Erika Rivera · 29 de septiembre de 2026
Para muchas personas, pensar en maíz casi siempre los remite a las tortillas o los tacos, pero nuestra relación con este grano es mucho más grande. Del maíz nacen más de 600 platillos y bebidas tradicionales (tamales, tlayudas, pozole, peneques, sopes, tejuninos, corundas, esquites, atole, pinole y una lista larga de antojitos).
Pero nuestra relación con la milpa va más lejos: aprendimos a aprovechar prácticamente toda la planta. El pelo del elote forma parte de la medicina tradicional; el totomoxtle, la hoja que envuelve la mazorca, se utiliza para cocinar y también se transforma en artesanías, mientras que los residuos pueden convertirse en alimento para animales o regresar a la tierra como abono natural.
En México se domesticó a la planta y, por ello, no nos debe extrañar que contemos con la mayor diversidad de este grano. De las 64 razas registradas en el país, 59 son consideradas nativas; cada una con colores, sabores, texturas y usos que les son únicos. Y aunque su historia comenzó hace miles de años, el maíz sigue siendo estando en nuestras mesas.
Debido a su relevancia, desde 2019, cada 29 de septiembre se celebra oficialmente el Día Nacional del Maíz para reconocer su importancia como alimento, como patrimonio cultural y como parte de una sociedad que continúa dependiendo de su producción. Hoy te cuento de 10 restaurantes que lo tienen como protagonista.
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En la Ciudad de México existen proyectos comprometidos con la tierra mexicana y con quienes la trabajan. Espacios que buscan impulsar prácticas más sostenibles, cuidar el medio ambiente, evitar el uso de granos transgénicos y, sobre todo, trabajar de manera cercana con las comunidades para preservar el maíz criollo y reconocer los retos que enfrentan las familias agricultoras. Estos son algunos de los restaurantes en CDMX para comer maíz criollo.

Este proyecto de Karina Mejía e Israel Montero comenzó en 2017, cuando buscaban un buen maíz para nixtamalizar. Esa búsqueda los llevó hasta las comunidades de Tlaxcala, donde se cultivan los granos que hasta el día de hoy compran para sus tres sucursales.
En la Tortillería puedes encontrar tortillas hechas a mano por docena o a máquina, masa, tetelas, tostadas, gorditas y totopos para preparar en casa e incluso algunos lácteos como queso fresco, además de salsas de la casa. En la Taquería puedes probar tamales, tlacoyos acompañados con sus nopalitos o alguno de los tacos del día. Y en Siembra Comedor y Terraza, puedes sentarte a disfrutar de menús completos.
Este 29 de septiembre tendrán un menú especial de cuatro tiempos con maridaje de Telmont (una casa pionera en la industria del Champagne que comparte con ellos el cuidado y el reconocimiento de la tierra, de las manos que la trabajan y el tiempo que necesita cada ciclo). El menú estará disponible únicamente ese día y consiste en un tlacoyito de hamachi y hoja santa, acompañado de Telmont Réserve Brut; continúa con pescado con mole verde, puré de alcachofa de Jerusalén y ensalada de hinojo, maridado con Blanc de Blancs; para cerrar los salados con una tetela de lengua de res y mole negro, acompañada de Telmont Réserve Rosé; para el postre tendrán un taco de cacao, bizcocho de pinole y helado de palomitas. El precio del menú especial es de $1,280 por persona.

Como su nombre lo adelanta, la cocina gira alrededor del comal y de una colección de antojitos mexicanos en los que la masa tiene un papel fundamental. Aquí el maíz no aparece como un acompañamiento secundario: es la base que sostiene gorditas, tlacoyos, tetelas, enchiladas, quesadillas, flautas y otras preparaciones, que puedes rellenar con la proteína de tu preferencia del menú de guisados. Su mole tiene un lugar especial, así que no te lo pierdas.
Puedes ir a desayunar o a la experiencia de la cena, donde cambian los platillos, pero la base sigue siendo la misma: maíz como expresión de nuestra cultura gastronómica. Ve con paciencia, sobre todo, el fin de semana porque la fila de espera es larga, ya que tienen un número reducido de asientos.
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Si hay un restaurante en esta lista donde el maíz puede seguirse prácticamente desde el grano hasta la tortilla, es Maizajo. El proyecto de Santiago Muñoz trabaja desde 2016 alrededor del maíz criollo y tiene una particularidad que lo distingue: en el mismo espacio conviven molino, taquería y restaurante. Su trabajo parte de variedades de diferentes regiones y de la nixtamalización como una de las técnicas centrales para transformar el grano en masa.
El resultado se puede probar de distintas maneras dependiendo de dónde se coma. En la taquería, el maíz se convierte en el soporte de los tacos; en el restaurante, la masa aparece en preparaciones más elaboradas. Además, el molino permite llevar a casa productos elaborados con maíz nixtamalizado. El propio proyecto documenta el uso de maíz rojo de Tlaxcala, amarillo de Puebla y azul del Estado de México, entre otras variedades y procedencias.

