Dalila Sarabia · 21 de agosto de 2026
A pesar de su relevancia productiva, cultural y territorial, el trabajo de las artesanas textiles mexicanas se sigue conceptualizado más como una actividad recreativa que económica.
Esto profundiza la precariedad laboral de estas mujeres indígenas y rurales, que trabajan bajo condiciones de informalidad, con bajos ingresos y una limitada protección social, a lo que se suma la discriminación y la exclusión económica.
“No hay pagos justos. La necesidad económica nos obliga a aceptar el regateo (precios impuestos por el cliente) para poder comprar nuevos materiales y no regresar a casa sin sustento”, señaló una artesana de Chiapas.

Mientras las artesanas textiles perciben un ingreso mensual promedio de 3 mil 699 pesos, sus pares masculinos obtienen 7 mil 399 pesos, prácticamente el doble, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2025 (ENOE).
“A estas condiciones se suma una carga de cuidados y trabajo doméstico 43.6 % mayor que el promedio nacional de las mujeres, lo que restringe el tiempo disponible, la capacidad productiva, la organización colectiva y la autonomía económica de las artesanas”, advierte el informe “Tejiendo el cambio: por un trabajo justo para las trabajadoras de la artesanía-textil en México”.
”El estudio, presentado por el consorcio UNIDAS —integrado por Oxfam México, el Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ProDESC), Ethos Innovación en Políticas Públicas y Fundación Avina, señala que el ejercicio de esta labor no ofrece reconocimiento de derechos laborales ni seguridad social a su fuerza de trabajo.

Aunque el 63.3 % de las personas artesanas se identifica como trabajadoras independientes, esta categoría no necesariamente implica autonomía ni prosperidad. “Las personas a las que les interesa nuestro trabajo no se ponen a pensar en lo que implica, no dan ese valor del precio”, lamentó otra artesana del estado de Puebla.
Las personas artesanas se enfrentan a canales de comercialización limitados y a los riesgos y restricciones del uso del espacio público para la venta, como los decomisos, desalojos o multas.
Pero no solo eso: detrás de la supuesta independencia existen patrones de comercialización asimétricos, esquemas de subcontratación ocultos, situaciones de intermediación abusiva y prácticas de plagio y apropiación cultural en las que las personas trabajadoras reciben una proporción mínima del valor final de sus productos.
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Las condiciones de inserción laboral también muestran importantes brechas de género. De acuerdo con la ENOE 2025, el 79.5 % de las mujeres artesanas textiles trabaja en micronegocios establecidos en sus domicilios, frente al 49.2 % de los hombres. Además, el 96.6 % de las mujeres trabaja en condiciones de informalidad, en comparación con el 83.6 % de los hombres.
La misma encuesta muestra que solo 2.4% de las artesanas cuenta con acceso a seguridad social, mientras que el 12.4 % de los hombres sí tiene esta prestación; es decir, en la rama textil es cinco veces más probable que un artesano cuente con seguridad social que una mujer ocupada en el sector.
El acceso a la seguridad social en la artesanía textil está marcado por una profunda brecha entre reconocimiento formal y acceso efectivo, según la evidencia de campo que se obtuvo durante la realización del informe.

La no afiliación al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es una constante estructural asociada a la naturaleza del trabajo artesanal (autoempleo), producción domiciliaria y ausencia de relación laboral formal, lo que excluye a las artesanas de los mecanismos contributivos tradicionales.
Incluso cuando existe afiliación al régimen voluntario, esta responde a esfuerzos individuales en contextos de alta precariedad y no a una integración real al sistema.
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Además, la afiliación parcial no se traduce en acceso efectivo a servicios de salud, pues las artesanas enfrentan barreras territoriales y operativas, como trasladarse por largas distancias para llegar a centros de salud, tiempos de espera prolongados, desabasto de medicamentos y falta de personal especializado.
“En nuestras comunidades hay clínicas de Salud Bienestar, pero no hay medicamentos ni médicos especializados suficientes. No hay ginecólogo”, dijo una artesana también de Puebla.
La artesanía textil es la producción manual de bienes elaborados con fibras naturales o sintéticas, mediante técnicas tradicionales como el tejido, bordado o hilado. Las piezas incorporan conocimientos culturales, identidad comunitaria y procesos creativos individuales, diferenciándose de la producción en masa.
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En 2024 la producción artesanal representó el 18.4 % del Producto Interno Bruto (PIB) del sector cultural y concentró el 30.2 % del empleo en dicho ámbito, de acuerdo con datos de 2025 del INEGI.
Sin embargo, a pesar de su relevancia cultural, comunitaria y ancestral, el ejercicio de esta labor no es reconocido con una remuneración acorde al trabajo.

Artesanas textiles entrevistadas para la elaboración del informe señalaron que el pago promedio por el trabajo artesanal se sitúa en alrededor de 20 pesos por hora, más el costo de la materia prima.
Ahora, si se consideran jornadas de entre 5 a 6 horas diarias, esto se traduce en un ingreso estimado que va de 100 a 120 pesos al día, lo que muestra niveles de remuneración por debajo de estándares mínimos de subsistencia.
“Los testimonios recabados durante los grupos focales y las entrevistas muestran que una blusa bordada puede generar ingresos altamente variables, que oscilan aproximadamente entre 50 y 300 pesos en contextos de venta con intermediación o regateo, a pesar de requerir entre 8 y 25 días de elaboración”, se detalla en el documento.
“Esta brecha pone de relieve una profunda desconexión entre el tiempo de trabajo invertido y la remuneración efectivamente obtenida. Cabe destacar que en los casos documentados, estas artesanas cuentan con el acompañamiento de una colectiva que contribuye a la definición de precios más justos; pero este tipo de apoyo organizativo no está presente en la mayoría de los contextos, donde las productoras enfrentan de manera individual la fijación de precios y las presiones del mercado”, se detalla.
Ya que los modelos convencionales de protección social resultan insuficientes para quienes se dedican a la artesanía-textil, las artesanas mexicanas se han visto en la necesidad de desarrollar formas comunitarias de protección social basadas en redes de cuidados, solidaridad y organización colectiva.
Sin embargo, subraya el informe presentado por el consorcio UNIDAS, esto no sustituye la responsabilidad del Estado en la garantía de sus derechos, por lo que urgió a las autoridades a reorientar la política laboral, cultural y económica hacia el reconocimiento del trabajo artesanal en esos ámbitos.
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Para ello, continuaron, es urgente avanzar hacia modelos de protección social, comercialización y desarrollo territorial flexibles, culturalmente pertinentes y adaptados a las realidades específicas de las mujeres artesanas.
Las propuestas de UNIDAS incluyen: