Crean el “cuidadómetro” en la UNAM para detectar a tiempo el burnout en personas cuidadoras

Eréndira Aquino · 25 de octubre de 2026

Crean el “cuidadómetro” en la UNAM para detectar a tiempo el burnout en personas cuidadoras

“Como mujer, he dedicado toda mi vida a los cuidados; tuve una hija, pero sentí la verdadera carga de estas labores cuando nació Carlos. Fue más o menos a sus siete años cuando sufrí una crisis nerviosa, agobiada por las citas e instrucciones de distintos especialistas, además de la exigencia de sostener a la familia y todo lo demás”, recuerda Margarita Garfias sobre el momento en que experimentó el agotamiento extremo de cuidar.

Los síntomas de esa sobrecarga la llevaron al hospital, donde un médico le confirmó el diagnóstico. “Ahí me di cuenta de que muchas cosas eran contextuales; no era yo la que estaba exhausta, sino que el sistema me había dejado sola, y eso al final detona en tu persona”. Fue a partir de ese episodio que se convirtió en activista por los derechos de las personas con discapacidad y de quienes las cuidan.

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Su testimonio se dio en el marco de la presentación del “cuidadómetro”, una herramienta desarrollada por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para que profesionales de la salud y cuidadores identifiquen a tiempo las señales de alerta ante el agotamiento y el colapso.

Crean el “cuidadómetro” en la UNAM para detectar a tiempo el burnout en personas cuidadoras
Foto: Google Maps

Jessica Noemí Pacheco Ortíz y Ángela Guadalupe Rodríguez Fontes, alumnas de la carrera de Medicina en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala y creadoras del “cuidadómetro”, explicaron que las manifestaciones del cansancio varían según el entorno de cada persona; sin embargo, esta herramienta permite evaluar en qué etapa de sostenibilidad o riesgo se encuentran.

De acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022 del INEGI, en México hay más de 31.7 millones de personas de 15 años en adelante que brindan cuidados, de las cuales el 75% son mujeres. Entre ellas, el 39.1% reportó sentir fatiga o cansancio por esta labor, el 31.7% vio reducido su tiempo de descanso, el 22% experimentó irritabilidad y el 16.3% presentó depresión.

De la salud y la satisfacción a la pérdida de control: la escala del “cuidadómetro”

Para diseñar esta escala de riesgos, Pacheco y Rodríguez analizaron otros instrumentos especializados en identificar la sobrecarga en las tareas de cuidado. Con base en ello, crearon una versión autoaplicable que evalúa la dimensión emocional, física y financiera, así como la tensión de rol, la gestión del tiempo y la presencia de redes de apoyo.

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A diferencia de otras herramientas diagnósticas, el “cuidadómetro” no solo se enfoca en los factores de desgaste, sino que también resalta los elementos de protección que ayudan a prevenir el impacto negativo en quienes brindan cuidados.

En color verde, el “cuidadómetro” reúne los indicadores de un “cuidado sostenible”: la distribución equilibrada de las tareas, ingresos económicos suficientes, la posibilidad de realizar y disfrutar actividades personales, el sentimiento de satisfacción al cuidar, el aprendizaje emocional y una buena salud.

Por su parte, los factores de “riesgo inicial” abarcan contar únicamente con apoyo gubernamental o de alguna organización, enfrentar conflictos financieros por equilibrar el empleo con el cuidado, así como presentar molestias físicas, dolores constantes, enojo, culpa o frustración por la labor realizada.

Crean el “cuidadómetro” en la UNAM para detectar a tiempo el burnout en personas cuidadoras
Foto: Cuartoscuro

Finalmente, las alertas de “riesgo latente” de colapso incluyen dormir menos de siete horas continuas, asumir la totalidad de las responsabilidades, tener a alguien con dependencia absoluta, sufrir agotamiento tras más de cinco años de cuidado, padecer lesiones graves o accidentes durante las actividades, percibir ingresos insuficientes y experimentar una “pérdida de control” sobre la propia vida.

“El objetivo de que la persona cuidadora dimensiona si existe un problema o una deficiencia abre la posibilidad de que busque ayuda profesional o adopte otra estrategia para controlar o revertir la sobrecarga”, detallaron las creadoras, quienes confían en que este instrumento de prevención secundaria pueda integrarse a los protocolos de atención de médicas, médicos y personal de enfermería.

¿Quién sostiene a quienes cuidan?

Ana Laura Reyes Pérez, profesora de la carrera de Enfermería en la FES Iztacala, sostuvo que la sobrecarga que enfrentan las personas cuidadoras no deriva de un factor aislado, sino de una interacción multifactorial donde confluyen condiciones personales, familiares, sociales e institucionales. La especialista detalló que aspectos como el grado de dependencia de la persona atendida, la falta de redes de apoyo, las tensiones financieras y la exigencia implícita de asumir el cuidado en soledad van acumulando un desgaste que, de no atenderse, vulnera seriamente la salud física y mental de quien brinda la atención.

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Durante su intervención, Reyes Pérez subrayó que para evitar el colapso de las y los cuidadores es indispensable construir esquemas de corresponsabilidad real que distribuyan la carga de trabajo más allá del ámbito individual. Explicó que esta responsabilidad compartida debe operar en diferentes niveles: desde la reorganización equitativa de las tareas al interior de los hogares para evitar los sesgos de género, hasta la activación de redes comunitarias sólidas y el acompañamiento constante entre familiares, amigos y vecinos.

Asimismo, la académica resaltó el rol protagónico de las instituciones educativas y de salud en la creación de entornos de apoyo, señalando que el personal médico y de enfermería debe capacitarse para ser más observador, escuchar activamente y detectar de manera oportuna las primeras señales de alarma o somatización en las cuidadoras. En ese sentido, instó a integrar instrumentos de evaluación y protocolos de prevención secundaria dentro del primer nivel de atención y en la formación universitaria.

Desde la dimensión de las políticas públicas y el marco legal, la docente enfatizó que es urgente consolidar un sistema integral que garantice el derecho al descanso, a la salud y al desarrollo personal de quienes cuidan. Esto abarca desde el reconocimiento formal y económico del trabajo de cuidado no remunerado hasta la creación de servicios de respiro, infraestructura accesible y normativas de conciliación laboral que impidan que una persona deba renunciar a su proyecto de vida por atender a un familiar.

Finalmente, planteó que cuidar a quienes cuidan no es una concesión secundaria, sino una inversión directa en salud pública, bienestar y equidad social. Al lanzar la pregunta reflexiva “¿quién cuida a quienes cuidan?”, la profesora concluyó que transformar la empatía en una responsabilidad compartida entre Estado, sociedad y comunidad es la única vía sostenible para asegurar que la labor de cuidar no se convierta en una condena al colapso.