Edgar Ledesma · 21 de septiembre de 2026
Cuando Alejandro llegó con un familiar adolescente a la Clínica Hospital de Especialidades Toxicológicas Xochimilco encontró “una pequeña luz al final del túnel”. El consumo problemático de sustancias había provocado ansiedad, enojo y conflictos dentro de su casa, pero la atención psicológica, médica y psiquiátrica comenzó a producir cambios.
Ubicada en la colonia Huichapan, en Xochimilco, la clínica del IMSS-Bienestar recibe a personas con cuadros de “intoxicación aguda” y problemas relacionados con el consumo de sustancias. También brinda atención de urgencias, consulta externa y hospitalización, además de servicios médicos, psicológicos y psiquiátricos para pacientes con adicciones.
En sus instalaciones, sobre Prolongación División del Norte y Avenida México, el familiar adolescente de Alejandro recibió terapias individuales y grupales los siguientes cuatro meses, mientras él acudía a sesiones destinadas a las familias. Ahí, aprendió a reconocer conductas, establecer límites y acompañar un proceso que no sólo afecta a quien consume, sino también a quienes viven con la persona que sufre la adicción.

En medio del proceso, un día se interrumpieron las sesiones familiares. El Salón de Usos Múltiples donde se impartían se destinó al almacenamiento de medicamentos, sillas e insumos, según refieren los testimonios recabados por Animal Político. De acuerdo con Alejandro no recibieron un aviso previo ni una fecha clara para retomar las terapias.
Durante más de un mes, relató Alejandro, las familias permanecieron sin sesiones de apoyo, lo que derivó en retrocesos. En su hogar, reaparecieron los síntomas de ansiedad, la intolerancia y los conflictos. Con las herramientas adquiridas durante el tratamiento habían avanzado en el control de esas conductas y ahora daban pasos atrás.
“Para muchos es la pequeña luz al final del túnel”, dijo Alejandro, quien pidió ser identificado únicamente por su nombre para proteger al adolescente y evitar cualquier dato que permita reconocerlo.
Para una familia enfrentando una situación así, el hecho de dejar de recibir una parte del tratamiento en la clínica de Xochimilco no se resuelve simplemente buscando otra cercana. La capital sólo cuenta con otro hospital público de la misma especialidad ubicado en Venustiano Carranza, al otro lado de la ciudad.
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Existen también 32 Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones, donde se proporciona atención ambulatoria, orientación para las familias y canalización a otras unidades. Sin embargo, no ofrecen los mismos servicios de urgencias y hospitalización que las clínicas toxicológicas.
Por otra parte, las alternativas privadas están fuera del alcance de la mayoría de las familias. Como referencia, en Oceánica -una de las clínicas más costosas del país- un programa ambulatorio puede costar entre 5 mil y 25 mil pesos mensuales, mientras que un tratamiento residencial puede ir de 20 mil a los 100 mil pesos al mes.
El IMSS-Bienestar negó que las actividades de psicología en la clínica de Xochimilco se hubieran suspendido y sostuvo que únicamente reorganizó los espacios para mejorar la seguridad, funcionalidad y privacidad de los servicios.
Sin embargo, una médica y el familiar entrevistados señalaron que las consultas individuales continuaron, pero las terapias grupales y familiares, necesarias en estos tratamientos, no se han restablecido en un espacio con capacidad suficiente.

