Teotihuacán reabre entre miedo, menos turistas y huellas de la violencia en la Pirámide de la Luna

Manu Ureste e Israel Fuguemann · 23 de abril de 2026

Teotihuacán reabre entre miedo, menos turistas y huellas de la violencia en la Pirámide de la Luna

“Las autoridades tardaron más de 20 minutos en llegar a socorrer a la gente. Si el tirador hubiera querido, la masacre hubiera sido mucho peor”, dice una persona al interior de la zona arqueológica de Teotihuacán.

La persona, que pidió anonimato, fue una de las muchas que atestiguó el tiroteo ocurrido el pasado lunes 20 de abril, que dejó como saldo una turista canadiense muerta y 13 personas extranjeras heridas, varias de ellas de bala. Ahora, en los primeros minutos de la reapertura este miércoles —apenas dos días después del ataque—, comenta que no les queda más remedio que “pasar la página”: poner de nuevo buena cara para tratar de brindar algo de certeza y seguridad a los pocos turistas que este día estuvieron en Teotihuacán, una de las zonas arqueológicas más importantes y visitadas de México. 

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Regresó el turismo a la zona de las pirámides. Foto: Israel Fuguemann

La mayoría de los visitantes, al ser cuestionados, dijeron que acudieron porque ya tenían el paquete turístico comprado y no querían perder el dinero. Aun así, las cancelaciones se dispararon en las horas posteriores al ataque: hasta un 80 % de las reservas se cayeron, según estimaciones de trabajadores del lugar.

Pero cuando los turistas no escuchan, la persona que atestiguó lo ocurrido el lunes baja la voz y reconoce que “muchas cosas fallaron” el día de los hechos: la respuesta de los elementos de seguridad fue lenta, igual que la de la única ambulancia que llegó a la zona.

A unos metros de la Pirámide de la Luna —donde ocurrió la balacera protagonizada por Julio César Jasso, de 27 años—, otra persona que lleva décadas trabajando en el sitio corrobora esa versión: la reacción de las autoridades tardó más de 20 minutos, cuando el pánico ya se había desatado en lo alto del templo.

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“Si en lugar de un revólver viejo hubiera metido un arma larga, una ametralladora, o algo así, esto hubiera sido una tragedia mucho mayor”, dice.

También cuestiona la versión oficial sobre la presencia de seguridad. Mientras autoridades federales aseguran que en cada uno de los accesos hay elementos de la Guardia Nacional, él sostiene que antes del ataque la vigilancia no era tan visible ni constante. Incluso, señala que una normativa interna impedía a algunos agentes portar armas, lo que limitó su capacidad de respuesta ante la emergencia.

“La autoridad se tardó tanto, que el tipo pudo tomarse su tiempo para cargar y recargar la pistola, mientras amenazaba a esa pobre gente que estaba tirada en el suelo”, agrega.

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Aumentó la seguridad incluso en lo alto de la pirámide. Foto: Israel Fuguemann

El golpe al turismo y la economía

Para José Antonio, comerciante de 72 años con más de medio siglo trabajando en la zona arqueológica, lo ocurrido el lunes no tiene precedente. “No soy exagerado, ni mucho menos. Tengo más de 50 años aquí. Nunca me hubiera imaginado ver algo así”, dice, tocado con un sombrero de paja para cubrirse del corrosivo sol que cae a plomo al mediodía “Fue una tragedia que vino a poner en jaque a todo esto: al turismo, a nuestra economía, a nuestras familias”.

Habla despacio, como si todavía intentara acomodar lo ocurrido en su propia memoria.

“Porque toda acción tiene una reacción y una consecuencia. Y esto vino a modificar muchas cosas, se van a modificar muchas cosas. Pero ojalá… ojalá que sea para bien”.

A su alrededor, el flujo de visitantes es escaso. Muy lejos de los domingos gratuitos, cuando la ‘calzada de los muertos’ se llena para ir de una pirámide a otra y apenas se puede caminar.

“Hoy hay muy poquita gente. Hasta que esto se normalice, hasta que la gente se tranquilice un poco, esperamos que llegue la recuperación”.

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José Antonio no estaba en la zona en el momento del ataque. Llegaba, como cada mañana, con su flauta con forma de serpiente emplumada, cuando un guardia le cerró el paso.

“Me dijo: ‘no va a poder entrar, tuvimos un problema muy fuerte en el templo de la Luna, parece que hay muertos’. Y empezaron a desalojar”.

Se regresó a su casa. Avisó a su familia. Y entendió, casi de inmediato, que el golpe no sería solo emocional.

“Esto ya se difundió a nivel mundial. Y ahora, con las redes sociales, todo el mundo lo vio. Entonces hay preocupación… porque si la gente no viene, esto se cae y nuestro sustento también”.

Hace una pausa, y luego añade algo que se repite entre los comerciantes: la necesidad de reconstruir la confianza.

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Aunque con temor, los turistas entraron a la zona. Foto: Israel Fuguemann

“Al turista hay que infundirle seguridad. Nosotros mismos tenemos la responsabilidad moral de protegerlo, de que se sienta tranquilo. Porque de eso vivimos”.

La preocupación por el impacto económico es compartida.

