México 71, el Mundial Femenil que no contó: las pioneras, entre reconocimiento tardío y desigualdad

Marcela Nochebuena · 9 de junio de 2026

México 71, el Mundial Femenil que no contó: las pioneras, entre reconocimiento tardío y desigualdad

Durante décadas, la hazaña de haber roto el récord de asistencia al Estadio Azteca como subcampeonas mundiales permaneció invisibilizada tanto en los relatos históricos del futbol como en los registros de la FIFA, que aún no reconoce el Mundial Femenil de 1971 y considera el de 2026, a punto de inaugurarse este jueves, como el tercero albergado por México. Sumando aquel que “no contó”, protagonizado por las pioneras del futbol, el de 2026 en realidad es el cuarto.

Para Alicia, Lourdes y Elvira, el México 71 permanece como un paradigma que abrió la cancha a las que vendrían, uno de sus mayores orgullos personales y una omisión institucional que en ese momento pudo no parecerlo ante los obstáculos, prejuicios y roles de género que sortearon, pero que quedaron atrás en el momento en que sintieron vibrar al Azteca, por y gracias a ellas, en la final contra Dinamarca del 5 de septiembre de 1971.

Los ojos de Elvira Aracén Sánchez saltan con la misma emoción mientras sus pies se levantan del suelo cuando recuerda la sensación del primer gol de su vida. “Lo que querías era jugar. No te preocupaba mucho qué dijeran. Nos dijeron de todo: ‘tu lugar no es este, es la cocina’, ‘vete a cuidar a los niños’, 50 mil cosas más, otras bastante más fuertes, pero tampoco importó mucho, porque tú sabías que querías hacer eso, y que además lo estabas haciendo bien”, sostiene 55 años después.

Elvira Aracén Sánchez. Foto: César Correa y Jonathan Vega

Cuando mira a distancia lo ocurrido, se lo explica por la época, las costumbres y la mentalidad de los varones de aquel entonces, mucho más tradicionalista. El rol impuesto a las mujeres era el de estar confinadas a las tareas de casa, además de la idea de que “una niña bonita, sentadita se ve mejor”.

“Empezamos a romperlas (esas ideas), sí, y creo que nos sentimos muy orgullosas de eso, porque después de haber jugado futbol y llenado un estadio con más de 100 mil gentes en México, la gente se dio cuenta de que las mujeres podíamos participar en lo que quisiéramos, y en el futbol lo hicimos, y lo hicimos bien”, remarca.

Ese legado cimentó el futbol femenino en México, pese a que aún persisten desigualdades estructurales. Ellas soñaron con ser futbolistas profesionales, llegaron a serlo y triunfaron sin el respaldo económico ni moral de las federaciones. Hoy, apenas se les está devolviendo un poco de ese reconocimiento, a través de un par de exposiciones en la Ciudad de México, y de la recuperación de su historia y sus relatos, en un país donde el balompié ha sido, sobre todo, “el juego del hombre”.

María de Lourdes de la Rosa Márquez, defensa lateral derecho en el Mundial de 1971, recuerda que su amor por el futbol comenzó a los seis años en las calles de la alcaldía Iztapalapa. Como la menor de cuatro hermanas, su padre fue el primero en alentarla a jugar “cascaritas” con los compañeros de la cuadra, en porterías improvisadas. “Yo estuve siempre a favor del ‘juego del hombre’, entre comillas en ese entonces”, cuenta.

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Cuando se enteró de que había equipos femeniles, decidió probar suerte. Desde la primera vez que la vio jugar, el entrenador de un equipo local vislumbró su futuro en el futbol. Después vino una carrera en ascenso, hasta que llegó la convocatoria para “la selección grande, la mayor”, integrada en su mayoría por futbolistas que ya habían jugado fuera de México.

“Fue increíble. Una semana antes del Mundial, realmente yo le decía a mi papá: ‘ya está la selección hecha, porque ellas ya fueron a Italia y ganaron el tercer lugar en Roma, así que esto yo creo que es un premio de consolación para las chicas que nos gusta el futbol”, recuerda. Su sorpresa fue cuando la llamaron a jugar con ellas el segundo tiempo en uno de los últimos partidos de preparación.

Incluso había pedido un autógrafo a quienes después serían sus compañeras. Recuerda que a los 16 años, su mayor temor era que su mamá la regañara por regresar tarde a casa. Salió de ahí, tomó el pesero de regreso y en la radio comenzó a escucharse el anuncio de las seleccionadas para el Mundial. “Pues ahora resulta que hasta las mujeres van a jugar futbol”, comentó el chofer.

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Una señora respondió en su defensa, reprochando que seguramente las mujeres harían un mejor papel que los hombres. La última participación de la Selección Mexicana varonil, de Raúl Cárdenas, había sido el año anterior, en el mundial México 70, cuabdo terminaron en el sexto lugar, tras ser eliminados en cuartos de final contra Italia. Un año después, ellas lo hicieron mejor, en condiciones más adversas.

