Más de 5 mil fosas en los últimos 20 años: "práctica sistemática u omisión deliberada"

Marcela Nochebuena · 21 de agosto de 2026

Más de 5 mil fosas en los últimos 20 años: "práctica sistemática u omisión deliberada"

“Encontrar no es fácil, es una mezcla de muchas emociones. Es algo que se te queda muy adentro, porque uno como hombre también siente esa impotencia de no poder proteger a los suyos”, dice Eduardo Gabriel Ramírez Chaufón, hermano buscador

“Recuerdo la primera búsqueda en la que participé; fue en el Ajusco. En ese tiempo yo no tenía noción de cómo buscar, simplemente llegué con las ganas de encontrar a quienes nos faltan”, cuenta. 

En las últimas dos décadas, 5 mil 152 fosas clandestinas con 5 mil 718 cuerpos han sido reportadas en México, principalmente en los estados de Guerrero (416), Veracruz (400), Sonora (381), Guanajuato (294) y Jalisco (263). En conjunto, esas entidades concentran el 50 % de los hallazgos de fosas clandestinas a nivel nacional. 

Más de 5 mil fosas en los últimos 20 años: “práctica sistemática u omisión deliberada”
Ángel Ruiz, Denisse González de ONU-DH México; Olimpia Montoya, hermana buscadora; Eduardo Ramirez, hermano buscador; y Andrea Horcasitas, del programa de Derechos Humanos Ibero CDMX, durante la presentación del informe trazar la ausencia, caminar la esperanza, un análisis de hallazgos de fosas clandestinas en México. Foto: PDH Ibero

De acuerdo con el informe “Trazar la ausencia, caminar la esperanza”, del Programa de Derechos Humanos de la Ibero —que abre con las palabras de Ramírez Chaufón como prólogo—, detrás de estos hallazgos hay una problemática estructural y patrones identificables en torno a territorios, víctimas y perpetradores.  

“Una de las expresiones más desgarradoras de la violencia que atraviesa hoy a México es la existencia de fosas clandestinas a lo largo y ancho de su territorio. Este fenómeno, de una jerarquía de crueldad innombrable, no puede entenderse como un hecho violento aislado, sino que forma parte de una cadena de violencias, graves violaciones a derechos humanos y diversos delitos, como son los feminicidios, los desplazamientos forzados, los homicidios y la desaparición de personas”, advierte de inicio el documento.

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Al mismo tiempo, señala que la presencia de fosas no se limita a unas cuantas regiones o municipios: en todas las entidades federativas del país se han registrado hallazgos. Entre 2022 y 2024, el PDH Ibero identificó al menos una fosa clandestina en cada estado.

En comparación con la prensa, las fiscalías registraron 46.5% más fosas; sin embargo, los medios de comunicación documentaron 46% más cuerpos; es decir, 2 mil 623 más que los reconocidos en las fuentes oficiales.

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El municipio con más fosas durante los 18 años analizados es Acapulco, con 189. Foto: Cuartoscuro

Dinámicas de macrocriminalidad en movimiento

El informe también destaca que las zonas donde se reportaron hallazgos principalmente han ido variando por sexenio, lo que habla del movimiento de las dinámicas de macrocriminalidad

Mientras que entre 2006 y 2012 los hallazgos se concentraron en el norte del país, en el sexenio siguiente (2013 a 2018) tres estados distintos con crecimientos considerables agruparon el 62% de las fosas: Veracruz, Guerrero y Jalisco. En tanto, en el periodo más reciente (2019 a 2024) la mayor cantidad de hallazgos se desplazó a Sonora, Guanajuato y Colima

“El caso de Sonora resulta especialmente dramático —destaca el informe—, al pasar de 3 hallazgos de fosas entre 2013 y 2018 a 361 entre 2019 y 2024. En Guanajuato, los registros también aumentaron de forma significativa, al pasar de 6 en el periodo anterior (2013-2018) a 283 en el más reciente (2019-2024)”.

Por otro lado, los municipios con mayor número de fosas durante los 18 años analizados son Acapulco (189); Tecomán (184); Hermosillo (110); Veracruz (101) y Juárez (96). Además, concentran gran parte de los hallazgos totales en los estados a los que pertenecen: Tecomán, el 81 % de las de Colima; Juárez, el 47 % de las de Chihuahua y Acapulco, el 45 % de las de Guerrero.

