Redacción Animal Político · 19 de agosto de 2023
A propósito del reciente debate sobre los roles sociales de género y como son estos utilizados en películas, libros, programas televisivos u expresiones culturales, es necesario hacer una serie de precisiones que permitan tener un mejor debate público. Por los que revisaré a la luz de lo argumentos comunes un elemento relegado en el debate y en la acción pública, pero necesario, que es el papel de las masculinidades para reducir brechas de género.
El debate sobre los roles de género no es un nuevo. Por siglos, hombres y mujeres han desarrollado roles sociales; un conjunto de conductas, expectativas y deberes que nacieron de características físicas o creencias religiosas y luego se tornaron normas morales y sociales, y que se extendieron a la estructura política, económica y social, tornándose en “normalidad”.
La normalización de este orden social incluía mecanismos de defensa que alimentaban la idea de que los derechos que ganaran las mujeres iría en detrimento de los espacios de los hombres, lo que derivó en una aparente y opuesta dicotomía entre el “feminismo” y el orden social de la idea tradicional de la masculinidad —la “guerra de los sexos”. Más recientemente, el uso de epítetos como“ideología de género” o “feminazis” caricaturizaban a las personas que promueven el reconocimiento y protección de los derechos de las mujeres, desacreditando sus motivaciones.
El orden social actual es un reflejo de la idea tradicional de la masculinidad, donde se premia las características conductuales que se asocian a o reflejan fortaleza física y agresividad, entendidas como liderazgo y dominancia, versus aquellas que mostraban características propias de desarrollos emocionales. Por adaptación, se les enseñó a los hombres a ser dominantes antes que mostrar empatía, y permanecer estoicos antes que mostrar cualquier sentimiento; pero lo que resultó eventualmente fue una crisis de identidad. Los seres humanos necesitamos desarrollarnos tanto física, espiritual, como emocionalmente. Al privilegiar solo las características físicas paradójicamente tienen que alejarse, negar o adormecer aquellas características que permitían solucionar este desbalance de su integridad e identidad.
Lo anterior resulta en que hombres, en una sociedad masculina, no encuentran formas para su desarrollo pleno; encuentran en la agresividad un medio para relacionarse, expresar su sexualidad o mostrar sus frustraciones. Son propensos a la depresión, la soledad y el suicidio como efecto a la autocensura de la emociones y por no encontrar en su pares hombres maneras de expresar o dar empatía. Caso contrario, aquellos hombres que logran, a pesar del peso cultural y social, encontrar formas alejadas de la violencia, promotoras de una vivencia igualitaria y diversificada, son seres socio-emocionalmente funcionales.
En pocas palabras, las sociedades con estructuras machistas también tienen efectos negativos en los hombres. Es tiempo de desarrollar, desde la sociedad y desde la acción gubernamental, modelos de masculinidad no sujeto a roles de género tradicionales, y premiar socialmente estas conducta en los hombres como una expresión personal propia en libertad y donde buscan su desarrollo pleno. Más importante, debemos dejar de ver los reclamos de las mujeres ante un entorno inseguro, sexista y violento como una queja y reconocerlos como una demanda legitima para construir sociedades más igualitarias. Esto en favor no sólo de mujeres, sino también de hombres y las sociedades en su conjunto.
* Cristopher Ballinas Valdés (@crisballinas) es Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford, académico y experto en gobierno y asuntos internacionales. Como diplomático fue responsable del diseño e implementación de la Política Exterior Feminista de México.