Marcela Nochebuena · 14 de julio de 2026
Ante el escaso o limitado acceso a la salud de las personas trans, marcado por la patologización y los estigmas, la nueva Guía de Atención Latinoamericana, El Caribe y Las Antillas de Salud Trans (GALA) pretende aportar herramientas para atender desde una mirada que realmente entienda sus necesidades.
Así lo explica en entrevista Daniela Muñoz, directora general de TransSalud, al sostener que la atención pública por lo general es deficiente, pues las instituciones con frecuencia no saben o no quieren tratar a las personas trans, aunque existen algunos protocolos, y cuando lo hacen siguen sin saber cómo; por otro lado, el acceso a la atención privada resulta particularmente difícil dado el ingreso promedio de estas poblaciones.

GALA consigna no solo los términos correctos para nombrar a diversas identidades, sino que va algunos pasos más adelante para hacer ver que, por ejemplo, la transición hormonal no debe ser considerada un “reemplazo” o “afirmación”, pues ninguna hormona o cirugía afirma una identidad. Más bien se trata de una armonización: un camino hormonal para armonizar el cuerpo con lo que la persona ya sabe que es.
“Es una de las primeras guías adecuadas al contexto latinoamericano de las personas trans, adecuada también a su economía, a los contextos geopolíticos. Es una guía que, además, es despatologizante y desmedicalizante”, apunta.
La guía incluye, por ejemplo, apartados como la desbinarización, áreas de microdosis, el tratamiento hormonal y la atención a personas en situación de migración o a niñeces y adolescencias, con la intención de reunir el conocimiento suficiente para dar tratamientos hormonales de la manera más específica y exacta para cada persona.
De hecho, parte de la intención de GALA es mostrar que cada persona puede seguir el camino que elija para su transición, contrario a la idea de que los pasos deben ser siempre los mismos para todas las personas trans. “El camino es que lo que tú elijas, lo hagas de manera saludable”, subraya Muñoz.
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TransSalud, una red y clínica que desde enero de 2021 atiende a más de 7 mil pacientes en 23 países, ha reafirmado esto mediante sus consultas. De su total de pacientes, el 55.9 % inicia primero su transición social, el 22.1 % comienza con la hormonal, y el 3.5 % opta por la quirúrgica desde un inicio.
La mayoría de los pacientes llega a su primera consulta en TransSalud entre los 19 y los 24 años (44.6 %) o los 25 y 35 (32.8 %), mientras que algunos más se encuentran entre los 15 y los 18 años de edad (13.7 %) cuando se acercan por primera vez, y los menos entre 36 y 45 años (5.5 %), 46 a 55 (1.7 %), 8 a 15 (1.1 %) y 56 a 65 (0.5 %). Sin embargo, uno de los planteamientos de la red es también empezar a hablar de estados metabólicos en lugar de edades en rangos de cifras.
Bajo el principio de que “la identidad no se tutela, se protege”, la guía no solo plantea diversos escenarios de hormonización dependiendo de los deseos de las personas, sino que aborda cómo deben ser las evaluaciones médicas y cómo deben conducirse quienes brindan la atención. “Apostemos un poco de nuestro tiempo al servicio de nuestras utopías, y que nuestra utopía sea la de un mundo más igual donde las desigualdades no duelan”, se destacó durante la presentación del documento.