“Nos daban horarios de las 5 de la tarde en adelante, jugábamos con canchas llenas de basura, de vidrios, y entonces antes de hacer un poquito de calentamiento, llegábamos a barrer y hasta a sacar animales de las canchas para jugar… Teníamos canchas deplorables y aparte con horarios incorrectos para unas niñas que jugaban futbol. Tuvimos obstáculos, muchísimos obstáculos de los federativos, de la gente, del medio deportivo, estábamos muy limitadas”, recuerda Lourdes.

Pese a sus esfuerzos, reclama, ese Mundial no fue oficial para la federación. En teoría, la FIFA no reconoce la justa femenil porque no fue la organizadora; sin embargo, en el fondo se debía a que el futbol femenil era considerado “amateur” y no encajaba en sus estatutos. Para el organismo, el primer Mundial femenil oficial que avaló fue el de 1991 en China.

María de Lourdes de la Rosa. Foto: César Correa y Jonathan Vega

“Cuando hay un gol así, el futbol es tuyo”

Elvira, portera en el Mundial de 1971, ya era atleta en la universidad cuando fue invitada a ser futbolista, aunque ella misma se sorprendía de que sus compañeras jugaran futbol. “¿Cómo van a jugar futbol, muchachas?”, recuerda que les preguntaba. Un día le pidieron acompañarlas, y no llegaron suficientes jugadoras. Ella tuvo que entrar “al quite”.

“La verdad yo no sabía jugar Ya había terminado la carrera de educación física, pero no nos dieron futbol a las mujeres; el futbol era únicamente para los varones. Si nosotras agarrábamos cualquier pelotita de futbol, el maestro decía: ‘niña, deja eso, que no es para ti’”, cuenta. Esa era la mentalidad con la que ella misma había crecido.

Le prestaron un uniforme, la pusieron como delantera y ella no sabía ni para dónde pegarle al balón. “En una de esas que me avientan la pelota y le pego. Entra exactamente en la esquina de las arañas y fue gol. Cuando hay un gol así, el futbol es tuyo, mágicamente te entra por todo el cuerpo y dices ‘yo ya sé jugar futbol’. Pues no era cierto, pero la emoción de anotar un gol para cualquier niño, joven o adulto puede ser maravillosa; para mí lo fue”, cuenta con el brillo de ese recuerdo en los ojos.

Aquel primer partido terminó en pleito, pero ella ya estaba dentro. Empezó a jugar como delantera y resultó campeona goleadora en su primer año. A diferencia de sus compañeras, no había empezado desde pequeña, pues venía de un pueblo “donde no había más que burros, caballos y águilas”. Estudiar fue lo que le dio la posibilidad de iniciarse en el futbol, “y una vez que entra, ya es muy difícil que salga”.

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Así terminó jugando para el Club Guadalajara, y fue seleccionada como una de las cuatro mejores de su equipo cuando llegó el momento de conformar la selección femenil para Italia 70. Incluso entonces no sabía si iría al Mundial, pero quería prepararse lo mejor posible. Solo había 16 espacios. En la última “cascarita”, no había portera, y quedaba poco tiempo. Campeona de salto como atleta, Elvira no tuvo el menor problema.

“Esa era mi especialidad”, remarca. Sabía que había otras 10 que quizá podían tocar mejor el balón, pero no muchas porteras, y el viaje a Italia no se lo iba a perder: “fue increíble, fue un entrenamiento muy fuerte para llegar, pero no teníamos ni patrocinio ni nada que pudiera decir ‘este es el equipo representativo de México”. Recuerda bien que iban de blusa blanca, falda negra y una chamarra verde con el escudo de México, que llegó justo cuando ya estaban en el aeropuerto.

Entrenó y se probó también para el México 71. “¿Quieres ser titular? A ver si es cierto”, la retaba el entrenador, y tiraba “con todo lo que tenía”. Un hombre pateaba mucho más fuerte. Aprendió a entenderlo, porque su objetivo era ser titular, tenía que trabajar el doble o el triple, y estaba dispuesta. En el segundo partido fue la titular del México 71, una satisfacción muy grande, dice.

Alicia “La Pelé” Vargas
Alicia “La Pelé” Vargas. Foto: César Correa y Jonathan Vega

Alicia “La Pelé” Vargas empezó a hacer sus pininos en la calle

Alicia “La Pelé” Vargas también jugó los mundiales del 70 y 71. Empezó a hacer sus pininos en la calle con sus hermanos y los vecinos, después de la escuela. A los 13 años acompañaba a sus hermanos a los juegos —les “cargaba la maleta”, dice— para patear un balón cada vez que se pudiera. Ellos le enseñaron a jugar. Un día se enteró dónde se jugaría el femenil América-Chivas, consiguió ir y la metieron de “cachirula” unos diez minutos. Poco tiempo después empezó a jugar para el Guadalajara.

