Dalila Sarabia y Edgar Ledesma · 29 de junio de 2026
Manuel Ulloa Cruz se queda parado frente a las gradas del Estadio Neza 86 y mira hacia arriba, como si en el concreto viejo pudiera encontrar otra vez a sus amigos, los partidos de Toros Neza, la calle llena, los domingos de futbol y esa parte de la vida que ya no vuelve, pero que todavía aparece cuando uno regresa al lugar donde fue feliz.
“Para mí esto es un monumento. Son muy bonitos recuerdos que tenemos del estadio y nos gustaría que se siguiera conservando, a lo mejor ya como monumento, que sí hubiera partidos de exhibición, para que las nuevas generaciones al menos vengan a conocer lo que sus padres en algún momento vivieron de jóvenes”, dijo el hombre.

Luego de ser sede mundialista en 1986 y después casa de los Toros Neza, en 2013 el inmueble cerró definitivamente sus puertas al futbol profesional. De vez en vez se ocupa para albergar algún torneo amateur, actividades deportivas o como escenario de eventos políticos.
A cuatro décadas de recibir a las selecciones de Dinamarca, Escocia y Uruguay, las autoridades le dieron “una manita de gato” al inmueble para recibir visitantes durante el Mundial 2026, sin embargo, la pintura no logra esconder del todo las grietas, las tribunas limitadas, el desgaste de los años y esa sensación de inmueble que se quedó a medio camino entre la memoria y el abandono.
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Visto desde arriba, el Estadio Neza 86 parece estar partido. Una abertura oscura baja entre las gradas, atraviesa filas de concreto manchadas por la humedad, se pierde entre pasillos, escaleras y muros recién pintados. A los lados quedan asientos de cemento con rastros de pintura azul, amarilla y roja, como si el estadio aún intentara vestirse de fiesta, pero el cuerpo ya está cansado.
De cerca, en los escalones se observan grietas finas y parches levantados, en las zonas pintadas aparecen pedazos de concreto desprendido, huecos junto a los accesos, bordes rotos y polvo acumulado, mientras debajo de la techumbre se ven charcos, humedad, columnas metálicas, trabes envejecidas y manchas que recorren el techo.
El Neza 86 fue una de las sedes del Mundial México 1986, pero casi cuatro décadas después su presente se cuenta entre recuerdos, grietas, uso limitado y una rehabilitación que hasta ahora sólo alcanza para mostrarlo de nuevo, no para devolverle la vida que tuvo.

El estadio fue levantado en una zona marcada por los asentamientos del antiguo vaso del Lago de Texcoco, en un municipio que durante años creció entre calles de tierra, falta de servicios, lodazales en temporada de lluvia y familias que llegaron desde otros estados para construir ahí una vida. Para el Mundial de 1986, recuerdan vecinos, las autoridades arreglaron avenidas, pintaron bardas y mejoraron fachadas alrededor del inmueble, pero más allá de la ruta por donde pasarían selecciones y visitantes extranjeros, seguía el Neza que apenas intentaba consolidarse como ciudad.
Raúl García Chávez, oriundo de Nezahualcóyolt, recuerda que cuando llegó la Copa del Mundo la zona se preparó para mostrar otra cara a quienes llegaban de fuera, aunque muchos de esos arreglos fueron temporales.
“Cuando hay eventos así, el gobierno como que se quiere poner las pilas y barre y echa la tierrita abajo de la alfombra”, dice Raúl.
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Manuel Ulloa recuerda algo parecido. Neza, dice, era otro municipio, una ciudad todavía en construcción. Cuando se supo que habría Mundial, las autoridades trabajaron la avenida por donde llegarían las selecciones, pintaron bardas y arreglaron la entrada para que el municipio se viera mejor.
“Se veía otra cara de Neza”, recuerda.
La historia del estadio no se quedó en el Mundial. Años después, el Neza 86 fue casa de Toros Neza y se convirtió en parte de la identidad futbolera del municipio. Manuel recuerda las avenidas paralizadas, la porra caminando hacia el inmueble, los partidos contra equipos grandes, la final contra Guadalajara y esa sensación de que, aunque cada vecino tuviera su propio equipo, cuando jugaba Toros Neza todos eran de Neza.

“Cuando venían los equipos rivales, nosotros éramos totalmente de Neza”, cuenta, “sentíamos la sangre de Neza y queríamos que Neza ganara”.
Ese pasado volvió a abrirse de manera temporal durante el Mundial 2026, con la exposición “Revivamos Neza 86”, un museo de sitio instalado en antiguos vestidores, con fotografías, boletos, álbumes, camisetas, monedas, programas oficiales y objetos que vecinas, vecinos y coleccionistas guardaron durante años como reliquias de aquella Copa del Mundo.
Entre esos recuerdos están los de Víctor Manuel García Albarrán, vecino que acudió a 14 partidos del Mundial de 1986. Para comprar boletos, cuenta, ahorró durante meses, dejó de comer bien algunos días, cuidó zapatos y pantalones para no gastar de más, y así pudo asistir a partidos en el entonces Estadio Azteca, Ciudad Universitaria y el Neza 86.
— Animal Político (@Pajaropolitico) June 27, 2026
En las tribunas convivió con daneses, escoceses, argentinos, alemanes y coreanos, aunque muchas veces no entendía su idioma. Aprendió que una palabra bastaba para brindar con todos. “Lo que sí entendíamos y lo que aprendieron rápido fue a decir ‘salud’”, recuerda.
Para Víctor Manuel, los boletos, las fotos y los autógrafos son una prueba de que el Mundial alguna vez estuvo al alcance de un aficionado que podía ahorrar y entrar al estadio. Hoy varios de esos objetos forman parte de la exposición instalada en el inmueble, como si necesitara que sus propios vecinos llevaran pruebas de lo que fue.
Pero la reapertura también mostró la otra cara del Neza 86. Detrás de la nostalgia, el inmueble arrastra daños estructurales, uso limitado y una discusión pendiente sobre quién debe rescatarlo, cuánto costaría hacerlo y si está en condiciones de recibir visitantes sin ponerlos en riesgo.

