Marcela Nochebuena · 21 de septiembre de 2026
Dorian Alí Olivo Rodríguez cumplió 21 años el pasado 8 de septiembre. Hace casi cuatro meses que su familia desconoce su suerte y paradero.
Originario de Cuautla, cursaba la carrera de Nutrición en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Estudió hasta el segundo semestre. Aunque seguía activo en la universidad, estaba tomando una pausa y se dedicaba a estudiar inglés y a ejercitarse en el gimnasio.
Su mamá, Odilia Rodríguez, lo describe como un “niño de casa”, que siempre había vivido en Cuautla con su familia, de la que forman parte una hermana por parte de su mamá y dos por parte de su padre. Jamás se metió en problemas con nadie ni tuvo enemigos, afirma Odilia en entrevista.

Su rutina habitual consistía en seguir con sus estudios de idioma e ir al gimnasio; desde que pausó los estudios profesionales, había dejado de viajar a diario en motocicleta de Cuautla a Cuernavaca para ir a la universidad. Pero el 2 de junio decidió acompañar a una joven —amiga de una sobrina de Odilia— a Huitzilac, un municipio al norte de Cuernavaca, cerca de Tres Marías.
Su mamá había hablado con él en las horas previas, casi a las 14 horas, y él quedó de devolverle la llamada. Hoy solo sabe que llegó a su destino porque su acompañante, Marisol, compartió su ubicación desde Huitzilac. “Voy a un mandado con Marisol, pero voy manejando, mamá. Luego te llamo”, fue lo último que el joven le dijo a Odilia.
“Me quedé esperando esa llamada que nunca llegó”, lamenta a casi cuatro meses de su desaparición la mamá de Dorian. Ha aprovechado las recientes protestas en Cuernavaca, detonadas por el feminicidio de Claudia Tacoronte, para pedir que el caso de su hijo no quede invisibilizado.
La ausencia del joven de 21 años, que ha transformado radicalmente la vida de su familia, sigue marcada por la incertidumbre, el silencio de una persona detenida y la exigencia de profundizar en las investigaciones. Odilia apunta, además, a la crisis de inseguridad en la región, que se ha vuelto riesgosa para otros jóvenes y estudiantes.
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La ficha de búsqueda de Dorian Ali lo describe como un joven de 1.75 metros, tez morena clara, ojos café oscuro medianos, cabello negro ondulado —en todas sus fotos destaca ese muy marcado rizado hasta los hombros—, con una cicatriz en la rodilla izquierda por caída, un lunar en el oído y otro en el brazo derecho. La última vez que se le vio vestía una chamarra de piel color café, playera negra, pantalón de mezclilla, botines negros y lentes.
En Morelos, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, hay mil 874 personas cuya suerte y paradero se desconoce, de las que el 73 % son hombres. Cuernavaca, Cuautla y Temixco son los municipios con más casos; en Huitzilac se han reportado 18 en total. El grupo poblacional que más desaparece son los hombres de 20 a 39 años de edad.
Odilia supo que aquella tarde del 2 de junio, Marisol le había pedido de favor a Dorian acompañarla a Huitzilac. Para su hijo, no era difícil hacerlo y accedió. Después de que Dorian no devolviera la llamada y tampoco contestara a su madre, las alertas de la familia comenzaron a encenderse cuando pasaron de las 17 horas sin que regresara. Se había ido alrededor del mediodía.
De hecho, las llamadas y mensajes de texto ya no entraban a los teléfonos celulares de ninguno de los dos jóvenes. Con el tiempo, la investigación reveló que sí llegaron a su destino, pero sigue sin esclarecerse con exactitud qué ocurrió ahí.
Por lo que se sabe, Marisol —también desaparecida hasta hoy— iba a encontrarse con otra mujer en aquel municipio, que más tarde fue detenida y vinculada a proceso; sin embargo, no ha proporcionado más información a las autoridades. “No habla, ella no dice nada todavía; se han hecho búsquedas de campo, pero hasta ahorita es todo, no han encontrado ningún indicio ni nada”, narra Odilia.

