Dalila Sarabia · 26 de agosto de 2026
Este lunes 31 de agosto, 25 millones de estudiantes volverán a las aulas de todo el país. En los días previos, madres, padres y tutores abarrotan los mercados de útiles y uniformes escolares en busca de los mejores precios para cumplir con las largas listas de materiales y demás requerimientos que piden las escuelas.
Algunos padres, como Ángel, empezaron a ahorrar dos meses antes del fin del ciclo escolar. Su hija pasa a segundo de secundaria. Aunque “le echó ganas” lo que logró reunir fue insuficiente.
“Sí le pidieron muchísimas cosas”, se queja. “Antes eran los colorcitos y ya; ahorita ya piden plumones, plumas de gel…”, dice, mientras carga una gran bolsa de costal en la que va colocando las compras que él y su esposa hacen en la calle de Mesones en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

“Unos dos, tres meses antes de que salieran empezamos a ahorrar poco a poquito y al final de cuentas pedimos un préstamo porque todavía faltan sus tenis, las playeras y todo eso”, agrega el padre de familia, quien prefiere hacer las compras en esta zona por la variedad de productos y los precios que son un poco más accesibles.
Para este 2026, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) estimó que tan sólo en el equipamiento básico —útiles escolares, uniformes y calzado, sumado a la cuota escolar y los artículos de limpieza— las familias gastarán hasta 12 mil 422 pesos por estudiante; mil 500 pesos más que el gasto hecho en 2025, mismo que ascendió a 10 mil 916 pesos. Esto representa un incremento aproximado de 13.8 % sólo en un año.
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Únicamente en surtir la lista de útiles, informó la ANPEC, el desembolso alcanzará los 3 mil 802 pesos, frente a los 3 mil 386 considerados en el ejercicio anterior, lo que representa un incremento de 12.3 % en lista de útiles.
“(Los precios) sí cambiaron mucho, por ejemplo, algo pequeño como los juegos de geometría subieron 20 pesos y son muy sencillos. Rescatamos colores, unos lápices que les sobraron y la mochila que también es cara, por lo que ahorita va a ocupar la misma”, explicó Ángel, quien vive en Topilejo, en la alcaldía Tlalpan.

En la víspera del inicio del ciclo escolar 2026-2027, Delia se abre paso entre los ríos de personas que circulan por el primer cuadro de la capital. Viene desde Acolman, Estado de México, a surtir la lista de útiles de su nieto que pasó a tercer grado de primaria.
“Siento que los precios están correctos, pero como ya son más niños y están más grandes, pues ya se va viendo un poquito más en la economía”, dice.
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“Hace dos años, por ejemplo, no compraba diccionario y ahora ya lo pidieron, entonces es más carito y más difícil”, explica Delia, quien cuestiona requerimientos como el tangram o un rompecabezas.
“Ni modo, de todas maneras tenemos que conseguirlos”, dice resignada.

Algunas familias fueron comprando de a poco los útiles en días pasados, mientras que otras decidieron “hacer su guardadito” y surtir toda la lista en una misma visita.
Evan, un joven vendedor de útiles en la calle de Mesones, refirió que aunque hay mucha gente haciendo las compras de última hora, en semanas anteriores hubo más clientes debido a que en muchas escuelas es requisito que el día de la inscripción se presenten todos los útiles.
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“Te dan una fecha a elegir”, señala Leticia Dávila, madre de una niña que entrará al preescolar. “Por ejemplo, a mí me tocó el 28 de agosto y ese día tengo que llevar todo lo de la lista y al iniciar las clases el 31 de agosto me pidieron dos libretas aparte, porque esas son las que va a llevar todo el ciclo escolar”, explica.
Durante un recorrido por la zona, Animal Político observó que entre las libretas, cajas de colores, montañas de lápices adhesivos y mochilas, destaca la venta de botellas de gel antibacterial, aerosoles limpiadores y aromatizantes ambientales; papel de baño, las llamadas sanitas e incluso, líquido aromatizante para limpiar pisos.

“Antes nosotros vendíamos más papelería, pero por lo mismo de que empezó el Covid empezamos a vender todo esto de la limpieza (…) las sanitas nosotros las damos a 15 pesos, pero en otros lugares las venden en 20 o hasta en 25 pesos”, comparte un joven vendedor.
“Los desodorantes (en aerosol) esos sí están un poquito caros, igual que lo que piden para las manos”, dice Leticia, quien detalló que solo en la lista de útiles de su hija que entrará al kínder gastó alrededor de 2 mil 500 pesos y aún le falta adquirir uniformes y zapatos que, estimó, le costarán unos mil 500 pesos adicionales.
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Para la renovación del uniforme y el calzado, estimó la ANPEC, las madres y padres podrán gastar hasta 4 mil 895 pesos, considerando un incremento aproximado de 11.25 % respecto del costo de referencia de 2025, que fue de 4 mil 400 pesos.
El uniforme diario —camisa y pantalón o falda— cuesta en promedio mil 210 pesos; el uniforme deportivo —playera, pants y chamarra— aproximadamente mil 485; los zapatos 900 pesos, al igual que los tenis; más 385 pesos de las calcetas.

Al gasto que las familias deben hacer en la compra de útiles, uniformes y calzado escolar, se suma el pago de cuotas “voluntarias”; una práctica que, aunque está prohibida por la ley y las autoridades han hecho llamados a no pagarlas, se replica en prácticamente la totalidad de las escuelas públicas del país.
Ya sea en efectivo o en ocasiones a través de depósitos y transferencias bancarias, las familias deben pagar cantidades que varían dependiendo de la escuela y el grado que cursará cada estudiante.
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Puede ir desde los 200 hasta los 800 o mil pesos, de acuerdo con testimonios recabados.
Se trata de dinero que, argumentan los profesores o directivos de las escuelas, será utilizado para hacer mejoras en los planteles. Esto, a pesar de que el propio gobierno federal impulsa programas como La Escuela Es Nuestra, que para este 2026 tiene un presupuesto de 26 mil millones de pesos, para atender —entre otras necesidades— la infraestructura de los planteles educativos del país.

“Yo estoy a favor a veces, y a veces no”, dice Leticia sobre las cuotas. “A favor, porque a veces los niños necesitan mucha limpieza en las escuelas porque hay enfermedades en los baños y en ese aspecto sí, para que le paguen a una señora de limpieza”, explica.
“Pero a veces no estoy de acuerdo porque luego ya las cobran muy altas; se pasan. ¿Para qué quieren tanto dinero? Si luego durante todo el año nos piden cooperación para esto, cooperación para lo otro, ¿entonces dónde está el dinero que dimos de la cuota?”, cuestiona la madre de familia.
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Aunque estos pagos se piden de forma “voluntaria”, madres y padres consultados reconocen que si no la pagan, no dejan que sus hijas e hijos se inscriban.
“A comparación del año pasado, en la primaria pasó de 300 a 500 pesos y en la secundaria ahora tenemos que pagar 600; si no, no dejan que inscribamos a nuestros hijos”, comparte Yasmín, madre de una niña de primaria y un niño que pasó a tercer grado de secundaria.