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Llama la atención que Acapulco, a pesar de estar a la cabeza en cantidad de fosas, no es el municipio con más víctimas exhumadas en el último periodo. Entre 2019 y 2024, Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco (287); Tecomán, Colima (200); Ixtlahuacán, Colima (170); Tijuana, Baja California (162) y Hermosillo, Sonora (150) registraron el mayor número. 

“Se siente una responsabilidad muy grande de no dejarlos ahí, de que si encontramos a uno, tenemos que encontrarlos a los tres. Es una unión que se hizo a la mala, por la pura desgracia, pero ahora somos como una familia de búsqueda que no puede dejar a nadie atrás”, continúa Ramírez Chaufón. 

La “zona gris” de la criminalidad 

Aunque el total de fosas contabilizadas en el informe corresponde a los últimos 20 años, un análisis cualitativo realizado a partir de los datos recolectados en medios de comunicación entre enero de 2021 y septiembre de 2024, indica que solo 153 notas periodísticas hicieron mención de los perpetradores.

Sin embargo, la muestra sirvió para analizarlos con base en cuatro categorías: crimen organizado, particulares, fuerzas estatales y una cuarta nombrada como “zona gris”; una categoría definida por el PDH Ibero a partir de determinadas inferencias de patrones identificados en los medios, que refiere a una coexistencia y posible colusión entre actores estatales y del crimen organizado

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La mayoría de las personas halladas en fosas son hombres. Foto: PDH Ibero

Aunque no exista propiamente una confirmación, las investigadoras sostienen que hay indicios que hablan de criminales y redes del Estado en esos casos. La “zona gris” no alude a un vacío de información, sino a una decisión metodológica a la que corresponden el 61% del total. En estos casos, la autoría de los actos delictivos pudiera responder a una responsabilidad compartida o difusa entre grupos de crimen organizado y agentes estatales

Por otro lado, los tipos de espacios geográficos más comunes donde se han localizado inhumaciones clandestinas son: predio (32.9%), inmueble privado (28.3%) y camino (10.8%); que suman el 73% del total. El resto son cerros y barrancas; ejidos; sitios a un costado de cuerpos de agua, como arroyos, presas o canales; terrenos de cultivo; espacios de convivencia y otros, como minas.  

La mayoría de las personas halladas en fosas en el periodo citado —3 de cada 4—, son hombres. No existe un perfil específico en torno a sus características o actividad primordial. Tanto la mediana como el promedio de edades indican que la mayor concentración de víctimas masculinas se encuentra en edades jóvenes-adultas.

En cuanto a la distribución de las formas de violencia más comunes, identificadas en el universo de fosas clandestinas, destacan en primer lugar los signos de tortura como la modalidad más frecuente, así como el calcinamiento y la inmovilización. En tanto, el desmembramiento está presente en el 13.6% de los casos.

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“En el caso del crimen organizado, la violencia se caracteriza por el uso recurrente de métodos como el desmembramiento, el uso de armas de fuego, el tiro de gracia y la tortura, los cuales reflejan una violencia simbólica, organizada y tecnificada”, añade el informe.

92 cuerpos en 58 fosas clandestinas vinculadas a feminicidio

Aunque se trata de un hecho atípico, en 23 de las 32 entidades del país se han dado hallazgos de fosas clandestinas vinculadas a feminicidio: 58 fosas con 92 cuerpos de mujeres, niños, niñas y adolescentes, principalmente en Chihuahua, Veracruz, Sonora y Ciudad de México.

Un dato que sobresale es que en el 60% de los casos donde estos hallazgos ocurrieron en un inmueble privado —casas, ranchos o negocios—, el 38.2 % dentro de ese universo correspondía a una propiedad de las propias víctimas o de los perpetradores.

Otros espacios documentados son predios abandonados, caminos, costados de cuerpos de agua como arroyos o drenajes, sitios montañosos como cerros o barrancas, pozos, y en un par de casos, un terreno de cultivo y un basurero. 

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Un informe de la Universidad Iberoamericana documentó más de 5 mil fosas clandestinas y más de 135 mil personas desaparecidas. Foto: PDH Ibero

Además, los hallazgos en fosas revelan que se utilizó más de un método de violencia contra las mujeres, es decir, que hay una intención particular de producir dolor y destruir su dignidad.

Aun con la diversidad de perfiles, existen patrones identificables: un predominio de mujeres jóvenes, y un 95% de víctimas mujeres en fosas clandestinas que fueron identificadas, lo cual resulta atípico en hallazgos de fosas clandestinas, pero podría hablar de que la violencia estuvo asociada a su entorno cercano o de que fueron localizadas en lapsos más cortos.