Gustavo Hernández, comerciante desde hace casi 30 años en la zona, lo resume sin rodeos: “Sí nos perjudicó bastante”.

“El lunes había mucha gente. Y ahora la gente está espantada, no quiere venir”.

Aun así, insiste en transmitir calma.

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“Todo está tranquilo. Ya reabrieron las puertas. Ya hay más presencia de la Guardia Nacional, más revisiones. Eso está bien por la seguridad de todos”.

Pero basta mirar alrededor para notar la diferencia.

“Sí se nota mucho. Hay muy poca gente”.

Minutos antes de la reapertura, alrededor de las once de la mañana, el director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) aseguró ante medios que la Pirámide de la Luna no sufrió daños a causa de los disparos. Explicó que, tras las primeras inspecciones, especialistas del instituto descartaron afectaciones en la integridad del monumento, aunque confirmó que se realizaron trabajos de limpieza en la zona donde quedaron rastros del ataque.

El funcionario subrayó que la prioridad fue preservar el patrimonio arqueológico y garantizar condiciones seguras para la reapertura al público, al tiempo que informó que se reforzó la presencia de seguridad: ahora habrá alrededor de 60 elementos de la Guardia Nacional, el doble de los que había antes del ataque.

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La afluencia de visitantes no es la misma. Foto: Israel Fuguemann

“Tenía miedo, pero no creo que pase lo mismo dos veces”

Del lado de los visitantes, el ambiente es una mezcla de curiosidad, miedo contenido y resignación.

Ashley Mora, turista costarricense, asegura que sí lo pensó dos veces antes de venir a Teotihuacán.

“La verdad sí tenía miedo”, dice. “Pero ya teníamos el viaje programado. Y pensé: no creo que pase lo mismo dos veces”.

Camina despacio, mirando hacia arriba, hacia la pirámide.

Dice que nota más seguridad. Pero el recelo no desaparece del todo.

En lo alto de la imponente Pirámide del Sol —frente a la de la Luna, donde ocurrieron los hechos—, un solitario elemento de la Guardia Nacional vigila desde las alturas. Su presencia no pasa desapercibida: un grupo de unos diez turistas chinos lo observa con curiosidad y pregunta en inglés a los guías quién es ese hombre que, desde arriba, resguarda la antigua ciudad prehispánica. El guía le quita importancia diciéndoles que está ahí “solo por seguridad”. 

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A eso del mediodía, personal del INAH permitió nuevamente el acceso a la Pirámide de la Luna. Decenas de turistas comenzaron a subir los empinados escalones de la estructura. Pero, a los pocos escalones, varios se detienen en seco: señalan con extrañeza las manchas que aún permanecen en la piedra, restos de la violencia de apenas dos días antes. Son marcas de sangre de personas heridas por los disparos o por las caídas en su intento desesperado de huir. “Weird, ah? Should be clean!”, comenta una turista estadounidense al ver los rastros. “Extraño, ¿no? ¡Deberían estar limpios!”.

Andrés Gómez, de Colombia, también venía con el viaje planeado desde semanas antes. Antes de llegar, revisó redes sociales, habló con guías, buscó referencias antes de tomar la decisión de venir o no a Teotihuacán.

“En términos generales nos sentimos seguros”, dice con una sonrisa trémula.

Aun así, reconoce lo evidente: el lugar no es todavía el mismo.

“Me habían dicho que esto iba a estar mucho más concurrido”.

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Más medidas de seguridad. Foto: Israel Fuguemann

Un grupo de turistas colombianas —María del Pilar y Sandra Viviana— sube la Pirámide de la Luna con calma, acompañadas por su guía. En lo alto de la estructura, un elemento de la policía pasea entre los turistas. A unos pocos pasos todavía luce acordonada la zona donde, unos escalones más arriba, el tirador mantuvo por más de 20 minutos amagados entre insultos y amenazas a un grupo de turistas extranjeros. 

María del Pilar y Sandra comentan que no sabían mucho de lo ocurrido. Solo lo básico: que hubo un tiroteo y algunas víctimas. 

“Sentíamos que no íbamos a poder subir hoy”, dicen. Pero el sitio reabrió. Y subieron a la majestuosa Pirámide. 

“Ahora hay más control, más revisión de las bolsas. Eso nos da tranquilidad”.

De vuelta en los pasillos de piedra, entre puestos de recuerdos y miradas que vigilan el movimiento de los visitantes, la pregunta que queda flotando no es solo qué pasó el lunes.

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Sino qué pasará después.

Cuánto tiempo tardará en volver la gente. Cuánto durará el miedo. Y cuánto resistirá la economía de quienes viven, literalmente, de que otros lleguen.

El próximo Mundial de Futbol, que disputará varios partidos en la vecina Ciudad de México en junio, es para muchos el gran “salvavidas” al que aferrarse.

“Esperamos que ahí se termine de reactivar la visita de turistas”, dice otro comerciante, un hombre de unos 50 años que viste una playera de la selección mexicana.

Por ahora, Teotihuacán reabre. Con mucha menos gente. Con más policías. Y con una herida reciente que —como las manchas que quedaron en la piedra de la Pirámide de la Luna— aún no desaparece del todo.