Fernando Bonilla presenta 'Tzompantli': "La muerte es una gran igualadora"

Paula Paredes · 5 de noviembre de 2026

Fernando Bonilla presenta 'Tzompantli': "La muerte es una gran igualadora"

El actor Fernando Bonilla presentó “Tzompantli”, su primer libro de narrativa, que invita a mirar de frente a la muerte, y cuestionar la relación que México tiene con ella desde lo que el autor concibe como algo muy local: la capacidad de entender el absurdo.

Conversamos con él sobre su relación con la literatura, la muerte y más.

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La relación de Fernando Bonilla con la literatura

Aunque todos le hemos visto en la pantalla, la literatura siempre ha estado presente en la vida de Fernando Bonilla, incluso más allá de su profesión y el género teatral con el que día a día convive. Bonilla cuenta que las letras llegaron a él de manera temprana a través de su madre.

“Mi madre es cuentacuentos,  y creo que el primer acercamiento que tuve con los cuentos fue desde la oralidad, pero en general contar historias ha sido la materia de trabajo a la que me he enfrentado durante toda mi vida.

Hablando sobre esas historias que llegaron a él de manera temprana, Fernando referencia algún libro infatil, pero también clásicos de la literatura y comics.

“El primer libro que leí y que disfruté de principio a fin fue ‘Los de abajo’ de Mariano Azuela. Un poco después me determinó mucho ‘La conjura de los necios’, y bueno, la obra de Ibargüengoitia: ‘Los relámpagos de agosto’, ‘Las Muertas’, ‘Instrucciones para vivir en México’. Creo que fueron las lecturas que más me influenciaron.”

Con todo esto, esta es la primera vez que el actor escribe narrativa, y lo hace a través de cuentos. Te contamos los detalles de su primer libro.

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¿De qué va “Tzompantli nuestro de cada día”?

“En cada relato, el narrador expone de diferentes maneras la idea de que el más allá mexicano es un más acá”, dice Enrique Serna, quien además, fue el encargado de hacer el prólogo de esta colección de 11 cuentos que también fueron ilustrados por David Espinoza.

Con una mezcla de ingenio, agudeza, humor y realismo, el autor construye un panorama amplio de cómo es esa relación agridulce que se tiene en México— y porque no, en Latinoamérica— con la muerte.

Haciendo referencia a las tradiciones mesoamericanas, un Tzompantli era un altar que se usaba para exhibir de manera pública los cráneos. Entonces, se podría decir que aquí cada cuentito vendría siendo uno de ellos.

“Tenía ganas de explorar la relación de México y la muerte más allá de los grandes tópicos que determinan la idea, dejando un poco de lado el folclore de Día de Muertos, el narcotráfico y la violencia que son pues dos temas transversales para hablar de la muerte en México. Me interesaba explorar un poco la relación cotidiana y cercana, la parte más íntima, la muerte de nuestros seres queridos, la muerte de nosotros mismos que se avecina. Ese fue el punto de partida. El tono pues lo tenía muy claro porque es un tono que me gusta, que me seduce”

Fiel a su estilo en el que ha demostrado que nada artístico está distante de la historia y los contexos, el  mismo título del libro tiene una dimensión más profunda, porque así como muy mexicana es la tradición alrededor de Día de Muertos, también los son algunas heridas. La segunda parte del título lleva una frase católica: “Tzompantli nuestro de cada día”:

“Un verso de la oración católica del Padre Nuestro, hace referencia al pan, y decir de una manera diversa que la muerte está cerquita de nosotros como mexicanos todos los días, y al mismo tiempo evoca nuestro origen mestizo, violento y con todas las heridas que conllevó la configuración  de la sociedad que somos y que hemos sido”

Cuentos que tenían otro destino

Fernando Bonilla comparte que por cuestiones de la vida, estos cuentos acabaron siendo el libro que conocemos hoy, y que una vez se definió ese camino, se eligió también algo clave y que le acaba dando un sello importante: El lenguaje empleado.

“Es interesante porque los cuentos no los empecé a escribir pensando en que iba a ser un libro, ni siquiera pensando en que fueran a ser leídos. Empezaron siendo un poco un boceto para un guion cinematográfico. Esa era mi idea originalmente”, explica.

Sin embargo, posteriormente aterrizó ideas en papel y le gustó como estaba quedando. Algo que también vale la pena mencionar respecto al proceso de creación de “Tzompantli”, es que el mismo autor atravesó una pérdida mientras lo escribía por lo que el cuento llamado “Canela” tiene una dedicatoria especial:

“Hay una conexión emotiva fuerte porque justo se murió mi perra cuando estaba escribiendo el libro y decidí escribirle un cuento a ella. Entonces, la descripción que se hace de la perra que aparece en “Canela” es muy puntual de mi perra y pues es una manera de mantenerla viva en el recuerdo”.

Tzompantli
Foto: Cortesía

Un lenguaje cotidiano como la muerte misma

En los cuentos nos topamos con personajes que usan el camión, que tiene tuppers del Casa de Toño, que les cuesta llorar, que deben enfrentarse a la burocracia aún en medio de la pérdida, y que sobretodo, usan expresiones que nosotros también usamos en la cotidianidad. Así, mientras nos estamos riendo del absurdo del cuento, “nos caé el 20” con el golpe de realidad que encuentras en el mismo.

Esa elección de voz para “Tzompantli” no es casual, Fernando Bonilla resalta el poder igualador que puede tener la muerte, mismo que quizá buscó que coincida con el uso de la jerga cotidiana.

“Un lenguaje muy directo y muy franco. Me parece que el espíritu del libro es la idea de que la muerte nos iguala, y la muerte inevitablemente nos conecta. Creo que esta idea de que la muerte puede tumbar esas barreras va en coincidencia con que el lenguaje sea familiar y sea accesible para cualquier persona”

La Muerte en México

Retomando la idea del título, al igual que todos esos cráneos que en algún momento fueron expuestos, todos vamos a morir:

“Vamos, a convertirnos en un epitafio, en un número, en una estadística, y creo que la ficción puede ayudar a profundizar para imaginar qué había detrás”

Adicionalmente, explica que cree que el Día de Muertos es solo una parte pequeña de la relación que el país tiene con la Muerte, y ese absurdo que tenemos presente en todos los textos nos ayuda a entenderla.

“Una relación atávica, compleja, barroca, agridulce de este país, marcada por heridas muy profundas, abiertas y no curadas. Creo que hay un detonante muy importante para el libro: el absurdo. En México lo entendemos o por lo menos nos es muy familiar. Este es un país que funciona y que no funciona permanentemente y al mismo tiempo…es un país raro que ha tenido un pie en distintas realidades. Siempre parece que vamos en un camino distinto al de nuestros compañeros, ahora, por ejemplo que está emergiendo el fascismo, México tiene un gobierno con ideas más progresistas que contrastan mucho con el neofascismo que ha impuesto el plan Condor 2.0 en la región”

Con todo esto, escribir esta coleción de cuentos fue, para Fernando una forma de hacer las paces con la idea de la muerte:

“Me ayudó no a aprender, sino a reentender conceptos que quizá estaban ahí, y que vale la pena revisitar respecto al recuerdo, a la memoria e incluso a la posibilidad de vivir más allá de la muerte, pues desde mi punto de vista se reduce al buen recuerdo que hayas dejado en la tierra”

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