Bajo la lluvia, la mayor fiesta del Tri: así celebró la CDMX el paso perfecto de México

Manu Ureste, Eréndira Aquino e Israel  Fuguemann · 25 de junio de 2026

Bajo la lluvia, la mayor fiesta del Tri: así celebró la CDMX el paso perfecto de México

La lluvia caía con tanta fuerza que, por momentos, la pantalla gigante apenas se distinguía detrás de la cortina de agua.

Sobre la avenida Juárez, en el centro histórico de la Ciudad de México, cientos de paraguas chocaban unos con otros mientras los impermeables verdes de la selección comenzaban a rendirse. Algunas personas abandonaban su sitio frente al Hemiciclo a Juárez y Bellas Artes para refugiarse bajo los árboles de la Alameda o los portales de los restaurantes. Otras seguían ahí, empapadas, mirando el partido como podían.

Durante los festejos nadie parecía ver ni sentir la lluvia
Durante los festejos nadie parecía ver ni sentir la lluvia. Foto: Israel Fuguemann

Entonces, en el minuto 55, cayó el primer gol de México ante Chequia.

Y ocurrió algo que desafiaba la lógica. Quienes ya se marchaban dieron media vuelta y regresaron corriendo hacia la pantalla. Bajo el aguacero estallaron los abrazos entre desconocidos, los saltos y las banderas agitadas con más fuerza, y un grito de “goool” que, por fin, consiguió imponerse al estruendo de la tormenta.

Seis minutos después llegó el segundo tanto. Ya en el descuento cayó el tercero. La jugada nació tras un despeje largo de Guillermo Ochoa —que acababa de ingresar para disputar los últimos minutos del que anunció será su último Mundial— y terminó haciendo temblar las pantallas instaladas en Reforma, el Zócalo, Bellas Artes y decenas de plazas donde, según cifras oficiales, unas 800 mil personas salieron a celebrar.

La lluvia siguió cayendo tras el pitido final. Pero durante los festejos en el Ángel ya nadie parecía verla ni sentirla. 

Había razones: nunca antes México había terminado una fase de grupos mundialista con paso perfecto. La goleada por 3-0 confirmó el mejor arranque de su historia en una Copa del Mundo y terminó por instalar una sensación poco habitual entre la afición mexicana: la de que, esta vez, sí era posible ilusionarse con algo más.

Te recomendamos: “No puede haber fiesta en el dolor”: el día en que las familias buscadoras llegaron al umbral del Mundial 2026

Al término del encuentro, las calles se transformaron en una celebración que, por unas horas, hizo olvidar el tráfico, la tormenta y hasta la Ley Seca. Las vuvuzelas, las matracas, los cláxones y los gritos de “¡México, México!” se apoderaron de la noche.

Nada parecía suficiente para contener el festejo. Ni el aguacero. Ni los filtros policiales para impedir el ingreso de bebidas alcohólicas. Ni las largas filas para acceder a las pantallas o a los baños portátiles. Con cada gol del Tri, todos esos obstáculos fueron perdiendo importancia. 

Horas antes, sin embargo, otro ambiente dominaba el Monumento a la Revolución. Mientras la ciudad comenzaba a vestirse de verde, colectivos de familias buscadoras entonaban una versión de Cielito Lindo convertida en reclamo por los desaparecidos. Después marcharían rumbo al Estadio Azteca, ahora llamado Ciudad de México, para recordar que, incluso en medio de la euforia mundialista y la lluvia, hay dolores que no se detienen durante noventa minutos.

La fiesta bajo control

Previo al partido, el gobierno de la Ciudad de México intentó ponerle orden a la celebración.

Desde las tres de la tarde, los refrigeradores de cerveza de los Oxxo cercanos al Ángel aparecieron cubiertos con plásticos negros. Un pequeño letrero resumía la medida decretada por el gobierno capitalino: “Ley Seca“.

“Hasta ahorita nadie se ha puesto pesado para que le vendamos cerveza por el partido. Pero más tarde seguro vendrán”, decía el empleado de un Oxxo de Río Lerma mientras señalaba los refrigeradores clausurados.

A unos metros, cuatro amigos abrían la cajuela de un automóvil. Dentro guardaban una nevera portátil repleta de bebidas.

No te pierdas: Voluntarios sostienen el Mundial 2026 por amor al futbol y FIFA ahorra millones con trabajo gratuito

—Es para la pausa de hidratación —bromeaba uno de ellos.

Como ellos, decenas de aficionados buscaban cómo burlar la prohibición. Algunos, tal y como documentó Animal Político en varios puntos del Zócalo y Reforma, lo lograron y pasaron con bebidas. Pero fueron los menos. 

Tras los destrozos registrados después del triunfo sobre Corea el jueves pasado, el gobierno capitalino desplegó un operativo inédito: filtros, revisiones de mochilas, restricciones para ingresar bebidas alcohólicas y nuevas pantallas para repartir a la multitud y evitar aglomeraciones. 

El operativo comenzaba varias calles antes de llegar al Ángel. En Río Lerma, una hilera de vallas metálicas obligaba a reducir el paso. Detrás, esperaba una docena de policías revisando mochilas, bolsas y neveras. Uno de ellos repetía la misma frase:

—No pueden ingresar con bebidas alcohólicas. O las dejan aquí o no pueden pasar.

