Francisco Rangel · 22 de septiembre de 2026
El otoño mexicano tiene un sabor muy particular. Empieza entre chiles poblanos, manzanas y uvas y termina oliendo a mandarina, guayaba, tejocote y calabaza.
Pero hay una precisión, que una fruta sea “de otoño” no significa que desaparezca el resto del año. La enorme diversidad climática de México permite producir numerosos alimentos durante varios meses; la temporalidad indica los momentos que aumenta su disponibilidad en mercados y cosecha.

Aunque puede encontrarse por varios meses, gana protagonismo hacia finales de año.

Su aroma prácticamente anuncia que el año está terminando. Aparece entre frutas de temporada de otoño y se vuelve abundante en noviembre y diciembre.

Septiembre y octubre son meses especialmente relacionados con su disponibilidad.

Las guías alimentarias mexicanas la incluyen entre los productos disponibles durante todo el otoño.

Éste sí es uno de los grandes avisos de invierno. Uno de los productos de octubre que son imperdibles en noviembre y diciembre.
El más representativo del otoño. Octubre marca su llegada a mercados y coincide con preparaciones tradicionales de Día de muertos.

Su mejor momento se extiende durante septiembre y octubre, justo cuando todavía continúa la temporada de chiles en nogada.

Perfecta para los meses de septiembre y octubre, esta verdura llega tras la temporada de lluvias.

Son de esos ingredientes que atraviesan distintas temporadas, pero aparecen repetidamente en los calendarios oficiales de otoño.

Ambas mantienen una disponibilidad amplia en México, aunque los calendarios oficiales también las incluyen entre las verduras típicas de septiembre y octubre.