Adolfo Cerqueda Rebollo, presidente municipal de Nezahualcóyotl, reconoce que el estadio dejó de utilizarse durante muchos años y que, al dejarse de usar, “la infraestructura va colapsando”. Según el alcalde, sólo puede ocuparse aproximadamente el 30 % del inmueble, principalmente una zona de gradas con restricciones, mientras que el resto requiere estudios y una intervención mayor.
“Todo este espacio está a cargo de la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl, pero este inmueble tiene la responsabilidad directa del Gobierno del Estado de México a través de la Secretaría de Educación”, dijo Cerqueda en entrevista con Animal Político.
El alcalde sostiene que el municipio trabaja con el gobierno estatal, el gobierno federal, la universidad y empresarios para darle “una manita de gato” al estadio, aunque reconoce que eso no resuelve el problema de fondo. Para recuperar el inmueble, dice, primero se necesita un nuevo diagnóstico de la infraestructura dañada, estudios de suelo y una decisión técnica para determinar si las gradas pueden rehabilitarse con una estructura de acero o si tendría que reconstruirse todo el estadio.
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Un cálculo presentado al municipio en 2022, de acuerdo con Cerqueda, estimaba una intervención de casi mil 700 millones de pesos sólo para obra civil, sin incluir equipamiento.
“La realidad es que el recurso es muy elevado, son unos buenos millones de pesos”, explicó el alcalde, quien señaló que el estadio fue construido sin el pilotaje suficiente para enfrentar el hundimiento de la zona, a diferencia de inmuebles deportivos más antiguos que han logrado mantenerse en pie.
Del otro lado de la responsabilidad institucional está la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl. Su rector, Agustín Cobarrubias, explicó que existe un decreto de donación de hace aproximadamente 20 años y que el estadio pertenece y es administrado por la universidad, cuya sede se ubica a un costado del inmueble.

El rector reconoce que el estadio no puede utilizarse en su totalidad por una fisura que cruza la zona norte de la construcción y que está relacionada con los asentamientos del terreno. También explica que la universidad no cuenta con una partida especial para mantenerlo, por lo que el cuidado de la cancha depende de los recursos de operación de la institución y del esfuerzo de su personal de mantenimiento.
“Con la partida de operación que tenemos de la universidad, que es muy limitada, nuestros compañeros de mantenimiento hacen un gran esfuerzo para que la cancha se pueda mantener”, dijo Cobarrubias.
A diferencia del alcalde, quien habla de un uso aproximado del 30 %, el rector asegura que existe un dictamen de un Director Responsable de Obra que permite utilizar hasta 65 % de la capacidad del estadio, básicamente en la zona habilitada. Esa diferencia abre una de las dudas que rodean al inmueble: qué parte puede usarse realmente, bajo qué condiciones y con qué dictámenes actualizados.
La pregunta dejó de ser sólo administrativa luego de que Quadratín Estado de México reportó el desprendimiento de una parte de la techumbre durante actividades relacionadas con la exposición “Revivamos Neza 86”. De acuerdo con esa publicación, no hubo personas lesionadas, pero el incidente provocó cuestionamientos sobre las condiciones en las que se mantiene abierto el estadio, las autorizaciones para realizar actividades y la necesidad de transparentar dictámenes estructurales, evaluaciones de riesgo y medidas de Protección Civil.
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Hasta ahora, las autoridades han hablado de rescate, memoria y reapertura, pero no han presentado públicamente un plan integral con recursos asegurados, calendario de obra, dictámenes actualizados y una definición clara sobre el futuro del inmueble.
La exposición permitió que niñas, niños, familias y antiguos aficionados caminaran otra vez por la cancha mundialista, entraran a los vestidores y se tomaran fotos en el estadio que durante años permaneció cerrado para la mayoría.
Y mientras la estructura continúa hundiéndose y la humedad se extiende por cada rincón, el recuerdo y la nostalgia permanecen intactos entre los vecinos de Nezahualcóyotl, quienes, aunque no vieron jugar en esta cancha a leyendas del futbol como Diego Armando Maradona, Franz Beckenbauer o Michel Platini —todos seleccionados en 1986—, sí vibraron con jornadas mundialistas en las que locales y extranjeros no fueron ellos y nosotros, sino todos.