Aficionados consideraron necesaria la Ley Seca, tras los excesos del partido anterior
Aficionados consideraron necesaria la Ley Seca, tras los excesos del partido anterior. Foto: Manu Ureste

A su lado, otro agente sostenía una bocina de Protección Civil que repetía sin descanso: “Acceso por la banqueta. No ingresan bebidas alcohólicas”. Era una imagen muy distinta a la de los dos partidos anteriores, cuando apenas había presencia policial.

Los filtros no solo detenían hieleras. También obligaban a improvisar. Dos mujeres tuvieron que desatar una bandera mexicana de un asta metálica porque el palo terminaba en punta. Un joven protestaba porque no le permitían cruzar Reforma con una nevera.

—Ni siquiera íbamos a quedarnos aquí. Solo queríamos llegar a casa de unos amigos.

Pese a las restricciones, el ambiente distaba mucho de ser tenso. A escasos metros del filtro policial, un bar tenía la terraza llena. Desde dentro escapaban a todo volumen canciones de Los Tigres del Norte y los primeros cánticos mundialistas. El alcohol seguía corriendo dentro de los establecimientos. La prohibición comenzaba apenas cruzando la banqueta.

No te pierdas: Aficionados agreden a madre buscadora en El Ángel; toman lona de personas desaparecidas para cubrirse de la lluvia

Las opiniones estaban divididas. Algunos consideraban necesaria la Ley Seca, tras los excesos del partido anterior. Otros admitían que ver el Mundial 2026 sin cerveza resultaba “un poco aburrido”, aunque entendían el operativo. Eduardo Zamora resumía el sentimiento que terminaría imponiéndose:

—Con alcohol o sin alcohol, hoy vamos a festejar.

A las seis y media de la tarde, dos trabajadoras del gobierno capitalino vaciaban latas y botellas de cerveza en una coladera sobre Río Volga. 

—Hay gente que coopera, pero también muchos se molestan porque invirtieron dinero y aquí las tiramos —explicaba una de ellas mientras la cerveza desaparecía por la alcantarilla.

Un par de horas después, aquellas cervezas vertidas en la coladera terminarían importando tan poco como la propia lluvia.

Una ciudad convertida en estadio

A falta de unos minutos para el inicio del partido, la voz metálica que normalmente anuncia alertas y recomendaciones de Protección Civil comenzó a repetirse por los altavoces del Centro Histórico y la Alameda.

Esta vez no advertía sobre un sismo ni sobre una tormenta. Informaba que la plancha del Zócalo había alcanzado su capacidad máxima e invitaba a los aficionados a dirigirse a las pantallas instaladas en Bellas Artes, avenida Juárez, el Monumento a la Revolución y el Ángel de la Independencia.

Sigue leyendo: “No jueguen con nuestro dolor”: familias de desaparecidos en el Ajusco llevarán su protesta al Mundial 2026

La estrategia terminó por repartir la marea de aficionados por buena parte del centro de la ciudad. Frente a la Alameda Central, decenas de personas siguieron el partido desde las bicicletas de Ecobici convertidas en improvisadas tribunas. Sobre Reforma, las familias ocupaban banquetas, jardineras y camellones. En el Ángel sonaban cumbias, Cielito Lindo, Molotov y hasta música electrónica mientras la gente esperaba el silbatazo inicial.

Poco antes del himno nacional, desde las tarimas instaladas por el gobierno capitalino, los animadores insistían una y otra vez en un mensaje poco habitual para una celebración de esta magnitud: recoger la basura al terminar el partido, a la japonesa. Se buscaba evitar que la ciudad repitiera la imagen del jueves anterior, cuando Reforma amaneció cubierta por toneladas de desechos tras la victoria sobre Corea.

Nada pudo contener la euforia de los mexicanos
Nada pudo contener la euforia de los mexicanos. Foto: Israel Fuguemann

La lluvia no pudo con la fiesta

A las once de la noche, ya con el partido finalizado, sobre Paseo de la Reforma, los charcos reflejaban las luces verdes, blancas y rojas de las pantallas gigantes. Las banderas pesaban, empapadas por el agua. Aun así, nadie parecía tener prisa por volver a casa. 

Muchos emprendieron el camino desde la Alameda y Bellas Artes hacia el Ángel para prolongar los festejos y unirse a la marea de personas que ya festejaba en el lugar. Otros buscaron una estación del Metro o un techo donde escampar unos minutos, pero incluso quienes ya se marchaban seguían cantando. Entre impermeables vencidos, camisetas pegadas al cuerpo y paraguas doblados por el viento, miles de personas continuaban abrazándose mientras el Ángel observaba, una vez más, una de esas noches destinadas a quedarse en la memoria colectiva de la ciudad.

Durante unas horas, la capital dejó de pensar en el tráfico, la tormenta y hasta en la Ley Seca. Solo quedó la euforia de un país que, por primera vez, vio a su selección ganar los tres partidos de una fase de grupos mundialista. Y ni siquiera la lluvia fue capaz de apagar la fiesta.