Las mujeres víctimas de feminicidio inhumadas en fosas clandestinas no son las únicas que sufren directamente las consecuencias de este crimen y de la violencia machista. Al menos 25 de ellas eran madres al momento de ser asesinadas, agrega el análisis.

Sitios reiterados y patrones estructurales

El análisis cualitativo elaborado por el PDH Ibero evidencia también que existen sitios reiterados en la disposición de cuerpos en fosas clandestinas, lo cual se materializó en al menos 23 fosas de uso reiterado y 10 sitios de uso reiterado.

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Uno de ellos es el Parque Nacional El Veladero, en Guerrero, con un total de 13 hallazgos en distintas fechas, que derivaron en la localización de aproximadamente 45 cuerpos distribuidos en 27 fosas clandestinas. Ante ello, se presumen graves deficiencias operativas u omisión frente a los hechos.

En Guanajuato, comunidades como El Conejo constituyen también “ejemplos paradigmáticos de abandono institucional”. En esa zona se registró un hallazgo en 2020, cuatro en 2023 y uno más en septiembre de 2024, con un total de al menos 12 cuerpos localizados en las inmediaciones, o a escasos metros, de la presa El Conejo.

Pero esto también ha ocurrido en espacios privados, como el fraccionamiento residencial Villa Fontan Aqua en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, donde entre 2018 y 2024, se ha intervenido en siete ocasiones la zona, con el hallazgo de 10 fosas clandestinas y 17 cuerpos localizados, particularmente en una de sus secciones.

“Los ejemplos expuestos no son únicos, sino representativos de un patrón estructural que atraviesa distintos contextos geográficos y socioterritoriales del país”, apuntó Mariana Marchand, del PDH Ibero. 

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Vinculadas a feminicidios, 92 cuerpos encontrados en 58 fosas clandestinas. Foto: Cuartoscuro

El uso repetido de fosas clandestinas y de sitios de uso reiterado no puede entenderse como hechos aislados ni como fallas circunstanciales en las labores de búsqueda, sino como evidencia de omisiones institucionales persistentes en materia de investigación, resguardo y prevención”, añadió. A eso, se suma la falta de identificación, por la que en el país hay un rezago forense de más de 79 mil restos humanos sin identificar.

Denise González Núñez, de ONU-DH México, remarcó que en el proyecto que dio origen al informe se sumaron esfuerzos desde la academia en colaboración con la sociedad civil para construir una fotografía del fenómeno, del destino de las personas halladas en fosas y su relación con la desaparición.

Por lo tanto, el reporte no se limita a observar la realidad, sino que busca involucrarse activamente con ella, y poner al conocimiento y a la ciencia al servicio de la verdad y la justicia. 

 “El proyecto permitió construir una base de datos nacional sobre fosas e hizo posible pasar de un abordaje fragmentado a uno desarrollado, identificando una mirada más panorámica, patrones de distribución, concentración territorial, temporalidad y otras dimensiones”, apuntó.

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Pero, además, aporta una metodología específica, haciendo explícitos criterios de inclusión, depuración y verificación. También introdujo una mirada interdisciplinaria que permitió comprender las cosas no solamente como lugares donde se pueden encontrar cuerpos o restos, sino como una expresión de la violencia, fenómeno social y problema grave de derechos humanos. 

“En este sentido, la presencia de hallazgos de fosas clandestinas en todas las entidades del país y la frecuencia con la que estas han emergido de la tierra en las últimas dos décadas refleja que el ocultamiento de cuerpos y restos humanos tiene una multiplicidad de dimensiones violentas —ya sea criminal (por acción), institucional (por omisión o negligencia) o estructural (por aquiescencia)—, que posibilitan que se cometan este tipo de crímenes impunemente. Por último, también contiene una dimensión de violencia expresiva (por la crueldad desplegada)”, concluye el informe. 

 “Lo que más me cala es esa sensación de impotencia cuando termina el día y no encontramos nada que nos diga dónde están. Te regresas con la ropa sucia, cansado y con esa tristeza de que otro día pasó y ellos siguen ahí en algún lugar”, añade Ramírez Chaufón en el prólogo, que él mismo leyó este jueves durante la presentación del informe. 

“Seguir buscando es lo único que nos queda como hermanos. Yo sé que Ángel haría lo mismo por mí, y por eso no me importa si el olor es fuerte o si el terreno está difícil, como en el Ajusco o en Morelos. La tristeza ahí va a estar siempre, pero la impotencia es la que me hace levantarme y volver a ir al cerro o a donde nos digan que puede haber algo”, añade.