Verónica Santamaría · 14 de agosto de 2026
La crisis climática está transformando la vida de las comunidades alrededor del mundo: reduce la disponibilidad de agua, altera las temporadas de cultivos, afecta la biodiversidad y pone en riesgo territorios y conocimientos que se transmiten de generación en generación.
Frente a estos cambios, jóvenes indígenas de distintas regiones intercambiaron experiencias y exigieron un papel más activo en las decisiones sobre la protección de sus territorios.
“Proteger nuestras tierras y nuestras comunidades para preservar nuestra cultura, nuestra identidad y nuestros conocimientos y sobre todo nuestra relación con la Madre Tierra [por eso] hoy nos reunimos para hablar de algo que nos involucra a todos y es el cambio climático”, dijo desde México, Haydee López García, una joven zapoteca originaria de Oaxaca.

Haydee es integrante de la red CIARENA A.C., una organización fundada y conformada por mujeres zapotecas, chinantecas, mixes, mixtecas, chatinas y afromexicanas. Durante su participación en el encuentro virtual “La protección del territorio desde las juventudes indígenas y el futuro de la agenda climática de las Naciones Unidas”, describió cómo los pueblos originarios se reconocen y adaptan ante esta problemática global que no solo escuchan en las noticias, sino que viven en sus entornos.
“Es algo que podemos ver día con día en nuestros territorios”, dijo la también integrante del Global Indigenous Youth Caucus (Caucus Global de Jóvenes Indígenas), una red internacional que agrupa a juventudes de siete regiones socioculturales del mundo.
Haydee también abordó el compromiso de las y los jóvenes indígenas en la construcción de un mundo más justo y sostenible desde los territorios. Por eso, dijo, se impulsan iniciativas que recuperan y acumulan los conocimientos ancestrales, que se transmiten de generación en generación, y desde ahí promueven el cuidado del medio ambiente.
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“Estos conocimientos nos enseñan que la Madre Naturaleza no es un recurso que simplemente podemos explotar sino que es parte de nuestra vida, de nuestra identidad y de nuestra cultura; porque hablar de cambio climático también significa hablar de justicia, de derechos, de cultura, y de nuestro futuro”, recalcó durante el conversatorio convocado con motivo del Día Internacional de la Juventud, en el que participaron personas de Argentina, Bélgica, Belice, Bolivia, Brasil, Burundi, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, Kenia, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, España, Tailandia, Uruguay y Venezuela.
Desde Kel Tamasheq, un pueblo indígena autodenominado “pastoralista” con presencia en países como Burkina Faso, en África, Ghasala Imane Mohamed narró que para adaptarse al cambio climático “vivimos cerca de puntos de agua durante ciertas temporadas del año o nos trasladamos a otros puntos sobre todo cuando hay mucha sequía”.
Ghasala Imane Mohamed pertenece a la asociación Tin Hinan que protege los derechos, la cultura y el rol de las mujeres indígenas del pueblo tuareg. Al igual que Haydee López García, también pertenece a la Global Indigenous Youth Caucus.

Compartió que la necesidad adaptativa de ir de un punto a otro en busca de agua ha ocasionado problemas con la propiedad de la tierra a los pueblos pastoralistas, pues no viven en una sola parcela o en un punto fijo, situación que les ha llevado a perder territorios y a tener problemas con la educación en niñas, niños y jóvenes.
“Tenemos un papel importante para revertir el cambio climático y debemos enfocarnos en las juventudes de todas las regiones del mundo”, agregó después de recordar que —según cifras de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA)—, en abril pasado, 2.8 millones de personas fueron desplazadas internamente en Burkina Faso, Malí y el oeste de Nigeria, y 1.4 millones necesitan asistencia debido a movilidad obligada detonada por el cambio climático.
A esto se suma que, debido a conflictos internos, más de 14 mil 800 escuelas han tenido que cerrar en estos tres países. Estos problemas, señaló Ghasala Imane Mohamed, evidencian la relación que hay entre el cambio climático y los conflictos. “Luchamos contra la desertificación, aprendemos a lidiar con las temporadas, con las estaciones; mujeres y niñas trabajan en la preservación de sus territorios”, afirmó.
En los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el ODS 13, dedicado a la acción por el clima, advierte que el cambio climático afectará a las personas de todos los países; por lo tanto, llama a acelerar las acciones de mitigación ante un escenario en el que los efectos se intensifican mientras los compromisos para hacerle frente avanzan con lentitud.
En este contexto, Verónica Fonseca Castro, quien forma parte del programa Our Future Agenda de Naciones Unidas, planteó que “esta conversación es importante porque la próxima persona que ocupe la secretaría general asumirá en un momento muy distinto al de hace 10 años: los impactos del cambio climático son cada vez más graves, los conflictos son más prolongados, las desigualdades crecen y la pérdida de confianza en las instituciones genera nuevas presiones sobre la cooperación internacional”.
Planteó que la elección de la próxima persona al frente de la ONU debe considerar un horizonte de largo plazo en las decisiones sobre política climática, pues las medidas que se adopten tendrán consecuencias durante décadas para las comunidades, sus medios de vida, cultura y los conocimientos que transmiten de generación en generación.

En el diálogo, organizado por el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC), la Red de Jóvenes Indígenas de América Latina y el Caribe y el Cónclave Global de Jóvenes Indígenas, las y los participantes expresaron su preocupación por la pérdida progresiva de espacios de diálogo intergeneracional.
Entre sus aportes destacaron “el cuidado de bosques, ríos, manglares y humedales; la gestión comunitaria del agua; las prácticas agrícolas indígenas; la conservación de la biodiversidad, y las estrategias locales de adaptación a los fenómenos climáticos”.
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No obstante, advirtieron que estas experiencias tienen una presencia limitada en los espacios donde se definen las políticas climáticas y se asignan recursos, debido a restricciones para acceder a financiamientos, falta de información en lenguas indígenas, escasa representación en procesos internacionales y la ausencia de mecanismos permanentes de consulta y participación.
Ante esta situación presentaron las siguientes recomendaciones:
Los resultados del encuentro se integrarán al Informe Mundial sobre el Impacto de la Juventud en el Clima, elaborado por el Grupo Consultivo de la Juventud sobre el Cambio Climático del Secretario General de las Naciones Unidas.