La chef Diana López del Río propone una aproximación distinta, enfocada en probar maíz dentro de un contexto más amplio, resultado de su ardua investigación sobre cocinas regionales mexicanas. Por eso su menú cambia de manera constante, pero el grano se mantiene como parte fundamental de recetas y costumbres vinculadas con distintos territorios. Una tortilla puede acompañar un guiso familiar; un tlacoyo puede funcionar como parte de una comida regional; y la hoja de maíz puede incluso formar parte de la presentación.
Las preparaciones con masa pueden tomar la forma de tlacoyos, sopes, tortillas y otras garnachas, pero el interés está en conocer de dónde viene cada receta y qué historia hay detrás. En temporadas anteriores, por ejemplo, la cocina ha trabajado con preparaciones relacionadas con comunidades de diferentes partes del país. La quinta temporada (2026) fue construida a partir de los conocimientos compartidos por habitantes de Santa Isabel Ixtapan y Nexquipayac, comunidades profundamente vinculadas al sistema lacustre de Texcoco, y a ingredientes como la sal y el tequesquite.
La propuesta cambia, pero permanece una idea: cocinar a partir de lo que ya existe en distintas comunidades y llevar esas recetas a una mesa de la Roma.
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Este proyecto del chef Ulises Palafox parte de una idea clara: hacer del maíz uno de los ejes de una cocina mexicana contemporánea y de estacionalidad, por eso la carta cambia de acuerdo con la temporada. El maíz criollo y los ingredientes mexicanos están presentes como ingredientes principales, y a partir de ellos construye diferentes platos con la técnica y ejecución que le dejó su paso por los mejores restaurantes del mundo.
En su carta es común encontrar hoja santa y de aguacate, hongos, tomillo o cilantro, que ha declarado que son de sus favoritos. Además de la cocina se ofrece una carta de vinos y coctelería. Es una parada adecuada para quienes quieren descubrir el maíz criollo desde una perspectiva menos ligada al antojito y más cercana a la cocina de autor.

Visitar este lugar permite recorrer dos productos fundamentales de la alimentación mesoamericana: el maíz y el cacao. El proyecto, abierto en 2019 por Mardonio Carballo, reúne preparaciones de la Huasteca como tamales, huejutleñas, atoles, moles y bebidas elaboradas con cacao.
Aquí la masa aparece en preparaciones que permiten reconocer la diversidad de la cocina mexicana, como el tamal Tlacolula, preparado con maíz criollo, costilla de cerdo y salsa de chile seco; o las huejutleñas, una preparación elaborada con maíz criollo, queso fresco y chile seco, además de distintos tamales y atoles.
El cacao completa la experiencia. No está simplemente pensado como ingrediente de postre: forma parte de la identidad del proyecto y aparece en bebidas y otras preparaciones.
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Los chefs Norma Listman y Saqib Keval están comprometidos con la cocina migrante. A través de historias, recetas ancestrales y familiares exploran los puntos de encuentro entre México, India y el este de África.
Aunque su menú es corto, hay de dónde escoger. Sus platillos se basan en el maíz nativo de México y toda la tradición que respalda su perseverancia, así como en la mezcla de especias y preparaciones de la India y de África. A partir de su comida expresan una tradición gastronómica que no es estática, que cambia.
Con maíz, podrás encontrar los esquites Makai Palla con leche de coco, masala keniano y mayonesa casera; la infladita Chaat con pera mango, betabel, pepitas y chutney de epazote; la quesadilla Paratha con salsa machaar y jitomate heirloom; la gordita Uttapa o la tetela de jaiba suave, y hasta nicuatole de temporada.

En sus propias palabras “son una plataforma de inclusión disfrazada como pixzería”, ya que no solo dieron al mundo la primera “pixza” hecha con maíz azul e ingredientes 100% mexicanos de productores locales, sino que trabajan para empoderar y emplear exclusivamente a personas en un perfil de abandono social (lo logran por medio de una cadena de restaurantes que abren sus cocinas para que jóvenes con ese perfil hagan un programa de 12 pasos llamado la Ruta del Cambio que les permite capacitarse,).
En su menú cuentan con opciones clásicas de salsa de jitomate, pero también unas con toques mexicanos hechas con frijol negro, hoja santa o chile chipotle. Además, encontrarás “pixzas” de huitlacoche y setas, flor de calabaza, chapulines, esquites, carnitas y un sinfín de guisos con todo el sabor de nuestro país.
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También en este proyecto el maíz es el hilo conductor. La cocina es estacional y trabaja directamente con productores locales y con lo que el capricho del campo les da, por lo que no hay un menú establecido; la comida llega en rondas (algo así como un omakase japonés), así que la sorpresa es parte de la experiencia. Si decides quedarte (algo que debes considerar porque no hay reservaciones y siempre hay una lista de espera de mínimo 2 horas) probarás platillos hechos a base de maíz (tacos, tlacoyos, enchiladas), cuyos rellenos alternan entre lo vegetariano y lo cárnico.
Antes de la siguiente ronda alguien del equipo se acerca y pregunta si quieres continuar. No hay presión, no hay consumo mínimo, no hay esa ansiedad de “aprovechar” porque ya pagaste un menú degustación largo. Puedes parar cuando quieras o seguir hasta que el cuerpo diga basta. El tiempo promedio en mesa es de una hora y media.

La chef Lula Martín del Campo construye una cocina mexicana contemporánea alrededor de ingredientes que forman parte de la milpa, y sí, el maíz ocupa un lugar central. La propuesta combina preparaciones tradicionales con una presentación contemporánea, sin dejar fuera elementos como el frijol, el chile, los quelites y otros productos del campo mexicano.
Lula ha trabajado con maíces blancos, azules y rojos provenientes de distintas regiones, y la preparación de sus esquites ancestrales lo compruebam. También hay preparaciones del comal como tlacoyos de requesón en salsa verde, quesadillas de quelites, flor de calabaza o huitlacoche, y sopes, además de chilaquiles y otros platos donde la tortilla vuelve a ocupar un papel importante.
La propuesta de Cascabel permite ver cómo la relación con el campo y los productores puede formar parte de un proyecto gastronómico contemporáneo.
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