Obesidad y educación

Redacción Animal Político · 16 de agosto de 2025

Obesidad y educación

Semanas antes de finalizar el ciclo escolar, y a unos días de iniciar el siguiente, las escuelas han recibido el encargo de ejecutar la estrategia de vida saludable que busca promover activación física, alimentación saludable, y cuidado dental y oftalmológico.

Uno de los caminos de dicha estrategia es restringir la venta o distribución de alimentos con alto contenido de azúcar o ultraprocesados dentro de las instalaciones escolares y, a cambio, fomentar hábitos saludables para prevenir la obesidad infantil. Existe un manual dedicado a tal fin que se puede consultar aquí, y que incluye recomendaciones, recetas y una lista de alimentos no permitidos.

En un país donde el 25 % de las y los menores de 10 años padecen obesidad y el 24.7 % de las y los adolescentes presentan sobrepeso, la pregunta es cómo frenar esa tendencia que puede causar diversos padecimientos físicos y psicológicos en las niñas, niños y adolescentes y cuál es la responsabilidad de la escuela.

Recordemos que es imposible que la escuela sea responsable de todos los temas que afectan a la niñez y juventud; sin embargo, es una realidad que el espacio escolar no puede ser únicamente pensado para aprender las tablas de multiplicar o los ríos de México. La escuela es un espacio de desarrollo integral donde las y los estudiantes aprenden contenidos académicos, pero también pautas de autocuidado, educación socioemocional, ciudadanía, etcétera. Y aunque la familia debe ser un espacio de aprendizaje de hábitos saludables, no siempre tiene la información o las posibilidades económicas de llevarlo a cabo, por lo que recae en la escuela una parte de la formación para que las Niñas, Niños y Adolescentes (NNA) tengan mejores patrones de alimentación.

Para que la estrategia de vida saludable sea exitosa no es suficiente prohibir, de nada sirve que las y los estudiantes no puedan comprar “comida chatarra” en la cooperativa de la escuela, si afuera se vende todo lo que se prohíbe dentro, lo que se requiere es entonces un compromiso social.

El papel de la escuela siempre será educativo: brindar información dentro y fuera del aula para que las NNA y sus familias conozcan los alimentos saludables y aprendan sobre cómo brindan energía y nutrientes a su cuerpo; clases de educación física menos enfocadas en la competencia deportiva y más en fomentar la activación física lúdica e incluyente; concientización sobre las consecuencias de la obesidad en la vida de NNA y que pueden llegar a la adultez; romper estigmas sobre las personas con problemas de sobrepeso; cambiar estereotipos que atacan o excluyen ciertos tipos de cuerpos y, finalmente, una visión de autocuidado que no solamente está relacionada con el peso corporal sino con la importancia de que cada persona, desde el preescolar hasta la vida adulta, sepa y tenga las herramientas para cuidar la salud física y mental.

Con todo esto no se puede dejar a la escuela sola. Los medios de comunicación, las familias, el comercio y la sociedad en general debería tener un compromiso que permita acciones conjuntas. Si cuidamos a las NNA desde los primeros años, si mostramos que la alimentación también es un acto social de amor y compañía, y que hay alimentos que se pueden disfrutar eventualmente y otros que son para consumo frecuente, si se rescatan los alimentos locales y tradicionales -la comida de la abuela- en términos coloquiales, estaremos dando pasos importantes para cambiar la mentalidad de la alimentación y realmente prevenir la obesidad infantil.

La escuela puede ser un espacio formativo de vida saludable, pero no puede quedarse en la restricción. Las y los estudiantes sanos y activos tendrán más posibilidades de asistir a la escuela, de aprender y participar en ella. La apuesta es favorable si vemos la escuela como un espacio pertinente para el desarrollo integral de las personas, y que lejos de prohibir una dona o un refresco, se genera la conciencia de la importancia del consumo responsable y cómo esta elección que comienza en la primera infancia y genera hábitos que pueden durar toda la vida.

* Laura Ramírez es directora de Fortalecimiento de Comunidades Educativas.