Morena pierde primera gran batalla legislativa por la reforma electoral; el gobierno alista Plan B

Edgar Ledesma · 12 de marzo de 2026

Morena pierde primera gran batalla legislativa por la reforma electoral; el gobierno alista Plan B

“En virtud de no alcanzarse la mayoría calificada se desecha el proyecto enviado por la Presidencia de la República”, dijo Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados. Inmediatamente, desde sus curules, legisladores de Morena comenzaron a corear “¡Plan B! ¡Plan B!”. La reforma electoral de Claudia Sheinbaum acababa de caer en el pleno, pero su bancada ya anunciaba la siguiente ruta.

La iniciativa obtuvo 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención. Pero al tratarse de una reforma constitucional, no bastaba con tener más votos a favor que en contra: se requería mayoría calificada, es decir, el respaldo de dos terceras partes de los diputados presentes. Morena no alcanzó ese número y el proyecto fue desechado.

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Foto: Cuartoscuro

La iniciativa de Sheinbaum buscaba rediseñar varias piezas centrales del sistema electoral: recortar el financiamiento público a los partidos, reducir los tiempos del Estado en radio y televisión, cambiar el reparto de las diputaciones de representación proporcional y modificar la integración del Senado quitando a 32 senadores plurinominales. También proponía elegir parte de las curules mediante listas por circunscripción y “mejores perdedores”, bajo la premisa de abaratar el costo de las elecciones y acercar la representación a la ciudadanía.

La reforma no cayó solo por la oposición. Morena llegó a la sesión con 253 diputados, pero para cambiar la Constitución necesitaban al menos 81 votos adicionales. Esa posibilidad se rompió cuando el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), aliados de Morena, votaron en contra. Así se consumó la primera gran derrota legislativa del llamado segundo piso de la Cuarta Transformación.

En el Partido Verde, 49 diputados votaron en contra, 12 a favor y Raúl Bolaños-Cacho Cué se abstuvo. En el PT, 47 legisladores votaron en contra y solo uno a favor: Jesús Roberto Corral Ordóñez.

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Aunque Morena respaldó la reforma casi en bloque, tres de sus diputadas votaron en contra: Giselle Yunueen Arellano Ávila, Alejandra Chedraui Peralta y Santy Montemayor Castillo. Además, cuatro no estuvieron presentes durante la votación: Manuel de Jesús Espino Barrientos, Jesús Jiménez J., Iván Peña Vidal y Olga Sánchez Cordero Dávila.

Previo a la discusión, desde el pleno ya se avizoraba lo que vendría a continuación. Desde sus curules, diputados de Morena levantaban carteles con la frase “No al gasto excesivo”. En la bancada del PRI, el mensaje era: “no a la Ley Maduro”, mientras que en la del PAN la proclama era “Votar bajo amenaza no es democracia”.

La primera en fijar su postura fue la coordinadora de Movimiento Ciudadano, Ivonne Ortega, quien reconoció que México sí necesita una reforma electoral, pero no la que proponía Morena. “El sistema está rebasado por la realidad”, dijo y advertió que el dictamen alteraba las reglas del sistema electoral.

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Rubén Moreira, coordinador del PRI. Foto: Cuartoscuro

Después subió a tribuna Rubén Moreira, coordinador del PRI, quien desde el arranque advirtió que la discusión no era sobre fórmulas para convertir votos en curules ni sobre el ahorro de pesos y centavos, sino sobre “el presente y el futuro del sistema electoral mexicano”. 

Dijo que su bancada votaría en contra porque la iniciativa era “la Ley Maduro y la consagración del autoritarismo como forma de gobierno”. Acusó a Morena de querer “implantar para México un partido único”.

Pero el quiebre que terminó por hundir la iniciativa empezó a tomar forma cuando a tribuna subieron los representantes de los partidos “aliados”: el primero en hacerlo fue el coordinador del Partido del Trabajo, Reginaldo Sandoval Flores.

“Estamos al 100 por ciento con la presidenta y al 200 por ciento con el pueblo de México”, se justificó antes de detallar las razones por las que su bancada se apartaba de la reforma electoral. Mientras hablaba, los diputados petistas lo arroparon desde sus curules con pancartas y una manta desplegada con la leyenda “Unidad nacional, todo el poder al pueblo”.

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La escena convirtió su intervención en algo más que un voto en contra: era la imagen clara de la fractura dentro del bloque oficialista.

Sandoval no planteó su rechazo como una ruptura con la presidenta Claudia Sheinbaum o con la Cuarta Transformación, sino como una defensa de la pluralidad construida por la izquierda a lo largo de décadas. Hizo un recuento de las reformas de 1977 y 1996, recordó que fueron esas aperturas las que permitieron que las minorías entraran a la vida pública y sostuvo que esa ruta hizo posible que la izquierda llegara al poder en 2018. 

En ese recorrido también evocó la discusión histórica entre las fuerzas de izquierda sobre sumarse al PRD o construir otra opción política. “¿Dónde está el PRD? Y aquí sigue el Partido del Trabajo”, dijo.

A partir de ahí fijó el argumento central de su bancada. La propuesta, advirtió, “sí puede conducir a la ruta de un partido hegemónico de Estado” y poner en riesgo la pluralidad democrática. Por eso insistió en separar el desacuerdo legislativo del respaldo político al gobierno: rechazar la reforma, sostuvo, era “un suceso, no el proceso”.

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Ivonne Ortega, coordinadora de Movimiento Ciudadano. Foto: Cuartoscuro

El PVEM insiste en lograr acuerdos amplios

La fractura del Verde fue distinta. Carlos Puente subió solo a tribuna, sin una bancada detrás que lo arropara como sí ocurrió con el PT. Desde ahí, el coordinador del PVEM marcó distancia con una idea que recorrió todo su posicionamiento: una reforma electoral no podía hacerse sin acuerdos amplios.

