Animal Político · 8 de agosto de 2026
El 11 de julio de 2005, Hugo Alberto Wallace fue secuestrado en la Ciudad de México. Según la versión presentada por Isabel Miranda de Wallace, su hijo fue plagiado, asesinado y descuartizado en un departamento. Desde entonces, la también empresaria se convirtió en una figura pública y activista tras realizar investigaciones propias y emprender una campaña mediática en contra de los presuntos autores del crimen.
Tras una de sus investigaciones propias, la empresaria acusó a Juana Hilda González Lomelí, Brenda Quevedo Cruz, Jacobo Tagle Dobín, César Freyre Morales y los hermanos Albert y Tony Castillo Cruz por ser los presuntos responsables del secuestro de su hijo, incluso publicando sus rostros y datos personales en decenas de espectaculares que fueron colocados en toda la Ciudad de México.
De acuerdo con la versión de la fallecida fundadora de la asociación civil Alto al Secuestro, los presuntos responsables asesinaron a su hijo en un departamento de la capital, lugar donde metieron el cuerpo sin vida al baño, lo desnudaron, le tomaron diversas fotografías, lo cortaron con una sierra eléctrica para meterlo en bolsas de plástico y maletas, y lo llevaron a “las aguas negras”. Los restos nunca fueron encontrados.

Por esta denuncia de Isabel Miranda de Wallace, la entonces Procuraduría General de la República (PGR) inició una investigación que finalmente derivó en el arresto de seis presuntos implicados, acusándolos de los delitos de secuestro y delincuencia organizada.
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Sin embargo, de acuerdo con el Instituto Federal de Defensoría Pública (IFDP), que llevó los casos, las pruebas clave carecen de “validez jurídica”, pues se basan en una confesión obtenida bajo tortura psicológica, pruebas obtenidas en cateos sin haber preservado el lugar ni la cadena de custodia y una fotografía obtenida sin resguardo adecuado.
En total fueron seis personas señaladas, detenidas y procesadas directamente por la entonces Procuraduría General de la República (PGR) como integrantes del grupo acusado del secuestro y presunto homicidio de Hugo Alberto Wallace:
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A partir de la intervención de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y del Instituto Federal de Defensoría Pública (IFDP), las condenas y medidas cautelares en contra de algunos de los implicados comenzaron a caer tras comprobarse violaciones sistemáticas al debido proceso y tortura.
Las defensas de los acusados, apoyadas por organismos de derechos humanos y el IFDP, han seguido promoviendo recursos de amparo y apelaciones ante la Suprema Corte para impugnar las sentencias y solicitar la reposición del procedimiento o liberación inmediata basándose en las pruebas de tortura comprobadas.

Este 8 de agosto, un juez determinó que Brenda Quevedo, una de las personas acusadas por Isabel Miranda de Wallace por el supuesto secuestro y asesinato de su hijo y quien enfrentó un proceso penal de 19 años, continuara su proceso en libertad, tras el cambio de las medidas cautelares.
En julio pasado, el Tribunal de Disciplina Judicial ordenó la suspensión temporal del juez Carlos Alberto Rico Mondragón tras acreditar irregularidades en el manejo del caso de Quevedo Cruz, quien enfrentó un proceso penal en medio de denuncias documentadas de tortura y fabricación de culpabilidad.
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“Yo me acordaba de todos los años, ¿no? Que siempre me decía: ‘Vas a ver que sí’. Yo llegué a perder un poco la fe después de muchos años; decía: ‘Me enfrento a un monstruo de un sistema, gente con dinero, gente con influencias’. Y no sé, ahora es como, o sea, ver esa reivindicación, ¿no? De la vida, o sea, siempre veía la contraparte con sus ruedas de prensa, con todo su equipo de defensa de abogados y eso. Y yo, pues, siempre me decía: ‘¿Cuándo, no?’, recordó Quevedo.

En ese mismo sentido, en junio de 2025, la entonces Primera Sala de la Suprema Corte ordenó la “inmediata y absoluta libertad” de Juana Hilda González Lomelí, otra de las personas acusadas por el llamado caso Wallace, al concluir que no existían pruebas suficientes para acreditar que participó en el secuestro y asesinato de Hugo Alberto.
Juana Hilda fue detenida en 2006 luego de que la entonces Procuraduría General de la República la señaló como presunta responsable de los delitos de secuestro, delincuencia organizada y portación de armas de uso exclusivo del Ejército, cometidos en perjuicio de Hugo Alberto Wallace.
Años más tarde, fue sentenciada a 78 años y nueve meses de prisión por el secuestro de Hugo Alberto, una resolución que se basó en la supuesta confesión que hizo del crimen, la misma que fue obtenida bajo tortura, sin acceso a una defensa adecuada y sin contar con una resolución con perspectiva de género.
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El caso de Juana Hilda llegó a la Suprema Corte en 2022, cuando el máximo tribunal del país decidió asumir la resolución del amparo indirecto 26/2022, en el que el Instituto Federal de Defensoría Pública argumentaba que deben ser excluidas diversas pruebas ilícitas, entre ellas la declaración obtenida bajo tortura psicológica.

Mediante un juicio de amparo dictaminado en 2020, la condena de César Freyre fue revisada, por lo que se determinó la invalidez de la acusación en su contra por el delito de extorsión, lo que derivó en una reducción de 12 años en su condena total.
Su madre, María Rosa Morales, y su hermana, Julieta Freyre, quienes denunciaron la supuesta detención arbitraria de César Freyre, también fueron detenidas bajo acusaciones de presunta extorsión vinculada a las investigaciones sobre el caso. Tras las revisiones judiciales, se dictó su absolución e inmediata libertad al comprobarse que no existían elementos de responsabilidad en los hechos imputados.
Los casos de otros procesados, como Jacobo Tagle Dobín, Alberto Castillo Cruz y Tony Castillo Cruz, continúan en revisión en tribunales de amparo. La resolución emitida por la Corte en el asunto de Juana Hilda fijó un criterio obligatorio sobre la invalidez de pruebas obtenidas bajo tortura o en periodos de arraigo ilegal.