Para ella, la situación requeriría una investigación mucho más profunda por parte de la fiscalía estatal. Recuerda, además, que desde que se inició la denuncia, encontró diversas dificultades para hacerlo.
“Enseguida me dirigí a la fiscalía de Cuautla, pero me hicieron dar muchas vueltas, se hizo muy noche, y al final para que me dijeran que no podía poner mi denuncia ahí, porque no les pertenecía Huitzilac. Me tuve que esperar a que amaneciera para ir a Temixco, porque casi me dio la medianoche”, relata.
Odilia sospecha, además, que no pudo ser una sola persona quien haya orquestado y ejecutado la desaparición, contra dos que iban juntas, por lo que continúa exigiendo que se sigan las líneas de investigación necesarias para dar con quienes hayan participado y llegar al fondo del caso.
Durante las jornadas en las que la familia de Dorian ha acudido a dicha localidad para pegar fichas de búsqueda, añade, los habitantes le han dado referencias negativas sobre la familia de la mujer vinculada a proceso, pues sugieren que se dedican a actividades ilícitas, por lo que Odilia pide profundizar en esas pistas.
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Luego de las protestas recientes a las que se ha sumado, las autoridades le han dicho a la madre de Dorian que el polígono de las búsquedas de campo se extenderá, con la participación de más elementos de seguridad. “Me dijo el jefe de la fiscalía que se van a seguir haciendo las búsquedas de campo para mi hijo, pero también quiero que se investigue más a fondo”, reclama.
“Mi hijo es inocente de todo esto que le está ocurriendo. Mi hijo es un daño colateral, no tiene nada que ver en este problema. Si la chica tenía problemas, eso sí yo no lo sé, lo desconozco, pero lo que sí aseguro es que mi hijo nunca ha tenido problemas con nadie, ni enemigos”, sostiene.
“Han pasado días que ya no sé cómo nombrar. Días que no son vida, apenas resistencia. Y aun así, sigo aquí. De pie, aunque mis rodillas tiemblen. Firme, aunque mi voz se quiebre. Luchando, porque cuando un hijo falta, una madre se convierte en fuego”, escribió Odilia en sus redes sociales el 13 de septiembre.
En entrevista, destaca que a todas las personas en su familia les cambió la vida totalmente tras la desaparición de Dorian, porque “estamos en la incertidumbre de qué fue de mi hijo, qué pasó, dónde estará, si le hicieron algo, que nos digan”.

“Es una agonía que se vive día a día, y no puede una estar tranquila. Yo, como madre, hay noches en las que no puedo dormir, y estoy intranquila; siempre estoy pensando en mi hijo, eso nadie me lo quita de la cabeza, y es algo muy triste”, relata.
Los estudiantes de la UAEM le han brindado su apoyo, así como familiares y amigos, pero hasta ahora no se ha acercado a colectivos de búsqueda. El alumnado de la UAEM, sin embargo, está dispuesto a apoyarla en caso de que lo requiera para cualquier movilización o manifestación, que Odilia no descarta, o para cuando ocurran las audiencias.
“Ayer colocamos una ofrenda en memoria de Claudia, de todas las que nos faltan, y de Dorian y Viridiana que siguen desaparecidos. Solo pasó una hora y el gobierno comenzó a arrancar las intervenciones artísticas, la ofrenda y nuestra rabia impregnada en esas paredes y suelo llenos de sangre.
“¿Cuántos nombres, cuántos rostros, cuántas vidas, cuántas mujeres se necesitan para que las autoridades estatales dejen de hacer caso omiso ante la violencia que desgarra al estado de Morelos? ¿Cuántas más necesitamos para despertar y dejar de tolerar la indolencia de la Gobernadora y las autoridades?”, cuestionó la Resistencia Estudiantil UAEM en su cuenta de Facebook la tarde del miércoles 16 de septiembre. En esa y otras publicaciones, denuncian que cuatro estudiantes de la institución han sido asesinadas en lo que va del 2026.
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La madre de Dorian no deja de señalar que aprovechó las últimas protestas para visibilizar el caso de su hijo aunque no es aislado, sino que junto a otros, refleja la crisis de seguridad que atraviesa Morelos. “Hemos estado aquí comentando que hay mucha inseguridad en Morelos, y no hay respaldo para las muchachas ni para los muchachos estudiantes, y que puedan salir libres a las calles como años atrás lo hacíamos”, reclama.
Un día antes, las madres y padres de la UAEM hicieron público un comunicado para exigir justicia en los casos que siguen impunes: “con tristeza, rabia e impotencia, hemos lamentado y padecido en los últimos siete meses por los feminicidios de las estudiantes Kimberly Jocelyn, Karol Toledo, Michelle Itzanaya y el de Claudia Tacoronte, el pasado sábado 12 de septiembre; aunado a eso, el joven Dorian Ali Olivo Rodríguez aún se encuentra desaparecido desde el 2 de junio de 2026”.
Odilia describe que hoy las personas temen salir o andar en ciertas zonas de Morelos después de las 20 horas por temor, ante lo que se requiere una pronta atención para terminar con la inseguridad en el estado. En ese contexto, la familia de Dorian ha tenido que atestiguar cómo el tiempo avanza sin que el proceso de investigación arroje más datos sobre su suerte y paradero.
Por eso Odilia Rodríguez hace un llamado a la gobernadora Margarita González Saravia y al fiscal Fernando Blumenkron Escobar para que no dejen de lado el caso, que no tiene la misma visibilidad que aquellos que se hacen mediáticos y que en menos de ocho días quedaron resueltos, señala: “mi hijo ya va para cuatro meses… queremos que se haga justicia y que la fiscalía siga con la investigación, que no se pare”.