El otro enjambre resalta la deuda de la sociedad con las personas en prisión

Marcela Nochebuena · 4 de octubre de 2026

El otro enjambre resalta la deuda de la sociedad con las personas en prisión

Bajo la convicción de que se habla mucho de las personas privadas de la libertad sin ellas, y de que la sociedad en su conjunto tiene una responsabilidad al participar en su exclusión, el proyecto en podcast “El otro enjambre” propone ser una forma de resistencia ante el encarcelamiento, que siempre trasciende los muros de la prisión.

En el debate público sobre la justicia y el sistema penitenciario, la cárcel suele funcionar como una alfombra debajo de la cual la sociedad intenta esconder los problemas estructurales que no sabe cómo resolver, aseguran sus ideadoras. 

Frente a ese panorama de aislamiento e invisibilización, la organización CEA Justicia Social dio vida a una producción colectiva en colaboración con Antifaz, que busca disputar narrativas hegemónicas en torno al encierro. El proyecto surgió a partir del trabajo de más de seis años de la organización con personas privadas de la libertad, así como de los procesos de su escuela comunitaria, para dar paso a la voz de las directamente involucradas.

“El castigo no termina en los muros”: El otro enjambre resalta la deuda de la sociedad con las personas en prisión
Foto: Cuartoscuro

En lugar de producir relatos que lucran con el morbo, la curiosidad o el dolor ajeno, la propuesta apuesta por construir comunidades de escucha y situar a las personas que han vivido la prisión —así como a sus familias y redes afectivas— no solo como testimonios, sino como sujetas de conocimiento legítimo que pueden pensar y proponer alternativas al punitivismo.

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“Quizá para quienes no han estado en contacto con personas privadas de la libertad, la cárcel es sinónimo de justicia; el castigo es la fórmula para que haya seguridad; además, un sistema de justicia que funciona es aquel que resguarda a más personas en prisión para asegurar que no cometan más delitos.

“Pero la realidad es otra: en nuestro país salen más de 100 mil personas de prisión cada año. El endurecimiento de las leyes para meter a más personas a prisión no ha bajado, ni la inseguridad ni la violencia. Lo que sí ha aumentado son las violaciones a derechos, la criminalización de la pobreza y el poco o nulo acceso a la justicia para quien enfrenta el sistema penal”, advierte el podcast en la introducción a su primer episodio.  

“Frente a las estructuras que nos separan, podemos construir redes que nos encuentren”: Enith

Enith tiene claro lo que significa “El otro enjambre” para ella: una forma de resistencia. Como mujer migrante y lesbiana privada de la libertad durante seis años en el Cefereso 16, cuya pareja hoy vive una larga prisión preventiva sin sentencia, enfatiza el valor de generar espacios donde las personas puedan expresarse de manera directa.

Su primer acercamiento con CEA Justicia fue cuando apenas tenía cuatro días de haber salido del centro penitenciario. Apenas y podía —recuerda— articular palabra. “Tranquila, aquí estamos”, escuchó por respuesta.

“El castigo no termina en los muros”: El otro enjambre resalta la deuda de la sociedad con las personas en prisión
Foto: Israel Fuguemann

Hoy considera que el valor de El otro enjambre radica en permitir que las historias no sean interpretadas ni filtradas por terceros, pues durante mucho tiempo han predominado voces que explican quiénes son las personas privadas de la libertad, qué les ocurre, qué necesitan o qué deberían hacer.

“Se habla de ellas sin ellas”, asegura. Recuperar la palabra es el primer paso para la construcción colectiva: “Hablar también es una forma de recuperar la voz, y recuperar la voz es muchas veces el primer paso para construir colectivamente otras posibilidades… Cada persona tiene el derecho a decidir qué quiere compartir, qué quiere reservar y cuáles son los límites de su propia historia”.

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El encarcelamiento desborda los límites físicos de los muros que encarcelan, añade. La pena impuesta por el Estado no recae exclusivamente sobre la persona procesada o sentenciada, sino que se extiende a todo su entorno: 

“El castigo no termina necesariamente detrás de las rejas. El encarcelamiento trasciende la prisión, afecta a parejas, familias, hijas, hijos, madres, amistades y todo lo que se llame redes afectivas. Afecta los proyectos de vida, genera gastos, desgaste emocional, dificultades para mantener ritmos y muchas veces situaciones de estigma y exclusión que continúan incluso después de recuperar la libertad”, detalla.

En ese escenario, los actos cotidianos de comunicación adquieren una dimensión de soporte vital: “Una llamada de unos cuantos minutos puede parecer algo pequeño para quien está afuera, pero para quien está adentro puede significar sostener un vínculo, escuchar a una hija, acompañar una enfermedad, saber qué está pasando en casa o simplemente recordar que todavía existe alguien del otro lado. Incluso una carta puede convertirse en una forma de cuidado”.

El significado del “enjambre”

La metáfora del enjambre pretende representar a un modelo de apoyo mutuo frente a la severidad del aparato penal. La idea de organización comunitaria no exige uniformidad de pensamiento, sino capacidad de acompañamiento. 

“Un enjambre nos permite pensar en muchas personas que, aunque tienen funciones y experiencias distintas, pueden moverse colectivamente. No significa que todos pensemos igual y no significa que todas hagamos lo mismo, significa que podemos encontrar formas de acompañarnos y actuar juntas frente a aquello que nos afecta, en este caso la cárcel”, dice Enith.

