Marcela Nochebuena · 11 de agosto de 2026
El cambio de medidas cautelares que hoy permiten a Brenda Quevedo, injustamente imputada y recluida por el caso Wallace, desplazarse por las calles de todo el país, no representa el punto final de su lucha y mucho menos una justicia plena. Esta solo llegará cuando se reconozca completamente su inocencia, coincidió la Red de Apoyo que acompaña su defensa.
Sus tres primeros días sin arraigo domiciliario los aprovechó para volver al Bosque de Chapultepec. Sobre sus propios sueños a futuro, no abundó mucho este lunes durante su primera aparición pública; lo que sí anticipó es que podría encontrar un nuevo sentido de vida brindando ayuda a otras mujeres.
Esa intención es particularmente relevante dado que su caso no es aislado, sino representativo de las muchas mujeres que terminan en prisión injustamente; una situación desproporcionada, al considerar que México vive un momento en el que se ha roto el récord histórico de mujeres privadas de la libertad y particularmente en prisión preventiva.

“Aun con todas las adversidades que me han tocado en la vida, aun con todos los maltratos que me tocó vivir, me duele saber que no soy la única y me dolió ver a tantas mujeres que llegábamos torturadas, violadas, lastimadas, aisladas y que no pasaba nada. Era como si el mismo Estado lo permitiera y pareciera que ese era un modus operandi del servicio de las cárceles”, apuntó Brenda Quevedo.
Añadió que se llega a normalizar de tal manera que hasta la frase “no eres la única” es una excusa, como si eso bastara para callarse y aguantar. Muchas veces durante su privación de la libertad, Brenda se preguntó “¿por qué yo?”, pero volteaba a su alrededor y veía rostros con los mismos pesares y sufrimientos.
“Esto no debe seguir así, no puede seguir así”, pensaba frente a un trato “de hombres, bajo un reglamento de hombres, con uniformes de hombres y con un servicio médico para hombres”. Incluso hace unos meses el juez Alfredo Rico Mondragón, después destituido por sus negligencias en el caso, consideró que un problema de salud ginecológica no era una emergencia.
Brenda se dijo sumamente agradecida y afortunada de tener una Red de Apoyo que está allanando el camino a su libertad plena, pero se pregunta “¿qué pasa cuando no tienes esta red que puede pelear por ti?”. Solo queda aguantar y esperar.
“Este es un sueño que se está convirtiendo en realidad, todavía no se termina. Agradezco también la voluntad, efectivamente cuando hay voluntad política también —y no es un favor porque esto es la ley—, lo que todo ser humano deberíamos tener, garantías de ley, de lo que está en la Constitución, en los reglamentos, en todos los códigos que manejan los abogados”, subrayó.
Sin embargo, lamentó que hayan tenido que pasar 20 años para que desde lo más alto del gobierno mexicano se expresara esa voluntad, lo que de cualquier forma agradeció. Se refiere a las declaraciones que hizo la presidenta Claudia Sheinbaum, quien al ser cuestionada sobre el caso de Quevedo el pasado 16 de julio, pidió a su gabinete y a la Fiscalía General de la República que lo revisaran. Apenas tres semanas después, se logró que un juez ordenara el cambio de las medidas cautelares.
La abogada Karla Michel Salas explicó que las modificaciones consisten en el fin del arraigo domiciliario y el retiro del brazalete electrónico que Brenda portaba desde junio de 2024; además, su desplazamiento no estará restringido a la zona metropolitana, sino que podrá hacerlo a cualquier lugar del país e incluso existe la posibilidad de salir al extranjero con autorización del juez. Para seguir su proceso en libertad tendrá que firmar cada cuatro meses en el juzgado.
La red de apoyo de Brenda Quevedo está conformada por CEA Justicia Social, la Clínica Jurídica Minerva Calderón de la IBERO Puebla, la Clínica de Litigio Penal en Contra de Violaciones Graves a Derechos Humanos del ITAM, el Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social, el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, Perteneces y la Red de Abogadas Digna Ochoa, quienes no descartaron, de ser necesario y si así lo quisieran el resto de las personas imputadas, intervenir en favor de quienes permanecen privadas de la libertad por el caso Wallace.

