Nëxuy. El plagio de la blusa de Tlahui

blogeditor · 15 de julio de 2016

Nëxuy. El plagio de la blusa de Tlahui

Por: María Alvarez Malvido

Detalle del bordado. Blusa tradicional de Tlahui.
Detalle del bordado. Blusa tradicional de Tlahui.

En junio de 2015, la diseñadora francesa Isabel Marant presentó su colección Étoile Primavera-Verano. Pronto destacó una pieza: la blusa con líneas rojas y negras idénticas a aquellas que plasman la identidad de Santa María Tlahuitoltepec en su blusa tradicional, patrones iguales a los que han sido bordados por artesanas mixes desde hace mucho tiempo entre montañas y nubes de la Sierra Mixe de Oaxaca.

El diseño de Isabel Marant circuló ese mismo mes en las redes sociales, acompañado de mensajes de indignación que comenzaron con un tuit de la cantante mexicana Susana Harp, cuando se encontró con la blusa de Tlahui en Estados Unidos, expuesta en un aparador dentro de la tienda departamental de lujo Neiman Marcus. El diseño de Tlahui, rodeado de marcas como Chanel y Oscar de Renta, se vendía a más de cuatro mil pesos sin ningún reconocimiento al diseño original ayuujk (o mixe, en español) de Santa María Tlahuitoltepec. La cantante oaxacaqueña, quien ha colaborado y compartido escenario con distintas bandas filarmónicas de Tlahuitoltepec, alertó a través de las redes sociales sobre el plagio de la blusa tradicional de la comunidad ayuujk.

La noticia se anunció en diferentes medios, entre ellos la Radio Comunitaria Ayuujk Jënpoj o “Vientos de fuego”, que transmite desde Tlahuitotlepec en FM y su página web, así como en revistas de moda internacionales como Vogue y Elle, y se divulgó a través de mensajes solidarios en las diferentes redes sociales. Ese mismo mes, la autoridad municipal de Tlahui realizó una conferencia de prensa en el Museo Textil de Oaxaca, donde el alcalde Erasmo Hernández alzó la voz en contra de la diseñadora y la apropiación con fines de lucro de la propiedad colectiva del bordado ayuujk, e hizo un llamado al Estado mexicano y a las autoridades a reconocer el plagio a la blusa de Tlahuitoltepec y sus elementos gráficos, que representan la identidad de la comunidad.

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Un año después continúa el debate y la indignación coelctiva. La indiferencia del Estado mexicano frente a este caso, también. La noticia que indignó al pueblo ayuujk pronto se convirtió en una historia más donde los derechos de los pueblos indígenas son ignorados –y violentados- por la Constitución mexicana y por leyes internacionales como el Convenio 169 de la OIT, que supuestamente reconocen los derechos de los pueblos indígenas y los protegen de delitos como este. El plagio a la blusa tradicional de Tlahui se perdió rápidamente entre sucesos nacionales e internacionales, y hoy, a un año del plagio, la única respuesta de la diseñadora fue que solamente se había “inspirado” en el bordado ayuujk.

El pasado 1 de julio del presente año, Susana Harp organizó el fin de semana “1,2,3 por Tlahui” en la Ciudad de México, con eventos en apoyo a la educación artística del pueblo mixe y en solidaridad con las artesanas de Tlahuitoltepec, que plasman con hilos de colores la sabiduría que el pueblo ayuujk ha conservado a través de la lengua, la música, los rituales y la vida cotidiana en comunidad, aquellos símbolos que representan a la Madre Tierra y a la comunalidad: ii´pyxyukp (Cempoaltépetl, el cerro sagrado), tsääjts (el maguey) y xëëw (el sol). Hubo conferencias, un concierto del Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultural Mixe (CECAM) en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, así como diferentes puntos de venta de textiles mixes originales y la convocatoria para a una fotografía grupal vistiendo la nëxuy (blusa tradicional) en el Hemiciclo a Juárez.

El teatro se llenó, las blusas se agotaron rápidamente y la foto circula en Internet como una imagen en apoyo a Tlahui y su blusa tradicional, pero aún falta mucho por hacer. Si bien existen iniciativas de ley respecto a la protección de la propiedad colectiva en la Cámara de Diputados, aún falta dar seguimiento al diálogo constitucional en la búsqueda de una ley que se formule desde la voz la diversidad cultural, desde la palabra de los pueblos indígenas del país.

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El pasado 3 de julio, la Autoridad Municipal de Santa María Tlahuitoltepec hizo público el pronunciamiento en el que se denuncia una vez más el plagio de la empresa y se exige a Isabel Marant y a Gabriela Cortese, directora de Antik Batik, “a presentarse personalmente a la comunidad para que se den cuenta de la vida de la comunidad y el uso de la blusa típica, expongan sus razones por las cuales plagiaron el diseño, ofrezcan disculpa pública y se pronuncien en favor de la necesidad inaplazable de la instrumentación de mecanismos de protección en el nivel nacional e internacional a la propiedad colectiva de bienes tangibles e intangibles de las comunidades y pueblos indígenas”. Los elementos gráficos bordados en la blusa de Tlahuitoltepec, se menciona también, “no son sólo líneas rojas y negras que se cruzan, líneas que van y vienen; sino que expresan el sentido profundo de la vida de Tlahuitoltepec alimentada de plantas, del agua, de los astros, de la tierra, de los cerros y de la interacción entre las personas de la comunidad.”

¿Sabrá Isabel Marant que el Cempoaltépetl es sagrado y que ahí se esconde el Rey Condoy defensor de los mixes, “Los Jamás Vencidos”? ¿Sabrá que del maguey se obtiene el pulque para preparar el tepache de las fiestas y rituales, y que antes de tomarlo se rocían tres gotitas al suelo en agradecimiento a la Madre Tierra? ¿Sabrá que el sol se llama xëëw y se pronuncia igual que nombre y día en ayuujk? ¿Sabrá que los símbolos inmersos en el textil que ella vende en las boutiques de Francia y Estados Unidos son parte de la vida comunitaria en Tlahuitoltepec, así como la música que canta con el viento de la sierra? ¿Se imaginará cuántos pueblos más hay en el mundo, indignados al ver sus textiles, fruto de la colectividad y la tradición comunitaria, bajo firmas de diseñadores desinteresados por reconocer la cosmovisión plasmada en los diseños originales?

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La vida comunitaria de Tlahuitoltepec sigue su curso bajo el Cempoaltépetl, el viento sigue bailando al ritmo de los sones que interpretan las bandas municipales, la banda del CECAM, la banda Filarmónica Femenil Ka´ux y las decenas de niños que reciben cada año su primer instrumento en una ceremonia. La comunalidad se respira en la parte alta de la Sierra Mixe, así como se respira el tequio, la diversidad y la posibilidad de una vida en colectividad. Solo se necesita acercarse, con los ojos y el corazón abierto, para comprender que la blusa de Tlahuitoltepec , como la de todos los pueblos indígenas, es mucho más que hilos bordados sobre algodón.

 

* María Alvarez Malvido es antropóloga social por la UAM Iztapalapa.