende directamente de los Campos de Futbol Oyamel, un espacio que la comunidad ha cuidado por cuatro décadas, pero que el gobierno capitalino ha comenzado a transformar en una “Utopía” y una estación de la Línea 5 del Cablebús.

Su preocupación no es solo laboral. En ese mismo terreno, ubicado en el número 287 de la Avenida Ojo de Agua, justo frente al salón de La Liga, se encontraba su hogar y el de al menos 10 familias más.

La historia de su despojo comenzó con engaños, relata Socorro. Personal del Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI) no se presentó con avisos de desalojo, sino solicitando permiso para inspeccionar las viviendas.

“Nos dijeron que necesitaban acceso para verificar si la maquinaria pesada fracturaba las estructuras, y que en tal caso nos darían un préstamo”. Nunca mencionaron que ahí se construiría la estación “El Oyamel”, asegura en entrevista con Animal Político.

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La realidad fue distinta. A los 20 días de aquella primera visita les notificaron que debían marcharse. “Entraron con engaños”, sentencia mientras abraza a un niño pequeño, señalando que de ese puesto dependen cuatro personas.

A espaldas de doña Socorro ya no hay un hogar, quedan los escombros de lo que ella misma edificó. Las varillas expuestas, que en México suelen simbolizar la esperanza de seguir creciendo, hoy son solo el vestigio de lo que fue su casa.

Aunque el gobierno le otorga un apoyo para renta, Socorro denuncia que los pagos bimestrales se retrasan obligándola a usar el poco dinero que obtiene para no quedar en la calle. Pese a la incertidumbre, mantiene el temple ante los clientes que la interrumpen para comprar cigarros.

“Ahora le tocaba atender el puesto a usted”, bromea mientras despacha un cigarro entre el estruendo de las máquinas que desmantelan los campos de Oyamel.

Aferrada al niño que la acompaña, admite que no se visualiza en otro lugar. “Es empezar de cero”, dice, esperando que las autoridades brinden mayor claridad sobre su futuro.

El gobierno de la CDMX amenazó a los pobladores con la fuerza pública
El gobierno de la CDMX amenazó a los pobladores con llevar la fuerza pública. Foto: Alfredo Maza

Erasmo: el impacto social del Cablebús en la Barranca Anzaldo

A unos dos kilómetros, donde se planea la estación “Oasis”, la geografía se torna accidentada: ahí se localiza la Barranca Anzaldo, un Área de Valor Ambiental (AVA). Allí reside Erasmo Mendoza González, quien desde hace 40 años habita un predio que hoy se encuentra bajo la mira de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México.

El 17 de diciembre de 2025, personal de la Sedema irrumpió en su propiedad sin orden judicial, aprovechando que solo se encontraba su esposa. Hicieron lo mismo en las viviendas de varios vecinos. “Amenazaron con traer la fuerza pública si ella no lo permitía”, relata Erasmo en entrevista con Animal Político.

Al volver, encontró su casa con sellos guindas y la palabra “CLAUSURADO”. Asegura sentirse “atropellado” y moralmente afectado por un trato que califica como maltrato a la comunidad y criminalización de su persona.

El argumento oficial es que su vivienda afecta el AVA. Para Erasmo y el colectivo Pueblos y Voces de la Barranca, del que también forma parte, esto es una contradicción: las autoridades permiten la obra del Cablebús sobre el mismo suelo protegido, pero clausuran viviendas alegando daños al ecosistema.

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Erasmo, quien vive con su esposa, su hijo y su madre de 85 años —quien padece Parkinson—, describe un panorama de violencia institucional. “Mi mamá, al escuchar que iban a demoler su casa, se puso a llorar”, cuenta con tristeza.

Explica que, para él, la obra no representa progreso, sino un “ecocidio” que criminaliza a quienes han cuidado la barranca por décadas.

A pesar de las circunstancias, al igual que Socorro, Erasmo usa el sentido del humor para lidiar con la crisis. 

—¿A qué se dedica? —se le pregunta. 

—Casualmente soy periodista… No es cierto, me dedico a vender periódicos y revistas —responde, intentando aliviar la tensión de saber que el proyecto podría arrebatarle la mitad de su casa.

Sello de clausura colocado en la propiedad del señor Erasmo Mendoza González
Sello de clausura colocado en la propiedad del señor Erasmo Mendoza González. Foto: César Correa

Línea 5 del Cablebús en La Magdalena Contreras: un futuro de incertidumbre

Socorro y Erasmo forman parte de una comunidad que, como ellos, también se siente “atropellada”. Mientras el gobierno de la Ciudad de México promociona la Línea 5 como el Cablebús “más largo del mundo”, los habitantes de San Bernabé Ocotepec enfrentan la pérdida de sus ingresos y el temor constante al desalojo.

Para Erasmo, el mensaje es claro. “Nosotros les dimos el voto… Lo que hacen es un maltrato a la comunidad. Lo criminalizan a uno como si fuera un delincuente”. 

Así, en La Magdalena Contreras, la modernidad avanza, pero deja una estela de escombros y familias fracturadas. Queda la sensación de que, en esta apuesta por el desarrollo, los habitantes locales fueron desplazados de las decisiones del equipo.