Ángela Guerrero, directora de CEA Justicia Social, hizo énfasis en las muchas mujeres que enfrentan la misma situación: “así como es un caso paradigmático de suma de voluntades para que Brenda esté hoy aquí frente a nosotros y podamos escucharla, Brenda no es la excepción a la regla; por el contrario, es una de muchísimas mujeres que se encuentran en una situación similar, que lamentablemente llevan años y años pidiendo justicia, años y años esperando un cambio de medida cautelar”.
¿Ya leíste?: Jovita Herrera recupera su libertad tras permanecer 10 años en el Cefereso 16 por un crimen que no cometió
Pidió que hoy la voz de Brenda suene y resuene como un “nunca más una mujer en prisión injustamente, nunca más como sociedad tenemos que permitir que esto vuelva a suceder, porque el caso de Brenda es el caso de todo este país”.
Por lo tanto, eso debe conducir a una reflexión muy profunda de cómo hubo en México una mujer con tanto poder, como Isabel Miranda de Wallace, para hacerle creer a toda una nación que Brenda y otras personas eran culpables. “Nunca más una mujer que nos diga que otra mujer es culpable, y nunca más una Brenda en prisión”, remarcó.
Sigue leyendo: Caso Wallace: abogado pide a la Corte reabrir juicio en el que se ordenó la libertad de Juana Hilda González
La posibilidad de convertirse en activista no había pasado por la mente de Brenda hasta unos años antes de salir de la prisión, y aunque todavía no es definitivo, con convicción afirma “claro que sí me encantaría”. “Nadie puede entender a alguien que sufre hasta que te toca sufrirlo igual a ti —sostiene—. Desde ahí mi perspectiva de encontrarle un sentido a la vida, cuando a veces yo lo sentía perdido; ahora empiezo a entender que tal vez es eso”.
La necesidad existe, ella ahora la conoce en carne propia, y no descarta la posibilidad de darle voz a las mujeres que han sido olvidadas en lugares donde pueden ser tan vulnerables, como la prisión.
El caso de Brenda Quevedo —pidió su red de defensores— no puede quedarse solo a la espera de una sentencia, pues el proceso se ha alargado tanto precisamente porque hay una serie de recursos pendientes, la mayoría presentados por los abogados de Alto al Secuestro —organización fundada por Isabel Miranda de Wallace—, incluso por aspectos sin fundamento, como quejas, amparos y apelaciones, y el criterio es que no puede cerrarse la instrucción hasta que se agoten todos.
“Por eso creemos que la salida en este caso no puede ser simplemente esperar la sentencia, porque al menos va a pasar una década para que eso ocurra”, puntualizó Karla Michel Salas. Por el contrario, la defensa pide que el caso se mire con perspectiva de derechos humanos y de género, y que en congruencia con el cambio institucional que se requiere, la Fiscalía General de la República se desista, o se analice desde el Poder Judicial un sobreseimiento o un incidente de desvanecimiento de datos, “porque es un caso que jurídicamente resulta absolutamente insostenible”.

“Como mujer —se dirigió Quevedo a la fiscal Ernestina Godoy—, le pediría que no pierda esta perspectiva de género, todo lo que se ha violado en cuestión de derechos humanos en mi proceso, y legalmente pedirle que ya se termine esto, que me ha costado 20 años de mi vida, para que me resuelvan, que sea conforme a derecho”, pidió Brenda.
Ricardo Raphael, autor del libro Fabricación, que expone el caso Wallace como producto de un delito que ni siquiera existió, recordó que el caso de Brenda está ligado a otros, como el de Juana Hilda González Lomelí, cuya libertad se logró hace un año. “Este caso merece resolverse con una absolución plena; este caso no se ha resuelto con la medida cautelar”, subrayó.
Sumado al pendiente de su exoneración están —destacó su abogada— al menos dos investigaciones por tortura que en su momento fueron indebidamente cerradas. Una de las apuestas del equipo legal es que, dado que las violaciones a los derechos humanos incluso fueron reconocidas por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, se reabran y el Estado mexicano cumpla con su obligación de investigar la tortura, específicamente la sexual.
Además, existe un proceso internacional en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con una exigencia de reconocimiento de graves violaciones a derechos humanos, lo que conlleva una reparación del daño no solo en el ámbito económico, sino que, en un sentido más amplio, establezca cómo evitar que los hechos se repitan, y que a la vez siente un precedente para todas aquellas mujeres que están injustamente en prisión preventiva.
Entérate: Doce años sin sentencia: la batalla de Mónica Yuliana contra la prisión preventiva
Para Brenda Quevedo, es apenas el comienzo de una vida más libre, pero en la que falta la declaración absoluta de su inocencia. Apenas el pasado viernes empezó a creer de nuevo, un poco, en la justicia. Entre sus planes está cuidar a su padre —a quien le dio una embolia sin que pudiera llegar a visitarlo a tiempo por las dilaciones del pasado juez de su caso— y a su madre, a quien le agradeció no haberse rendido y enseñarle ese mismo camino, iniciar su propia familia y buscar su propio camino personal.
“Creo que lo más importante es entender que el sentido de la vida a mí me lo ha dado poder ayudar a alguien, y yo sentía esa pequeña lucecita cuando ayudaba a alguien a hacer un escrito, porque a muchas compañeritas el DIF les quitaba a sus bebés y no sabían ni escribir, no sabían qué hacer… yo ya llevaba años ahí y decía ‘yo te ayudo’”, recordó.
Eso la ha hecho sentir bien, y está convencida de que aquello que hace evolucionar a las personas es ayudar. Para ella esa es la alegría de la vida, que su propia red le ha enseñado en la práctica. “No tengo más que regresar con más monedas a la vida, ese sería un proyecto, y evidentemente contar la historia, y contar todos los personajes que han ayudado a esta historia”, adelantó.