En el selectivo para el Mundial de Italia clasificó, junto con Elvira, entre las mejores jugadoras de cada equipo. Se fue con las 16 que iban a representar a México sin apoyo, con un número para coserlo o pegarlo en cualquier playera blanca. Por esos días, la prensa escribió: “sale la selección a su aventura” con las letras más pequeñas en la sección de deportes, pero ellas iban bien convencidas.

La “aventura” refería a que los equipos europeos supuestamente tenían mucha más experiencia. En el primer partido contra Austria golearon 9-0. De esos 9, ella metió cuatro y entonces nació su sobrenombre. No le gustó mucho, porque para ella Pelé era “un señorón”, al que había ido a ver en el Mundial México 70. Las mexicanas terminaron en tercer lugar en Italia. “Fue algo que no esperas”, reconoce.

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México 71 fue la máxima emoción, porque quienes ya las conocían pudieron verlas jugar en su propio país. Fueron llenos totales casi en todos los partidos. “Para cada una yo creo que jugar en su propio país representó algo muy especial, y que realmente era también un deporte femenil”, dice. Alicia fue feliz de que pudiera verla su familia, pero principalmente por “llevar a todo México en el hombro”.

En aquella época ellas no sabían de reconocimientos, aunque con el tiempo se dieron cuenta de que quizá la FIFA no tenía interés. El presidente actual, Gianni Infantino, ha dado las primeras muestras de la intención de reconocer el México 71. Cuando visitó el Museo Yancuic, en Iztapalapa, en marzo de este año, se reunió con Alicia, Lourdes y Elvira, les rindió homenaje, se refirió a sus trayectorias y a que siguen inspirando a las infancias. “Verbalmente, quedó muy formal de que nos iba a reconocer”, puntualiza “La Pelé”.

Alicia “La Pelé” Vargas, Elvira Aracén Sánchez, y María de Lourdes de la Rosa
Alicia “La Pelé” Vargas, Elvira Aracén Sánchez y María de Lourdes de la Rosa. Foto: César Correa y Jonathan Vega

“Todavía falta mucho, pero que aspiren”: las pioneras animan a niñas futbolistas

En México y en el mundo, la desigualdad estructural más fuerte que siguen enfrentando las futbolistas en relación con sus pares varones es una brecha salarial extrema. Las mujeres ganan entre 50 y 200 veces menos.

En la LigaMX la diferencia llegó a ser de 3 mil 500 pesos mensuales de ellas contra 545 mil y más en la liga varonil. Aunque para las mujeres fue incrementando a 10 mil, en promedio, y algunas jugadoras perciben entre 100 mil y 150 mil pesos anuales, el salario de los hombres puede alcanzar los 90 millones de pesos al año.

Una de las diferencias fundamentales, señalan las pioneras, es que los equipos se han profesionalizado, y hoy cuentan con preparadores físicos, cuerpo técnico, canchas adecuadas, nutriólogos y apoyos económicos. Ya no hay que entrenar solo con una bolsa de pan en el estómago, como Lourdes recuerda haberlo hecho. Pero todavía hace falta soñar en grande ante cambios que ocurren poco a poco.

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“Todavía falta mucho, pero si ellas desean y les gusta el futbol, que lo hagan, que aspiren; si ese es su propósito, su objetivo, su meta, lo pueden lograr, por todas estas situaciones y equipos que ya tienen. Tienen  apoyos que nosotras no tuvimos, con todo eso pueden llegar a ocupar un lugar en la Selección Nacional”, asegura Lourdes.

Para ella, el mejor recuerdo es plantarse en un equipo, en una cancha, y desde ahí escuchar el Himno Nacional Mexicano. Ella y sus compañeras lo lograron, lo disfrutaron y ocuparon ese tercer lugar en Italia y segundo en México. “Ahora ellas pueden lograrlo y ser las campeonas mundiales”, desea.

Para Elvira, hay dos cosas en la vida: “estudien lo que quieran y jueguen el deporte que deseen, pero no pueden rajarse; tienen que ser persistentes, consistentes y seguir siempre adelante a pesar de los problemas que se presentan, porque van a estar orgullosas cuando lo logren. Todas las chicas pueden lograr sus sueños si se empeñan en hacerlo”.

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Alicia cree que con la existencia de una liga, muchas más niñas van a querer ser futbolistas profesionales, pero es necesario generar las condiciones para que puedan tener oportunidades en diferentes categorías. Ella solo puede aconsejarles que sigan sus sueños, y que no desmayen ante la adversidad.

“Ahora ya hay un poco de igualdad, se puede abrir un poquito más fácil que llegue cualquier niña a realizar su ilusión y su deporte, que sigan creciendo paso a paso”, desea Alicia. Para ella, todos los momentos como futbolista pueden ser diferentes, pero igual de importantes cuando un primer gol convierte al futbol en una pasión.