Manu Ureste y Luis Madrid · 16 de septiembre de 2026
Eran aproximadamente las 20:50 horas del sábado cuando una mujer que se encontraba en las inmediaciones de la Casa de la Cultura de Cuautla escuchó un grito de auxilio.
“¡Ayúdenme, por favor!”, recuerda haber oído.
Inmediatamente acudió al llamado, sobresaltada. Varios hombres habían corrido en dirección contraria, tratando de alcanzar a una persona que escapaba, al parecer un joven. Ella decidió entrar a la Casa de la Cultura.

No la conocía, pero ahí encontró a Claudia Tacoronte Aguilera. La estudiante española de 21 años estaba tirada en el suelo y gravemente herida. Dos mujeres se encontraban ya junto a ella.
“Vi que la joven, Claudia, estaba en el piso. La escena era horrible porque tenía una herida muy profunda en el abdomen”, relata la testigo en entrevista con Animal Político.
La mujer, cuya identidad este medio reserva por motivos de seguridad, no presenció el momento exacto de la agresión. Su testimonio comienza segundos después y permite reconstruir los últimos minutos en los que Claudia permaneció consciente tras el ataque que sufrió la noche del sábado 12 de septiembre.
“Yo la tomé de la mano”, recuerda. Claudia respiraba rápidamente.
“No pudimos hacer nada. La gravedad de la herida era muy importante”.
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Alrededor de ella se reunieron tres mujeres.
“Una empezó a hacer una oración. Otra trató de calmarla. Yo la tomé unos segundos de las manos para reconfortarla, para que no se sintiera sola”.
Mientras las mujeres permanecían junto a Claudia, otras personas intentaban pedir ayuda. La testigo asegura que marcaron repetidamente al número de emergencias 911, sin conseguir respuesta.
“Había más de cinco personas intentando hacer la llamada al 911, pero no entraba. No entraba”.
Ella decidió entonces enviar un mensaje a través de WhatsApp a un grupo vecinal de auxilio. También hubo problemas con la señal y según relata, el mensaje tardó unos minutos en enviarse.

Finalmente recibió una respuesta: una ambulancia iba en camino. La testigo calcula que entre el ataque y la llegada de los servicios médicos transcurrieron entre 15 y 20 minutos, aunque precisa que desconoce qué aviso activó finalmente la emergencia y no pudo establecer de manera independiente la hora exacta del arribo.
“Hay una Cruz Roja aquí como a tres o cuatro cuadras, como mucho. Pero no llegaba una ambulancia”. Animal Político hizo un recorrido hasta la Cruz Roja. En efecto, está a cinco minutos caminando. Mientras esperaban, Claudia fue perdiendo fuerzas.
“Me regresé a verla. Pasaron como otros tres minutos y ya perdió el conocimiento”.
“Me sentí impotente”.
La mujer calcula que el ataque ocurrió apenas minutos antes de que ella saliera, alrededor de las 20:49 horas.
Ese horario coincide aproximadamente con las imágenes de cámaras privadas difundidas después por medios, en las que se observa a un hombre, señalado como el presunto agresor, corriendo por la zona con una mochila alrededor de las 20:50 horas.
Esas imágenes son hasta ahora, una de las pocas pistas conocidas públicamente sobre el supuesto responsable.
La Fiscalía de Morelos investiga el asesinato de Claudia Tacoronte Aguilera bajo el protocolo de feminicidio y ha señalado que agotará todas las líneas para esclarecer lo sucedido.
Las primeras versiones difundidas después del crimen apuntaron a un posible intento de robo, pero las autoridades estatales no han establecido públicamente ese móvil como conclusión definitiva.
Hay algo que la mujer sí quiere transmitir sin reservas. Lo repite varias veces durante la entrevista.

“Quiero decirle a la familia de Claudia que ella no estuvo sola”.
Hace una pausa.
“Quiero que sepan que estuvo acompañada hasta el último momento. Que no duden que ella fue consolada hasta donde nos fue posible”.
Recuerda nuevamente a las tres mujeres alrededor de Claudia.
Una rezaba.
Otra la cubrió con una manta.
Ella le sostenía la mano.
“Hasta el último respiro estuvo acompañada. Jamás la dejamos sola. Jamás”.
Fuera del inmueble, asegura, otras personas seguían tratando de conseguir ayuda o habían salido tras el hombre que escapó.
“Muchas personas estuvimos luchando hasta el último momento. No fuimos indiferentes”.

La mujer insiste particularmente en ese mensaje porque sabe que el asesinato de Claudia ha colocado a Cuautla bajo la mirada mediática no solo de México sino también de España.
“No todos los cuautlenses somos así”, subraya. “Fuimos muchos los que estuvimos auxiliando a Claudia”.
Claudia vivía en Cuernavaca y había viajado ese fin de semana a Cuautla, para asistir a la Fiesta Nacional de la Planta Medicinal, que incluía talleres, conversatorios y un tianguis de curaciones, entre otras actividades. Una de las sedes del evento, organizado por el gobierno municipal y el Instituto Mexicano de Medicinas Tradicionales Tlahuilli, era la Casa de la Cultura.
La testigo cuestiona que, tratándose de un evento que recibiría visitantes, no hubiera —según lo que ella pudo observar— presencia policial permanente, una ambulancia o mayores medidas preventivas alrededor del inmueble.
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“Si saben que van a invitar gente, ¿por qué no elaboraron un protocolo de prevención para atender cualquier emergencia?”, cuestiona.
Dice que antes del ataque había observado a participantes caminar por calles con poca iluminación para llegar al lugar.
“No había ni un policía”, asegura.
La mujer considera especialmente grave esa ausencia por la situación de violencia que atraviesa Cuautla. Los datos oficiales respaldan que el municipio enfrenta un problema severo de seguridad.
Una revisión realizada por Animal Político al Registro Nacional de Incidencia Delictiva muestra que entre enero y junio de 2026 se registraron en Cuautla 3 mil 913 presuntos delitos, entre ellos 41 homicidios dolosos.
Durante ese mismo periodo se contabilizaron 135 extorsiones, la cifra más alta entre los municipios de Morelos, equivalente a alrededor de 35 % de todas las registradas en la entidad.

