Cecilia Franco · 31 de octubre de 2026
Tijuana.- Restos de animales, fotografías de personas atadas a muñecos con alfileres incrustados y otros objetos relacionados con prácticas de brujería son algunos de los hallazgos que ha realizado el personal de Panteones Municipales de Tijuana durante sus labores de limpieza en los cementerios.
Ricardo Sánchez López, supervisor de Panteones Municipales, explicó que entre los objetos encontrados hay gallinas sin cabeza, restos de cabras, recipientes de mayonesa y fotografías de personas acompañadas de muñecos con alfileres, “Nos tiran gallinas sin cabeza, cabras, los botecitos de mayonesa, fotografías de muñequitos con la foto de una persona, con alfileres”, comentó.
Sanchez Lopez recordó que hace aproximadamente tres años encontraron un coco que tenía un alacrán vivo en su interior, por lo que tuvieron que retirarlo para evitar que algún visitante sufriera una picadura.
Sanchez López, señaló que en los panteones municipales número 3, 8 y 10 enfrentan problemas por la acumulación de basura y escombros que algunas personas dejan en las instalaciones, residuos que deben retirar durante las labores de mantenimiento.
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Víctor Ramón López, jefe de Forestación y Panteones en Tijuana, indicó que los 14 cementerios municipales registran una afluencia promedio de 150 personas, aunque destacó la presencia de visitantes en los panteones 2 y 3, considerados entre los más antiguos, así como en el número 16.
A su vez, el director de Servicios Públicos Municipales, Federico Gómez García, informó que los 14 panteones reciben mantenimiento semanal y que el número 14 es el más reciente en entrar en servicio. Para las visitas por el Día de Muertos, los cementerios permanecerán abiertos de lunes a viernes de 9:00 a 16:00 horas, mientras que durante el sábado y domingo también se permitirá el acceso.
Los visitantes podrán ingresar en grupos, llevar alimentos y contar con música en vivo; la única restricción mencionada es el ingreso de armas. Asimismo, se pidió a las personas recoger sus residuos y depositarlos en el área destinada para ello. Entre los desechos que suelen acumularse se encuentran flores secas y arreglos antiguos.
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El paso del tiempo parece haberse detenido entre las tumbas del Panteón Municipal número 6 de Tijuana. Previo al Día de Muertos, el cementerio más antiguo de la ciudad permanece tranquilo, con sus pasillos limpios y sus lápidas de distintas épocas con amplios contrastes, algunas adornadas con flores frescas y otras marcadas por el desgaste de los años.
Ubicado sobre el bulevar Federico Benítez, el recinto guarda parte de la historia de Tijuana. Su entrada, decorada con pinturas artísticas que recorren las bardas, ofrece una imagen distinta a la que comúnmente se relaciona con un cementerio: un espacio lleno de colores que contrasta con las historias y los recuerdos que resguarda.
Sin embargo, basta avanzar unos pasos para encontrarse con las huellas de su antigüedad. Algunas lápidas conservan sus nombres y fechas, mientras que otras presentan estructuras desgastadas, fragmentos desprendidos y figuras religiosas deterioradas por el paso del tiempo.
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Fundado en 1882, siete años antes de que Tijuana fuera reconocida como ciudad, el Panteón Municipal número 6 alberga también una de las sepulturas más conocidas de la historia local: la de Rita Warner de García, identificada en relatos populares como la Tía Juana. De acuerdo con registros históricos y relatos sobre el cementerio, fue la primera persona sepultada en el lugar y pertenecía a la familia García, vinculada con los orígenes de la ciudad. En una sección delimitada del cementerio se encuentran las tumbas de integrantes de esta familia, un espacio que contrasta con otras áreas donde las sepulturas parecen haber quedado al margen de las visitas familiares.
A pesar de encontrarse cerca del Día de Muertos, la imagen que recibe a los visitantes no es la de un panteón lleno de personas preparando ofrendas. Durante el recorrido, únicamente se encontraba el cuidador del lugar. Los pasillos permanecían despejados y las tumbas, en su mayoría, no tenían flores ni adornos recientes.
El contraste se vuelve más evidente al observar las sepulturas. En una de ellas, flores de cempasúchil frescas acompañaban el nombre de una persona fallecida en 1969. Su presencia despierta la pregunta de cuántos años puede permanecer vivo el recuerdo de alguien y cuántas generaciones continúan visitando a quienes ya no están.
A unos pasos, otra tumba mostraba una imagen completamente distinta: su estructura estaba deteriorada, con partes a punto de desprenderse y sin una sola flor que indicara una visita reciente. Entre ambas sepulturas se dibuja una diferencia que no depende únicamente de los años transcurridos desde un fallecimiento, sino también de las tradiciones familiares que permanecen o se van perdiendo con el tiempo.
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Algunas figuras religiosas llaman la atención por su estado. Varias imágenes de santos colocadas sobre las tumbas tenían las cabezas desprendidas o estaban decapitadas, una imagen que resulta particularmente triste en medio de un espacio destinado a conservar la memoria de quienes descansan ahí.
Aunque el cementerio tiene más de un siglo de historia, su mantenimiento es constante. De acuerdo con el cuidador, que prefiere que lo llamen don Beto, el personal realiza labores de limpieza y los residuos que generan los visitantes se concentran en un área específica, ubicada al frente del recinto.
La indicación también aplica para las familias que acuden a visitar a sus difuntos. “Nosotros damos mantenimiento, entonces, para que se mantenga igual, las personas tienen que dejar su basura en esta área de aquí enfrente. Después viene el camión y se lleva lo que la gente va sacando, como flores ya secas o muy viejas”, indicó don Beto.
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Para las fechas de mayor afluencia, como el Día de las Madres, el Día del Padre y el Día de Muertos, el panteón amplía sus días de servicio y abre durante todo el fin de semana. “Por estas fechas, por Día de Muertos, se va a abrir sábado y domingo, pueden entrar con mariachi, pueden hacer comida”.
Las principales restricciones están relacionadas con el ingreso de armas; fuera de ello, señaló que no existen mayores inconvenientes para quienes acuden a convivir con sus seres queridos.
Así, mientras algunas familias preparan flores, comida y recuerdos para reencontrarse simbólicamente con sus difuntos, el Panteón Municipal número 6 permanece a la espera de recibirlas. Entre lápidas que todavía conservan el cariño de sus familiares y otras que muestran las marcas del abandono, el camposanto recuerda que la muerte no solo deja ausencias, también deja historias que, con el paso de los años, algunas familias siguen contando y otras parecen haber dejado atrás.
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