Verónica Fajardo · 4 de septiembre de 2026
La implementación de los denominados días solidarios —periodos de inactividad con remuneración parcial o a veces nula— recae con mayor rigor sobre el eslabón más frágil de la cadena productiva: el personal eventual que carece de antigüedad en el sector hotelero y de servicios de Quintana Roo.
Para Jesús López Mateos, secretario de Organización de la CTM en el estado, esta dinámica constituye una maniobra estructural diseñada para contener la rescisión de contratos ante las fluctuaciones de la industria. “Este mecanismo de descanso forzado impacta severamente a quienes no han consolidado su permanencia y operan bajo contratos temporales. Es una medida de supervivencia laboral aplicada por más de dos décadas, motivada por la baja afluencia y otros factores críticos”, precisó el representante sindical.
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Con una trayectoria que supera el cuarto de siglo en el ámbito gremial, el dirigente admitió que ciertos trabajadores logran capitalizar ahorros para afrontar estos meses de parálisis operativa, aprovechando el tiempo para el retorno a sus comunidades de origen tras las extenuantes jornadas de la temporada alta.
No obstante, la selectividad patronal también juega un rol determinante, pues aquellos colaboradores con desempeño destacado suelen quedar exentos de estas pausas obligatorias, manteniendo su percepción salarial íntegra ante el interés de las empresas por conservar su capital humano más valioso.
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Durante el ciclo vacacional de 2026, la ocupación hotelera se estancó en niveles cercanos al 60%, una cifra alarmante atribuida en gran medida al impacto del sargazo, fenómeno que desincentiva la visita de turistas cuyo principal interés es el disfrute de los litorales.
Asimismo, la percepción de inseguridad se erige como una barrera fundamental para el mercado internacional, que prioriza destinos que garanticen la integridad personal durante sus desplazamientos por playas y zonas urbanas.
A esta problemática se suma la sobreoferta de alojamiento; la proliferación de desarrollos hoteleros atomiza la demanda y diluye la captación de propinas, forzando a las administraciones a enviar a sus plantillas a descansos solidarios ante la imposibilidad de sostener la operatividad total.

López Mateos enfatizó que los meseros en establecimientos independientes enfrentan una precariedad aún mayor, al no contar con el respaldo gremial ni las prestaciones de ley que suelen ofrecer los grandes consorcios hoteleros ante la falta de solvencia de las pequeñas empresas.
Además, mucho de este personal cuenta con las propinas para mejora sus ingresos.
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Brandon Barker, un joven con formación de bachillerato y una década de experiencia en el oficio, relata la incertidumbre que vive desde agosto, cuando la baja demanda de comensales activó los días económicos. Pese a no tener cargas familiares, la imposibilidad de generar ingresos constantes le provoca una frustración creciente.
Esta situación obliga a muchos trabajadores del gremio gastronómico a buscar alternativas de subsistencia en la economía informal, recurriendo a la venta de productos diversos en los tianguis populares de Cancún para completar el sustento diario.
Actualmente, Barker administra sus limitados recursos mientras cumple con dos jornadas semanales de descanso sin goce de sueldo. Ante la parálisis de la temporada, contempla la venta de alimentos en su zona habitacional como medida paliativa. Su historial laboral reciente, marcado por contratos trimestrales en distintos hoteles, ilustra la ausencia de estabilidad que define a las nuevas generaciones en el sector.

La dinámica de empleabilidad en los principales destinos del Caribe Mexicano combina salarios bajos, esquemas de contratación eventual y temporadas de desaceleración que obligan al personal operativo a absorber los costos de la fluctuación turística.
A decir de la representación sindical, los factores que desencadenan la asignación de días solidarios van más allá de la baja ocupación estacional e incluyen: variaciones de demanda e imprevistos; reducciones drásticas en la llegada de visitantes por causas climáticas, ambientales o macroeconómicas; ajustes operativos internos como las reestructuraciones de áreas hoteleras y de servicios durante meses de menor afluencia.
Dentro de la preservación de plazas laborales, los hoteleros tienen mecanismos de negociación contractual para evitar la rescisión definitiva de contratos laborales.
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La disparidad en la aplicación de los días solidarios genera dos realidades distintas dentro de los centros de trabajo turísticos. Para los trabajadores eventuales están expuestos a suspensión temporal de jornadas sin acumulado de prestaciones o antigüedad; su vulnerabilidad es alta, con ingresos fluctuantes y riesgo constante de discontinuidad laboral.
El personal de base cuenta con descansos programados, los cuales cuentan con garantías contractuales o compensaciones acumuladas. Su impacto laboral es bajo por estar protegido mediante contrato colectivo y antigüedad garantizada.
El panorama laboral en el estado se mantiene bajo la lupa, en un contexto donde los bajos ingresos y la informalidad continúan marcando el día a día de miles de familias dedicadas a la atención del turismo en Quintana Roo.