Ni becarios ni sicarios: cómo prevenir el reclutamiento forzado de nuestras juventudes

Jorge Avila · 21 de abril de 2026

Ni becarios ni sicarios: cómo prevenir el reclutamiento forzado de nuestras juventudes

Reclutados: entre becas y balas presenta una fotografía dura sobre la violencia que viven las juventudes de nuestro país. Cada reportaje permite entender por qué las organizaciones criminales recurren cada vez más a ellas para “reclutarles” forzosamente. Si algo nos enseñan los reportajes de Manu Ureste, Carlos Arrieta y Marcela Nochebuena, es que si queremos atender, prevenir y erradicar el reclutamiento forzado de nuestras juventudes no sólo basta el dinero, sino ofrecer una red de apoyo y la oportunidad de un futuro libre de violencia.

La hipótesis que guía los reportajes es clara: contra el discurso oficial, los programas como “Jóvenes Construyendo el Futuro” no previenen el reclutamiento voluntario o forzoso. Las cifras no mienten: han aumentado las detenciones y las desapariciones de jóvenes a nivel nacional gracias a la inacción del Estado, la falta de redes de protección y acompañamiento en el entorno social y familiar, y la incapacidad institucional para atender las denuncias o contar con tipos penales que permitan tener una imagen más clara del problema. De nada sirve ofrecer becas sin estructura, sin que provean un camino hacia el bienestar: dar dinero no es atender las causas.

Las organizaciones criminales no sólo explotan este vacío entre nuestras juventudes con promesas de una fortuna rápida, sino que previenen la formación de lazos de solidaridad, fraternidad o empatía entre ellos para someterlos a la vida criminal. La insensibilización que genera en las juventudes, junto a la impunidad de saber que los asesinatos difícilmente terminan en condena les enseña una cruel lección: las vidas arrebatadas con violencia sólo son lloradas, pero difícilmente tienen acceso a la justicia. También aprendemos que, incluso si tienen redes o figuras de apoyo, la situación de violencia es tal que pueden terminar enfrentados a los grupos criminales para defender su comunidad. Ofrecer una red de apoyo desde el Estado conlleva erradicar la violencia.

Y esa violencia no es sólo física, también es económica. La necesidad de salir de casa y de sus lugares de origen lleva a las juventudes a buscar o aceptar ofertas de empleo falsas, usadas por las organizaciones criminales para el reclutamiento forzado. Esto genera redes interestatales de desaparición, como documenta el caso de Sebastián: originario de Veracruz, se mudó a Querétaro para trabajar y fue engañado por un conocido para ir a Jalisco ante una oportunidad de mejorar su ingreso que era, en realidad, un engaño. Además de esta experiencia, también está el uso de redes sociales digitales, en medio de un vacío producto de la impunidad y desinterés del Estado mexicano.

No podemos ignorar la situación de las mujeres en el reclutamiento y la desaparición forzada. Cada vez es más frecuente la participación de las mujeres en los grupos criminales, tanto en el narcomenudeo u otras actividades criminales. A diferencia de los hombres, para las mujeres es una forma de salir de la violencia que viven en su entorno, con el riesgo de entrar en otros espacios de violencia. También aquí es importante no obviar la violencia del Estado mexicano, pues sus fuerzas torturan y agreden sexualmente a las mujeres que son detenidas.

En suma: además del dinero es necesaria una red social de protección que prevenga a nuestras juventudes de ser cooptadas por las organizaciones criminales. Ofrecer oportunidades que garanticen la satisfacción de necesidades en el corto y el largo plazo, para prevenir la impaciencia ante el presente y el desencanto sobre el futuro, dos condiciones que fomentan la vulnerabilidad de las juventudes que es explotada por los grupos criminales. Y, por supuesto, terminar con la impunidad, la inacción y la violencia que fomenta el Estado mexicano. Ni becarios, ni sicarios: nuestras juventudes necesitan la seguridad de un futuro libre de violencia para acceder a una vida digna.