Bajo esa perspectiva, el acompañamiento deja de ser una responsabilidad individual para convertirse en una respuesta comunitaria. Trabajarla en enjambre significa comprender que nadie debería enfrentar el proceso ni las consecuencias del castigo a solas, que una familia no debería vivirlo sin acompañamiento, y que quien recupera la libertad no debería encontrar una comunidad que le cierre todas las puertas.

“El castigo no termina en los muros”: El otro enjambre resalta la deuda de la sociedad con las personas en prisión
Foto: Israel Fuguemann

La “sombra de la cárcel” —el estigma, las dificultades para conseguir un empleo, la ruptura o transformación de los vínculos, las afectaciones económicas y las desigualdades que existían desde antes del encarcelamiento—, recuerda, puede seguir acompañando a una persona más allá de los muros de la prisión. 

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“La sociedad también tiene responsabilidades. ¿Cómo estamos preparando a nuestras comunidades para recibir a quienes recuperan la libertad? Si la comunidad participa en la exclusión, debe participar en la construcción de alternativas”, sostiene. Eso implica pasar de la pregunta ¿qué castigo merece esa persona? a preguntar ¿qué le ocurre?

Una pedagogía popular, la apuesta de CEA

CEA Justicia Social ha coincidido desde sus inicios en la necesidad de cambiar los términos de la discusión pública sobre el sistema penal. Como base de su creación, buscó generar una contranarrativa que no hablara de las personas, sino que les compartiera las herramientas necesarias para negociar y proponer directamente, explica su coordinadora, Ángela Guerrero.

“Lo que pensamos fue cómo vamos a hacer una apuesta para no hablar por las personas que se encuentran en prisión o que salieron de prisión, para que sean ellas las que se sienten a negociar, a exigir, pero también a proponer cómo hacerlo distinto”, refiere. 

La organización sostiene una apuesta por la pedagogía popular, que reconoce que el conocimiento técnico o académico debe dialogar con las vivencias directas de quienes atraviesan el encierro. El diseño de El otro enjambre —según enfatiza también María Ana del Valle, de la misma organización— nació del trabajo de la escuela comunitaria que impulsan.

Ambas tienen la convicción de que las personas que han vivido violaciones a sus derechos humanos poseen un conocimiento legítimo indispensable para diseñar soluciones colectivas y alternativas al castigo. En ello, son fundamentales también las familias, “quienes sostienen, no solo el sistema penal, sino que sostienen la lucha. Y esa lucha es, ni más ni menos, en un entorno de muerte y de dolor, una lucha por recuperar la vida y la dignidad”.

“El otro enjambre” describe en su propio tráiler que ese podcast “iba a llamarse simplemente El Enjambre”. “Nos gustaba esa imagen porque hablaba de la fuerza y del poder que surge cuando muchas personas se encuentran, se organizan y construyen juntas algo que ninguna podría hacer por sí sola”. 

“El castigo no termina en los muros”: El otro enjambre resalta la deuda de la sociedad con las personas en prisión
“El castigo no termina en los muros”: El otro enjambre resalta la deuda de la sociedad con las personas en prisión. Foto: Cuartoscuro

Sin embargo, mientras preparaban la serie —lo que llevó varios años—, el gobierno federal presentó la “Operación Enjambre”, centrada paradójicamente en detenciones y el despliegue de todas las instituciones de seguridad. Así nació la idea de no abandonar el nombre, sino disputarlo, con la denominación “El otro enjambre”.

“Frente a un enjambre que apuesta por el castigo, queremos hablar de otro que se construye desde abajo… ¿Cómo se espera que el sistema de justicia reinserte personas, si no hay contacto comunitario? Porque quizá transformar la justicia comienza justamente así, cuando dejamos de enfrentarla en soledad y empezamos a hacerlo en enjambre”, narra el tráiler.

Solidaridad, derechos y organización comunitaria frente al castigo

Claudia Alarcón, segunda visitadora de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, celebra la convocatoria del proyecto y hace énfasis en las condiciones materiales de subsistencia dentro del sistema carcelario, pues las privaciones extremas en el encierro —como la falta de acceso al agua o a condiciones mínimas de bienestar— tienen paralelismos en las injusticias sociales de la vida en el exterior.

Para ella, el podcast representa un ejercicio de “justicia transmedia”, así como una herramienta de memoria e historia que permitirá documentar en el tiempo las resistencias colectivas frente al sistema penitenciario. 

Así, el otro enjambre invita a conectar de manera responsable con las personas privadas de la libertad, sin reducirlas a meras cifras estadísticas o a insumos para reformas legislativas. Acompañar sus procesos humanos a largo plazo resulta fundamental, en lugar de buscar únicamente resultados inmediatos o visibilidad mediática.

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Frente a un contexto regional caracterizado por el avance de discursos punitivos, la construcción de nuevos centros penitenciarios y la expansión del encarcelamiento como respuesta única a los problemas de seguridad, El otro enjambre busca apuntalar la organización, la dignidad y la resistencia comunitaria que recuerde que la búsqueda de justicia debe construirse desde abajo y mediante las propias voces de quienes viven el encierro.

Animal Político ha documentado las múltiples violaciones a derechos que viven las personas privadas de la libertad, particularmente las mujeres, desde las desigualdades, discriminación y violencias al entrar en contacto con el sistema penal, pasando por el incremento de mujeres en prisión, las presiones para aceptar procesos abreviados y el difícil camino hacia una reinserción que no llega, hasta las muertes en centros penitenciarios específicos.