Educación inicial en México: el asterisco detrás del aumento de 800 % en el presupuesto

Joel Aguirre · 24 de agosto de 2026

Educación inicial en México: el asterisco detrás del aumento de 800 % en el presupuesto

Por Alejandro Ordóñez González*

El pasado 10 de agosto, durante la 6ª Jornada Nacional de Inversión en Primera Infancia 2026, en la sede de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se anunció como avance que el presupuesto educativo para las niñas y niños más pequeños creció 800 por ciento en términos reales; sin embargo, la cifra traería asteriscos porque ese recurso no se ha traducido en un incremento de igual medida en la cantidad de niñas, niños y sus familias que hoy disfrutan de los servicios educativos y que les corresponden por ley de 0 a 3 años: la cobertura de educación inicial sigue por debajo del 5 por ciento. Veamos qué sucedió.

Alberto Sotomayor, Coordinador de Investigación del Pacto por la Primera Infancia, hizo evidente el asterisco oculto: el incremento se debe a que hasta 2022 no se contaba como gasto en primera infancia el recurso destinado al sueldo de maestras y maestros de educación inicial y preescolar, entonces podemos inferir que no es que el gobierno haya invertido más, sino que empezó a contar algo que ya existía, y ¡ojo aquí!: creció la contabilidad, no el gasto.

Si lo anterior no fuera poco para arruinar lo que parecía una buena nueva, se le suma que de esa bolsa de recursos no sabemos cuánto llegó a la educación de los más pequeños (los de 0 a 3 años de edad) porque en los datos históricos disponibles que son públicos no se puede separar cuánto corresponde a docentes de preescolar y cuánto a docentes de educación inicial. 

Es posible detectar los sube y baja de los presupuestos

Desde Mexicanos Primero subrayamos que la educación inicial es un derecho constitucional (Artículo 3°) que el Estado está obligado a garantizar para cada niña y niño y que el artículo 12 de la Ley General de Educación no puede ser más claro: “Las autoridades educativas, en el ámbito de su competencia, preverán de manera progresiva y de acuerdo a la disponibilidad presupuestaria, los recursos presupuestales necesarios para garantizar la prestación de educación inicial, con el fin de lograr la universalidad de dicho servicio”. 

En los estudios presupuestales del Pacto por la Primera Infancia es posible detectar los sube y baja de los presupuestos anuales del programa de expansión de la educación inicial: caen 21 por ciento en 2021; suben 15 por ciento en 2022; suben 7 por ciento en 2023; suben 4 por ciento en 2024; y de nuevo bajan 3 por ciento en 2025. Un presupuesto así de voluble para la primera infancia no solo refleja desorden administrativo, demuestra incumplimiento, pues la progresividad que exige la ley para asignar más recursos parece estar sujeta a preferencias presupuestales en vez de reflejar que a un Estado que cumple con su obligación.

Por otro lado, una limitada disponibilidad del recurso como justificación al mínimo avance en cobertura de educación inicial no se sostiene cuando la propia autoridad ni siquiera se asegura de que se gaste lo poco que se aprobó. En el programa federal específico para expandir la educación inicial se gastaron 751 millones de pesos en 2025; esto, además de ser reducido en cantidad (en proporción equivale a 35 centavos para el programa de los 100 pesos invertidos en primera infancia) se agrava cuando en cinco de los últimos seis años se detectan subejercicios y que solo cuatro entidades concentran la mitad del presupuesto en un programa con la etiqueta “de expansión”. Esto es como apartar dinero para pagar la despensa necesaria del mes, repartirlo mal, no gastarlo todo, tener que devolverlo y que la alacena siga vacía.

Es imposible saber cuánto se gasta para educación inicial

Para rematar la nota del asterisco, las cifras no cuadran; durante el evento el Pacto mencionó que la primera infancia recibe 20 por ciento del presupuesto etiquetado para la niñez, mientras que el Sipinna señaló que en 2027 recibirá el 10.17 %, eso se explica porque Hacienda cambió la manera de presentar los datos perdiendo el desglose por edades que existía desde 2012 a la vez que admitió que los anexos anteriores estaban “sobreestimados”. Es decir, no solo es imposible saber cuánto se gasta para educación inicial (0 a 3) y preescolar (3 a 5), las cifras que hemos usado para exigir progresividad durante años pudieron estar infladas, y lo dijo la propia autoridad.

En respuesta a lo anterior, Claudia Segovia, de la Unidad de Política y Estrategia para Resultados de Hacienda, comprometió los informes del segundo semestre de 2026 consolidados en 2027 en los cuales volverá la desagregación etaria; esta promesa, que disparó los aplausos, también trae su asterisco, pues con las notas anteriores existe la posibilidad de que la cifra total de inversión en primera infancia se desinfle y sea bastante menor de lo que hemos venido celebrando. 

Este 8 de septiembre #ÉchaleOjoAlPresupuesto para verificar que Hacienda publique el desglose, que junto con la Secretaría de Educación Pública separe educación inicial de preescolar, y que las y los diputados voten por un presupuesto con metas de cobertura. No debemos permitir que el recurso aumente, no se gaste y que la cobertura educativa para los más pequeños continúe estancada debajo del 5 por ciento.

La presidenta Claudia Sheinbaum ya dio muestras claras de voluntad política y avances en papel; si la niñez es su prioridad y si #AprenderImporta en México, en el proyecto del presupuesto para 2027 tendrá que dar cuentas de lo (com)prometido.

Alejandro Ordóñez González es director de Vinculación Estratégica en Mexicanos Primero. Redes: @alex_ordnz

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