Interacción con mamíferos marinos: cuando la ciencia y la política no conversan

Joel Aguirre · 9 de septiembre de 2026

Interacción con mamíferos marinos: cuando la ciencia y la política no conversan

Por Miguel Canseco y Teresa Dávalos Navarro*

La reforma de 2025 a la Ley General de Vida Silvestre marcó un punto de inflexión en el manejo de mamíferos marinos en México. La modificación prohíbe la reproducción de estos ejemplares bajo cuidado profesional, salvo en casos vinculados con programas de conservación, recuperación o repoblación de especies. Sin embargo, en la discusión pública continuamente se omite un elemento fundamental: la propia ley reconoce la continuidad operativa de las instalaciones existentes.

El Segundo Transitorio del decreto es claro: los propietarios y poseedores de mamíferos marinos podrán continuar realizando las actividades aprobadas en sus planes de manejo vigentes hasta la baja natural de los ejemplares, con excepción de la reproducción. Es decir, el legislador decidió mantener la vigencia de las actividades previamente autorizadas, al tiempo que cerró la puerta a la incorporación de nuevas generaciones nacidas bajo cuidado profesional.

Este punto es especialmente relevante en el caso de las instalaciones zoológicas especializadas en mamíferos marinos (IZEMM) que en nuestro país se estiman en alrededor de 30. En México, prácticamente todas las IZEMM activas tienen en algún grado programas de interacción con delfines y que forman parte de los planes de manejo autorizados que respaldan su operación. Más allá de la opinión que cada persona pueda tener, existe una realidad difícil de ignorar: son las que permiten la viabilidad económica de instalaciones cuyo mantenimiento exige altos niveles de especialización, de lo cual hemos abundado en otras colaboraciones en Animal Político.

¿Toda interacción entre humanos y mamíferos marinos es antinatural?

El cuidado profesional de mamíferos marinos requiere equipos multidisciplinarios de veterinarios, biólogos, entrenadores y técnicos especializados, además de infraestructura compleja de soporte de vida, monitoreo de calidad de agua, conservación de alimento congelado y atención médica preventiva. Todo ello forma parte de dos de los dominios del bienestar animal: la nutrición y la salud, componentes indispensables para mantener indicadores adecuados de bienestar bajo cuidado profesional. Sin recursos financieros suficientes, mantener estos estándares resulta imposible.

No obstante, gran parte del impulso político detrás de la reforma surgió de la premisa de que toda interacción entre humanos y mamíferos marinos es inherentemente antinatural y, por lo tanto, generadora de estrés para los animales. Esa afirmación puede resultar intuitiva, pero la evidencia científica más reciente presenta un panorama más complejo.

La literatura especializada muestra que los programas modernos de interacción y entrenamiento en instituciones acreditadas se basan en técnicas de condicionamiento operante mediante refuerzo positivo. Tal como documentan Lauderdale y colaboradores (2021), estas prácticas dependen de la cooperación del animal, la presentación de estímulos controlados y el reforzamiento de conductas deseadas mediante recompensas, sin recurrir a mecanismos coercitivos. Lejos de constituir únicamente una herramienta de manejo operativo, este enfoque ha permitido mejorar la atención veterinaria, la estimulación cognitiva y la participación de los animales en procedimientos de salud.

Más aún, algunos de los indicadores fisiológicos disponibles contradicen la idea de que estas actividades constituyan necesariamente una fuente de estrés. Estudios realizados con delfines nariz de botella (Tursiops truncatus) por Bergfelt y colaboradores (2020, 2022), así como por Sánchez O. y colaboradores (2016), registraron concentraciones de cortisol antes y después de sesiones de interacción. Los resultados reportaron disminuciones, y no incrementos, de esta hormona comúnmente utilizada como indicador fisiológico del estrés.

Las interacciones con mamíferos marinos no necesariamente implican estrés

Por supuesto, ningún estudio serio concluiría que toda interacción humana es automáticamente benéfica o que cualquier instalación opera bajo las mismas condiciones. La calidad de las prácticas importa. Pero precisamente por eso resulta relevante señalar que buena parte de la investigación disponible proviene de instituciones acreditadas por organismos como la Association of Zoos and Aquariums (AZA), la Alliance of Marine Mammal Parks and Aquariums (AMMPA), la International Marine Animal Trainers’ Association (IMATA) y American Humane. En México, además, existe el marco regulatorio de la NOM-135-SEMARNAT-2004, que establece criterios específicos para el manejo de mamíferos marinos bajo cuidado profesional.

La reforma ya fue aprobada y debe cumplirse. Pero si realmente aspiramos a una política pública basada en ciencia y no en percepciones, sería un error ignorar décadas de investigación que muestran que, cuando están adecuadamente diseñadas y supervisadas, las interacciones con mamíferos marinos no necesariamente implican estrés, sufrimiento o empobrecimiento de la vida de los animales; por el contrario, pueden formar parte de programas de manejo que contribuyen a su cuidado y bienestar (Miller et al., 2011).

Permitir que las instalaciones continúen operando conforme a lo establecido en la Ley General de Vida Silvestre, sus artículos transitorios y los planes de manejo autorizados no solo responde al marco jurídico vigente, sino también al mejor interés de los animales que permanecen bajo cuidado profesional. Asimismo, contribuye a conservar el conocimiento, la experiencia y las capacidades técnicas de los médicos veterinarios, biólogos, entrenadores y especialistas responsables de su atención diaria. Legislar para proteger a los animales es deseable. Hacerlo escuchando a la ciencia es indispensable. 

*Miguel Canseco es vicepresidente de Comunicación de la Asociación Mexicana de Hábitats para la Interacción y Protección de Mamíferos Marinos, A. C. (AMHMAR, A.C.), y Teresa Dávalos Navarro es maestra en Ciencias y asesora científica en la misma asociación.

Más sobre este blog