Anteriormente, las terapias familiares podían reunir hasta 60 personas, según una médica del hospital cuya identidad pidió reservar. La trabajadora aseguró que nunca observó grupos con menos de 20 participantes. “En promedio van 30 o 40”, subrayó.
El salón llevaba más de 25 años destinado a actividades grupales, pero después del cambio de dirección en el hospital en febrero pasado, el espacio quedó ocupado con medicamentos, sillas y otros insumos, aseguró.
La nueva administración acondicionó un espacio que anteriormente funcionaba como farmacia para utilizarlo como aula de enseñanza y sala de terapias grupales, según explicó la médica. Sin embargo, ahí sólo caben alrededor de ocho personas, por lo que puede recibir a grupos pequeños, pero no a las familias que participaban regularmente en sesiones de entre 30 y 40 asistentes.
Alejandro recordó que ante tal situación, se plantearon alternativas, como instalar una carpa o trasladar las sesiones a una biblioteca o al auditorio de un hospital pediátrico. Desde su perspectiva, ninguna garantizaba la capacidad, privacidad y continuidad del salón anterior.
La médica explicó que las sesiones familiares no son únicamente un espacio de acompañamiento. En ellas, quienes conviven con el paciente aprenden a comprender el proceso de rehabilitación, reconocer conductas relacionadas con el consumo y establecer límites dentro del hogar.
“Gran parte de la mejoría de los pacientes y de los familiares está en función de las terapias grupales que se dan”, afirmó. Según su experiencia, estos encuentros permiten trabajar problemas que afectan tanto a quien consume sustancias como a las personas que participan en su cuidado.
La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud, ha definido a la familia como “el primer refugio” y “el mejor factor de protección”. En sus criterios de supervisión para establecimientos residenciales especializados en adicciones, la Conasama también incluye la verificación de que los programas de tratamiento cuenten con un componente que favorezca la participación familiar durante el proceso de recuperación.
En México, la Norma Oficial Mexicana NOM-028-SSA2-2009 establece que los servicios para la prevención, el tratamiento y el control de las adicciones deben involucrar a la familia cuando sea posible. La disposición no obliga a contar con un salón determinado, pero sí reconoce su participación como parte del tratamiento.

Animal Político buscó al director del hospital, Luis Antonio Castillo Espíndola, para conocer su postura sobre el cambio de espacio y la interrupción de las terapias señalada por familiares y personal médico. El funcionario no ofreció una explicación directa y remitió la solicitud al área de Comunicación Social.
Posteriormente, el IMSS-Bienestar envió una tarjeta informativa, fechada el 9 de septiembre, en la que aseguró que “no existe una suspensión de las actividades de psicología” y explicó que la unidad realizó una “reorganización y adecuación” de sus espacios físicos para mejorar la seguridad, funcionalidad, privacidad y eficiencia de los servicios.
La institución señaló que el aula utilizada anteriormente se encontraba junto a una ventana que colindaba directamente con el área de hospitalización de mujeres, lo que, según su postura, comprometía la privacidad y confidencialidad tanto de las pacientes internadas como de quienes acudían a las actividades.
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Como parte de la reorganización, el IMSS-Bienestar aseguró que habilitó un Aula de Usos Múltiples para recibir grupos de psicología, capacitar al personal de salud y realizar reuniones y actividades académicas.
Sin embargo, la médica consultada por Animal Político rechazó que esa medida haya permitido restablecer las terapias familiares. Explicó que las consultas psicológicas individuales continuaron porque se realizan dentro de los consultorios, pero las sesiones grupales sí resultaron afectadas por la pérdida del salón.
“La consulta médica o psicológica sigue su curso normal, pero, particularmente en adicciones, no es suficiente”, señaló. La mayoría de los pacientes, agregó, también es canalizada a terapia grupal como parte de su rehabilitación.
Según la médica, el Salón de Usos Múltiples original es precisamente el espacio que dejó de utilizarse para las terapias y quedó ocupado con medicamentos, sillas e insumos. La habitación asignada posteriormente sólo permite recibir a unas ocho personas, por lo que no puede sustituir al lugar donde se atendía a los grupos familiares.

“La terapia grupal no funciona en el espacio que se asignó”, sostuvo.
La trabajadora confirmó que una pared del antiguo salón colindaba con el área de hospitalización de mujeres, pero rechazó que pudiera escucharse el contenido de las sesiones. Explicó que las ventanas se cerraban y contaban con cortinas; desde afuera podían percibirse voces, dijo, pero no se entendían las conversaciones.
El IMSS-Bienestar no precisó cuándo comenzó a utilizarse el espacio alternativo, cuántas personas puede recibir ni cuántas terapias grupales se realizaron durante la reorganización. Tampoco respondió específicamente si las sesiones familiares fueron interrumpidas o cuándo podrán restablecerse con todos sus participantes.
Para Alejandro, detrás de la discusión sobre salones y capacidades está el temos de perder los avances conseguidos durante el tratamiento. Tras ver reaparecer la ansiedad y los conflictos en su hogar, espera que las sesiones familiares vuelvan a realizarse en un espacio donde puedan participar todos.
“Para muchos es la pequeña luz al final del túnel”, insistió.