La violencia ha golpeado también a la propia comunidad universitaria a la que Claudia acababa de incorporarse.
Su asesinato es el cuarto de una estudiante vinculada a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos en apenas siete meses.
Animal Político estuvo este martes 15 de septiembre en la movilización convocada en Cuernavaca para exigir justicia por Claudia y denunciar la violencia que ha afectado a la comunidad estudiantil de Morelos.
Eran las 12:51 del mediodía cuando, bajo el fuerte sol de septiembre, madres, padres y estudiantes esperaban el paso de la marcha en la pequeña plaza de la parroquia del Calvario.
Bajo la sombra de un kiosco y mientras algunos transeúntes caminaban protegidos con sombrillas, un grupo de manifestantes sostenía pancartas con mensajes como “UAEM ASESINA”, en referencia a las cuatro estudiantes relacionadas a esa universidad que han sido asesinadas sólo en este año.
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Dos minutos después, a las 12:53, el contingente apareció sobre avenida Morelos rumbo a la Plaza de Armas de Cuernavaca.
Entre quienes marchaban estaba Ximena, estudiante de Ciencias de la UAEM, de 20 años.
“Es muy lamentable y causa una impotencia muy grande que no tiene ni seis meses de que mataron a Kimberly y a Karol, y a otra compañera más. Es parte de la violencia que atraviesa el estado”, dijo.
Para Ximena, la sucesión de asesinatos ha convertido el miedo en parte de la vida cotidiana.
“Como estudiante y como mujer, tengo miedo. Miedo de ir a la escuela, de ir por la calle, de ir hasta a la tiendita de la esquina”.

Mientras hablaba, sostenía una cartulina con una frase dedicada a la joven española: “ella quería cambiar el mundo. Hoy el mundo exige justicia por Claudia”.
“Claudia, como ellas, tenía un sueño que cumplir, un futuro, y una persona sin alma le arrebató ese futuro, esa vida”, dijo, con la voz a punto de quebrarse.
Su madre y su hermana la acompañaban en la movilización.
“Mi mamá nos pide que no salgamos tarde, aunque ahora estas cosas también pasan de día. Nada nos exime de que nos pueda pasar a nosotras. Tenemos miedo”.
Otra de las participantes, una docente que pidió a Animal Político mantener su identidad en reserva, dijo que acudió para solidarizarse con la familia de Claudia y reclamar condiciones de seguridad para las y los estudiantes.
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“Ningún estudiante debe acabar muerto en nuestro estado. Es vergonzoso lo que ocurre en Morelos y lo que está pasando en México. No podemos permanecer sin hacer nada, sin manifestarnos, sin exigir justicia”.
La profesora calificó como un “juvenicidio” la violencia que enfrentan los jóvenes en el país.
“Este asesinato de una estudiante y todos los demás, tiene que aclararse. No es posible que lleguen a una universidad y que no se sientan seguros, y que nadie garantice su seguridad como primera condición para el estudio. Tenemos una cuenta pendiente con los jóvenes”.
Miriam, otra de las asistentes, explicó que había acudido especialmente pensando en la familia de Claudia.
“Queremos que vean que México y Morelos están levantando la voz por Claudia, por que se haga justicia”.

“Queremos que sepan que no están solos, que levantamos la voz por ellos a la distancia. Gritamos porque se haga justicia para Claudia”.
La marcha había comenzado horas antes en la glorieta de Ciudad Universitaria y avanzó lentamente por avenida Morelos hasta el centro de Cuernavaca, escoltada por elementos de la Policía municipal.
El contingente llegó alrededor de las 13:30 horas a la Plaza de Armas, frente al Palacio de Gobierno estatal.
Ahí, algunos estudiantes derribaron vallas metálicas que impedían el acceso al inmueble y colocaron ofrendas florales. Con el Palacio de Gobierno de fondo, una estudiante tomó la palabra para expresar el hartazgo acumulado.
“Una estudiante asesinada más, una mujer más. Estamos hartas. Hartas de la violencia y de los vínculos de las autoridades con el crimen organizado, con esa misma violencia que nos mata”.
Y lanzó un reclamo directo a las autoridades: “de nada sirven sus condolencias vacías si no son capaces de resolver los casos, de nada sirven sus comunicados si la impunidad continúa. Necesitamos que hagan su trabajo”.
Una de las consignas que acompañó la movilización resumía el miedo expresado por jóvenes como Ximena:
“Venimos a estudiar, no a desaparecer”.