“Las reformas electorales son cambios a las reglas del juego que permiten el acceso de las diversas fuerzas políticas al poder público. Por ello, deben hacerse por consenso”, sostuvo. El legislador defendió la necesidad de bajar el costo de las elecciones y revisar el financiamiento a los partidos, pero advirtió que esos cambios debían hacerse en condiciones de igualdad y sin afectar la pluralidad. 

Luego, vino la definición política. “El Grupo Parlamentario del Partido Verde no acompañará este dictamen”, anunció. Aún así, malabareó para dejar a salvo la relación con el gobierno federal. Recordó que desde 2018 su partido había respaldado 145 iniciativas del Ejecutivo y cerró con una señal de continuidad hacia la presidenta: “vamos a seguir apoyando a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum hasta el final”. Cuando mencionó su nombre, los diputados del Verde aplaudieron desde sus curules.

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Elías Lixa, coordinador legislativo del PAN. Foto: Cuartoscuro

“Presidenta, rompa el pacto, rompa el narcopacto”

Después, tomó la palabra el coordinador del PAN, Elías Lixa, quien llevó la discusión al tono más duro. Desde tribuna acusó al oficialismo de intentar cambiar las reglas electorales sin consenso y advirtió que la reforma no enfrentaba problemas como la violencia en las elecciones o la infiltración del crimen organizado.

“Hoy no habrá reforma electoral constitucional porque se decidió ignorar todas las propuestas que no venían del gobierno”, dijo. Y desde ahí lanzó un mensaje directo a la presidenta Claudia Sheinbaum: “Presidenta, rompa el pacto, rompa el narcopacto”.

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La intervención tensó todavía más el pleno. Diputados del PAN se pusieron de pie y aplaudieron desde sus curules, mientras levantaban pancartas contra la reforma. Lixa no terminaba de hablar cuando diputados de Morena comenzaron a subir a la tribuna para el posicionamiento de Ricardo Monreal, obligándolo a esquivarlos para poder bajar. Después, desde la zona del pleno donde se ubica la bancada del PRI, comenzaron los gritos de “¡No pasará!”, y Morena respondió con otro coro: “¡Presidenta! ¡Presidenta!”.

“El pacto de la narcopolítica se sepultó con García Luna”. Con esa frase, el coordinador de Morena, Ricardo Monreal, respondió al señalamiento panista sobre el “narcopacto” e inició su discurso. Desde tribuna acusó a la oposición de recurrir a “narrativas falsas” y de falsear la historia, mientras casi toda su bancada lo arropaba desde el pleno.

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Ricardo Monreal, coordinador de Morena. Foto: Cuartoscuro

Monreal defendió la iniciativa enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum y reconoció que el resultado podía no favorecerles. “Sabemos el destino que esta reforma puede tener”, admitió. Luego intentó bajar el costo político del voto en contra del PT y PVEM. “A nuestros aliados, que hoy pueden caminar por veredas distintas, también les expresamos nuestros respetos”, dijo, y sostuvo que las coyunturas legislativas pasan, pero los procesos políticos permanecen.  

Después buscó poner el rechazo como una pausa y no como una derrota definitiva, al citar a Winston Churchill: “el éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal, lo que cuenta es el valor para continuar”, y lo calificó como un freno temporal. “Las reformas pueden detenerse en una votación, pero las ideas que nacen del pueblo no se detienen”, y enseguida anunció lo que vendría después, pues dijo que una vez votado y rechazado el dictamen, Morena comenzaría a construir el “Plan B” de la reforma electoral. “No vamos a rendirnos, no vamos a claudicar”, remató.

Al terminar la sesión, Rubén Moreira advirtió en entrevista con Animal Político que el rechazo no cerraba la disputa. Dijo que el riesgo estará ahora en el camino que Morena intentará abrir con el Plan B anunciado por Monreal. “Yo espero que no se caiga en la tentación de algunos miembros de Morena que han hablado de meter por la puerta de atrás reformas que dinamiten la Constitución”, afirmó.

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El coordinador priista dijo que si el oficialismo no logró modificar la Constitución, podría intentar mover otras piezas del sistema electoral por la vía secundaria. “Pueden hacer muchas otras cosas, desde cambiar las fechas de las elecciones hasta temas de carácter procedimental o de la integración del instituto electoral”, señaló. 

Para Moreira, la oposición tendrá que responder como lo hizo en la votación de este miércoles: con “unidad, trabajo conjunto y el apoyo de la sociedad”.

Así, a 18 meses de iniciado su gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum sufrió su primer revés en una reforma que comenzó a cocinarse meses antes, con el anuncio de una Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, encabezada por Pablo Gómez, y una ruta que buscó rediseñar las reglas del sistema político. Desde entonces, la propuesta abrió un frente de disputa dentro y fuera del Congreso.

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En ese proceso hubo posicionamientos de organizaciones, advertencias del INE y críticas de la oposición, que acusó al oficialismo de impulsar cambios sin el consenso necesario. Pero también, con el paso de los meses, surgieron las reservas y críticas de los partidos que hasta entonces habían acompañado legislativamente a Morena.

Ese trayecto terminó este miércoles 11 de marzo con una mayoría insuficiente, una reforma constitucional rechazada y una nueva ruta por conocer sobre la mesa. 

La reforma no fue, pero mientras se cerraba la sesión, desde las curules de Morena un coro anticipaba la siguiente batalla: “Plan B, Plan B”.