Marcela Nochebuena · 8 de mayo de 2026
Sebastián y Silvia conocen la historia del abuso sexual infantil de primera mano. Están convencidos de que solo hablándolo en primera persona se puede romper el tabú y normalizar la conversación al respecto. Luego de 14 años de trabajo en Argentina para visibilizar y prevenir esa forma de violencia, aprovecharán el Mundial 2026 para ponerle foco.
Su historia se resume así: ambos son sobrevivientes de violencia sexual infantil y desde 2012 trabajan juntos sobre la base de que para prevenirla es necesario romper con el silenciamiento y la comodidad adulta. Para ellos, conocer la problemática a fondo es un paso clave para impulsar estrategias enfocadas en la niñez: sostienen que hacer frente al delito pasa por entenderlo, hablarlo y comprometerse.

Argentinos radicados en Buenos Aires, Silvia Piceda y Sebastián Cuattromo son fundadores de la asociación civil Adultxs por los derechos de la infancia, que nació en 2012 como un colectivo. Ella es sobreviviente de abuso sexual y otras violencias en la infancia. En 2009, a los 42 años, se dio cuenta de que éstas no habían quedado atrás cuando su hijastra le reveló que había vivido abuso por parte de su padre, con quien Silvia compartía una vida y una hija biológica menor.
La confesión de su hijastra tenía la finalidad de proteger a la más chica. Cuando Silvia la acompañó a denunciar y pidió protección para su propia hija, el poder judicial argentino desestimó ambas peticiones, e incluso ordenó convivencias con el agresor, lo que la llevó a escapar, y después a buscar apoyo en grupos de pares. Al no encontrar ninguno en Argentina, comenzó a formar uno propio con otras madres protectoras, como ahora las llama.
Así comprobó que su largo camino frente a la justicia no era la excepción, sino una regla sistemática. Decidió contar su historia públicamente, aunque de manera anónima, para proteger la identidad de su hija, con la finalidad de exponer cómo el Estado se había vuelto contra ella cuando solo intentaba proteger y defender.
Sebastián, por otro lado, sobrevivió al abuso eclesiástico en el Colegio Marianista de Buenos Aires, donde fue abusado por un hermano y docente que hizo lo mismo con otros niños. Su familia y la escuela estaban atravesadas por múltiples violencias, cuenta ahora en entrevista, lo cual lo condujo a sentirse vulnerable y solo.
Era “toda una impronta cultural y relacional fuertemente autoritaria, donde había múltiples violencias y abusos de poder en las relaciones entre adultos y niños, violencias físicas, emocionales, psicológicas. Lamentablemente era una cultura que además estaba legitimada, naturalizada, por ejemplo, por el conjunto de familias que elegían a este colegio para mandar a sus hijos, como era mi caso”, apunta.
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A los 23 años, en el año 2000, presentó una denuncia penal. Después de 12 años, en 2012 logró un juicio oral y público que terminó con la condena de su abusador. Durante el proceso, Sebastián hizo pública su historia, lo que le llevó a generar contacto con otros sobrevivientes, como Silvia.
Silvia y Sebastián —ahora pareja— se conocieron en noviembre de 2012. Para entonces ya compartían la idea de que el abuso sexual infantil es un tema cultural, y que para cambiar la situación de las infancias es necesario romper con el silenciamiento y la comodidad adulta. Desde entonces han trabajado juntos para hacer públicas sus historias y crear grupos de pares mixtos, que incluyen a sobrevivientes, madres y padres protectores, y otros acompañantes.
Hoy resaltan la importancia de los grupos de pares como vía para hablar y atender las largas secuelas de la violencia sexual infantil. El abuso sexual contra niñeces, enfatizan, es una crisis global de la que son víctimas más de 393 millones de infancias en el mundo. En total, más de mil 400 millones de personas —1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 7 varones— lo han experimentado.
Además, quienes sufrieron violencia sexual en la niñez son 66 % más proclives a padecer un trastorno depresivo mayor, y 87 % a desarrollar consumos problemáticos de sustancias, en comparación con quienes no vivieron esas experiencias.
En México, según ha documentado Animal Político, el informe Es un secreto ha evidenciado, hasta 2024, 27 casos en 12 entidades de niñas y niños que han vivido violencia sexual, incluso coordinada por múltiples agresores, en preescolares y primarias públicas y privadas. Se calcula que en el país un tercio de los casos de agresiones de este tipo ocurren en el entorno escolar.
Obligada desde 2021 por la sentencia derivada del caso del kínder Marcelino de Champagnat —en el que se fincaron los delitos de pederastia agravada y en grado de tentativa, así como violación equiparada agravada por la agresión a 21 infancias de entre cuatro y seis años en diferentes espacios de la escuela—, apenas el año pasado la Secretaría de Educación Pública puso en marcha una jornada para la concientización del abuso sexual.

