Red de Defensoras Digitales, movimiento que impulsa Olimpia Coral para hackear la violencia sexual

Eréndira Aquino · 26 de agosto de 2026

Red de Defensoras Digitales, movimiento que impulsa Olimpia Coral para hackear la violencia sexual

Tras sobrevivir a la violencia sexual digital, el camino hacia la justicia y la recuperación exige una reconstrucción profunda de saberes y narrativas personales. Esta experiencia no se vive de la misma forma en todos los territorios ni con los mismos protocolos, advierten la activista Olimpia Coral Melo y la psicóloga Mayra Martínez, quien colabora en la contención y capacitación de víctimas

Sus reflexiones surgen tras el encuentro y la convivencia en un campamento realizado en Guelatao, Oaxaca, cuya emblemática laguna fue testigo de los procesos y la escucha de las historias compartidas por las mujeres indígenas que ahora llevarán la Ley Olimpia a sus comunidades, en las que rigen los usos y costumbres.

Aunque más allá de saberes y protocolos Olimpia sostiene que para erradicar este tipo de violencia se requiere de un “pacto mundial digital”, en el que, aunado a las acciones que cada país establezca para investigarla y castigarla, “debe haber un tratado internacional global que exija a las plataformas responsabilizarse”. A eso apunta el futuro de su lucha.

Red de Defensoras Digitales, el movimiento que impulsa Olimpia Coral para hackear la violencia sexual digital
Olimpia Coral Melo. Foto: Especial

Violencia digital en comunidades indígenas: aprendizajes desde el territorio 

Han transcurrido 14 años desde que se filtró un video íntimo de Olimpia Coral, y ahora en los 32 estados y a nivel federal se han realizado reformas para reconocer y castigar la violencia sexual digital. La activista reflexionó sobre cómo ha cambiado el sentido de su lucha, y acerca de que “no todas estamos expuestas de la misma manera, no todas podemos salvarnos de la misma forma, no a todas nos sirve el mismo protocolo […] los saberes colectivos me han ayudado muchísimo en cosas que ni el Estado ni la ley podían”.

La activista remarcó que es necesario redefinir el consentimiento, ya que en un primer momento ella pensó que había estado de acuerdo con la grabación de un momento íntimo que realizó su entonces pareja, y ahora considera que “no había analizado las implicaciones, y ceder no es consentir”. Además, apuntó que este tipo de violencia se va transformando con la aparición de nuevas tecnologías en las que un “algoritmo patriarcal” lucra con el cuerpo de las mujeres.

La posibilidad de compartir estos saberes con otras mujeres que, como ella, son “de pueblo”, hizo sentir a Olimpia identificada con los miedos que tuvieron ante la idea de verse expuestas por acompañar casos de violencia digital, ante lo cual resultó valioso que dialogaran sobre formas de contención y de seguridad desde los saberes colectivos.

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A este reconocimiento de las brechas territoriales se sumó la dificultad de nombrar la violencia digital en regiones donde las lenguas originarias carecen de términos neutrales para conceptos como tecnología, internet o sexo. Durante los talleres en Guelatao, las defensoras advirtieron un doble tabú: por un lado, las palabras vinculadas al ámbito sexual adquirían automáticamente una connotación peyorativa o estigmatizante; por el otro, la ausencia absoluta de vocablos tecnológicos obligó a un ejercicio comunitario para co-construir significados desde cero.

Frente a un panorama en el que  el dolor y el escrutinio social amenazan con aislar a las sobrevivientes de violencia sexual digital, el acompañamiento psicoemocional que impulsa Mayra tampoco responde a manuales rígidos o burocráticos.

La psicóloga enfatiza que la contención inicial no recae exclusivamente en la figura de un especialista, sino en la fuerza de la red y en la escucha mutua, cruzada por una perspectiva feminista que erradica la culpa y la revictimización institucional. En este proceso, la sanación ha encontrado refugio tanto en los primeros auxilios psicológicos como en los saberes de la tierra, reconectando a las mujeres con su primer territorio y tecnología: sus propios cuerpos.

Red de Defensoras Digitales, el movimiento que impulsa Olimpia Coral para hackear la violencia sexual digital
La Ley Olimpia nos funciona para reivindicar nuestros nombres y combatir un algoritmo patriarcal, asegura la activista Olimpia Coral. Foto: Eréndira Aquino

Defensoras Digitales: una red de acompañamiento y orientación legal para víctimas

La Red de Defensoras Digitales, impulsada por Olimpia Coral, es una colectiva latinoamericana de mujeres sobrevivientes de violencia sexual digital que brinda acompañamiento y asesoría legal a víctimas. También imparten talleres, conferencias y capacitaciones en las que promueven espacios seguros en internet.

En su sitio web, se encuentra un formulario para reportar casos de ciberacoso o difusión de imágenes íntimas sin acontecimiento, así como un violentómetro digital e información legal sobre las reformas de la Ley Olimpia en México y su expansión en América Latina.

Mayra Martínez explica que en algunas ocasiones a las integrantes de la red les resulta complejo atender de manera personalizada a las víctimas de este tipo de violencia; sin embargo, asegura que “intentamos atender los casos que podemos cuando llegan mensajes a nuestras redes sociales o comentan nuestras publicaciones”. Desde hace un año lanzaron también una inteligencia artificial llamada “OlimpIA“, que está programada por la Red de Defensoras Digitales para dar apoyo de diferentes formas como ejercicios de respiración, orientación legal e información sobre el entorno digital.

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Sin embargo, aclara la psicóloga, “no somos un colectivo de atención a víctimas, somos un movimiento”. Olimpia subraya que “las sobrevivientes hemos encontrado formas para sostenernos en colectividad, para sanar juntas” y señala que aunque “pensamos que porque todavía existe la violencia digital no estamos avanzando, siempre avanzamos y funciona mucho seguir construyendo saberes para prevenirla y combatirla en todos sus aspectos”.

A quienes, como ella, han sido víctimas de este tipo de agresiones, les recuerda: “nos dirán putas, nos dirán malas, nos dirán provocadoras y nos llamarán de todo, que es nuestra culpa, pero no les crean. El agresor dirá que su vida se va a acabar, que se va a acabar su reputación y su vida, pero sólo para intentar engañarnos y seguir con los ataques“.

“La Ley Olimpia nos funciona a todas en ese sentido de reivindicar la culpa, reivindicar nuestros nombres y combatir un algoritmo patriarcal. Por ello seguiremos en la lucha”, concluyó.