Muñoz destaca que uno de los puntos importantes de la despatologización para entender a la población trans es que ya ni siquiera debe hablarse de un tratamiento, sino de un camino de armonización a las corporalidades que se desean y se necesitan.
Otro aspecto relevante es que la guía propone desembarazarse de términos estigmatizantes, como “disforia”. “Estamos hablando en toda la guía del término euforia de género, que es realmente lo que tenemos las personas trans, viene del griego antiguo ‘eus’, bien, ‘fore’, llevar, un bien llevar del género, y eso es realmente lo que tenemos las personas trans”, explica.
La médica subraya que es falso que las personas trans sientan odio o rechazo hacia sus cuerpos; más bien, desean uno distinto. También aclara, por ejemplo, que la esperanza de vida de las personas trans no es de 35 años, sino prácticamente la misma que la de cualquier otra persona.
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“Hablamos de que las hormonas no nos dan cáncer, no nos dan diabetes, no nos dan trombosis, porque eso ya está más que sustentado en data científica”, añade. La guía incorpora indicaciones sobre cuál medicamento recetar según el contexto económico, porque no es lo mismo una inyección de 50 pesos al mes que de 30 mil. Recuerda que por la data desinformadora sobre la esperanza de vida las pólizas para seguros de gastos médicos mayores llegan a ser hasta 70 u 80 % más caras.
“Es importante darnos otros números, otra forma de entendernos, para que tanto en la parte privada sea accesible el tratamiento, que podamos tener seguros médicos accesibles, y que en la parte pública sepan ya por fin con qué y cómo tratarnos”, indica.
Muñoz recuerda que el promedio que gasta una persona trans al mes en su salud es de mil pesos, mientras que entre el 70 y 80 % tiene ingresos mensuales inferiores a 8 mil pesos, por debajo del salario mínimo. Esto resulta particularmente relevante en una población que alcanza entre un millón y un millón y medio de personas en el país. De hecho, apunta, no se trata de una minoría, sino de una población minorizada.

La pertinencia de la Guía de Atención Latinoamericana, El Caribe y Las Antillas de Salud Trans radica también en la intención de atender, con planteamientos específicos para cada tipo de caso y situación, a poblaciones que enfrentan diversas desigualdades, entre las que destaca el acceso a la salud.
Durante la presentación del documento, se recordó que en Estados Unidos 29 % de las personas trans vive en pobreza, contra un 12% de la población general; en tanto, en México el 60 % se dedica al trabajo sexual. El desempleo, en contraparte, puede alcanzar 10 puntos porcentuales más respecto de la población general; en nuestro país, además, 11 % ha vivido en la calle y 25 % ha estado en reclusión.
Por otro lado, existe un riesgo cinco veces mayor de consumo problemático de drogas y alcohol, en tanto que entre el 45 y 74 % fuma tabaco, la incidencia de obesidad es más alta y las poblaciones tienen menos probabilidad de tener un adecuado tamizaje de cáncer.
Respecto de la salud mental, un 39 % ha vivido un trastorno psicoafectivo grave contra el 5 % de la población general, mientras que en 2022, el 56 % intentó suicidarse contra un 4.6 % del resto de las personas. Por otro lado, 66 % ha sido víctima de abuso sexual y 68 % ha vivido violencia en casa o por parte de sus parejas.
Ante ello, la guía recuerda que la Terapia Hormonal de Afirmación de Género, conocida como THAG, es un conjunto de procedimientos médicos utilizados para lograr cambios consistentes con la identidad de género, por medio de la administración de agentes endocrinos exógenos, para inducir cambios de masculinización o feminización, y es una herramienta que debe adaptarse siempre a las necesidades y deseos específicos de la persona.
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Sus objetivos generales son suprimir hormonas del sexo asignado al nacer, inducir caracteres del género deseado, mantener los niveles hormonales dentro del rango fisiológico y mantener el tratamiento incluso después de una gonadectomía, pero, sobre todo, lograr una vida plena y feliz.
“La THAG es una intervención segura y debe considerarse una prioridad de salud en todas las personas que lo deseen. La evidencia en cuanto a seguridad es escasa y está extrapolada de personas cisgénero. Los datos que existen son tranquilizadores, en lo que se refiere tanto a la salud ósea como a la cardiovascular. El exceso de mortalidad parece estar más asociado a factores psicosociales y estrés de las minorías que a la THAG”, concluyen las especialistas que elaboraron la guía.
Si bien hasta ahora no hay estudios bien diseñados respecto a la seguridad de los tratamientos, TransSalud recuerda que los diversos caminos para la transición no son lujos, ni procedimientos estéticos o cosméticos —lo que, hasta ahora, siguen argumentando algunos servicios públicos de salud—, aunado a que aquello que mata son los factores psicosociales y el estigma, no las hormonas.
La guía estará disponible para todo público. Daniela Muñoz confía en que pueda convertirse en una herramienta útil para el sector público. Puede encontrarse en Archivos Trans Latinoamericanos y es accesible para todo prestador de servicios de salud, incluso para instituciones no especializadas en poblaciones trans. “Es una guía abierta al mundo”, concluye la médica.