Ese es el escenario por el que Sebastián y Silvia quieren hacer llegar su activismo al mundo. Para ellos, el Mundial 2026 que organizan México, Estados Unidos y Canadá es un foro único para poner los ojos de personas de todo el orbe sobre fenómenos sociales que requieren atención urgente. El contexto mundialista de junio será para ellos la ocasión perfecta para traer al país su campaña “Cuidar la niñez es parte del juego”.
Eso es, al mismo tiempo, resultado del cuestionamiento que plantea la pareja en torno al papel de organismos como la FIFA y la propia industria del futbol: aunque se sostienen sobre la participación y el consumo de niñeces y juventudes, los intereses económicos suelen eclipsar cualquier otro derecho y facilitar contextos de vulnerabilidad.
Añaden que aunque la copa mundial se desarrollará también en Estados Unidos y Canadá, su organización ha definido, por una postura política, que su presencia física se concentrará únicamente en México durante sesenta días, del 29 de mayo al 30 de julio. Su propuesta se dará a conocer ampliamente en una conferencia de prensa a principios de junio.
Las actividades que planean en nuestro país incluyen jornadas educativas, foros y actividades de visibilización en conjunto con organizaciones e instituciones, como Luminas en San Luis Potosí, la procuraduría de protección de las infancias en Jalisco, la Universidad Nacional Autónoma de México, y otras organizaciones en Hidalgo y Yucatán, donde también participará un grupo de teatro iberoamericano.
Aunque los recursos económicos son limitados, la resolución de Silvia y Sebastián es infinita. “Gracias al aporte de ellos podemos hacer la campaña en redes con todo un equipo que viene trabajando los contenidos, la comunicación; pero después, por ejemplo, todas nuestras estadías en México y nuestros desplazamientos son de manera solidaria, porque no contamos con recursos para estar pagando alojamiento privado”, dice Silvia al referir el apoyo de la organización alemana Tauwetter.
Además, a la campaña también sumarán la difusión del libro Somos Sobrevivientes: crónicas de abuso sexual en la infancia, de Alfaguara, donde ocho escritores argentinos contemporáneos —entre ellos Claudia Piñeiro, Dolores Reyes, Gabriela Cabezón Cámara y Sergio Olguín— documentaron las historias de quienes integran el colectivo.
Animal Político publicó en abril de este año cómo en México, el libro Somos tod@s propone nombrar y narrar el trauma para resignificar y romper los ciclos de violencia, mediante la compilación de 12 testimonios de diversos tipos de agresiones durante la infancia, en un contexto en el que México sigue siendo uno de los países con mayor incidencia de abuso sexual infantil, pese a que se calcula que un 80 % de los casos no se denuncia.

Debido a que proteger a las niñeces es una responsabilidad colectiva, definen Silvia y Sebastián en su propio comunicado, la campaña “Cuidar es parte del juego” convoca a organizaciones, instituciones, deportistas, aficionados y comunidades de todo el mundo a sumarse al compromiso de garantizar que cada niño, niña y adolescente crezca libre de violencia.
Ese cuidado de las infancias, consideran, debe ser parte fundamental de la vida cotidiana: su intención es llamar la atención en busca de que la sociedad adulta esté atenta y cuidadosa con la niñez, sin distracciones ni postergaciones.
Consideran fundamental romper el aislamiento de los sobrevivientes. Desde sus experiencias personales, quieren enviar un mensaje de esperanza a los sobrevivientes que se sienten solos, mostrándoles que no lo están, y que es posible romper con el mandato social del silenciamiento.
Además, para Silvia y Sebastián es igualmente importante denunciar el adultocentrismo, pues prioriza la comodidad adulta sobre los derechos de la infancia, lo que consideran la raíz de la impunidad en los casos de abuso sexual infantil. Por ello, en redes sociales compartirán recursos sobre prevención, abordaje y contacto con organizaciones de apoyo para amplificar herramientas y movilizar a la sociedad.
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Ante la presencia internacional que habrá en México y la falta de acción de los Estados, una parte de sus objetivos es denunciar la impunidad al hacer visible la masividad y transversalidad del abuso sexual infantil a nivel global. Ese escenario también vuelve fundamental que los adultos, especialmente en entornos deportivos, aprendan a detectar las señales de abuso que las niñas y niños suelen manifestar incluso a través del juego y de determinados comportamientos.
Adultxs por los derechos de la infancia reivindica el concepto de “niñismo” y el derecho al juego, es decir, un llamado a poner a las infancias como sujetas de derechos al centro de la sociedad, con la libertad de ejercer todos sus derechos, en particular el del juego, en el contexto del Mundial 2026, donde hay una doble responsabilidad de proteger a la infancia.
“Sobrevivientes de abuso de diversas generaciones damos testimonio acerca de cómo, siendo niñas, niños y adolescentes víctimas pasamos delante de nuestras familias, de nuestras escuelas, de nuestras comunidades, nuestros barrios, nuestros clubes, dando múltiples señales, múltiples gritos silenciosos, sin que nadie supiera verlos ni escucharlos, sin que nadie se tomara el trabajo de decodificarlos porque, entre otras cosas, las infancias muchas veces no manifiestan que están siendo víctimas del delito de abuso sexual con palabras”, enfatiza Sebastián.
En el mundo del juego y de los deportes, destaca, hay una responsabilidad especial de generar una movilización que lleve a comprometerse con las infancias, capacitarse y formarse en estas temáticas. Eso generaría contextos, ámbitos y situaciones donde las niñas, niños y adolescentes puedan manifestar que están siendo víctimas de abuso, y que en el juego, los deportes y el futbol, lejos de encontrar otras expresiones de violencia, encuentren a personas adultas que sepan detectar esos gritos silenciosos.