Erika Rivera · 15 de octubre de 2026
En los últimos años, los alimentos fermentados se han vuelto muy populares por su posible impacto en la salud digestiva. Entre ellos, la kombucha o el kéfir, una bebida que se obtiene tradicionalmente al fermentar leche con una comunidad de bacterias y levaduras específicas, que trabajan en conjunto.
Pero, con tantas opciones en los supermercados, surge una pregunta: ¿todos los productos que se venden como kéfir son lo mismo? Te contamos qué debes revisar en la etiqueta para saber si el producto que estás comprando es kéfir y es de calidad.
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El kéfir es una leche fermentada que se obtiene tradicionalmente mediante el uso de gránulos de kéfir, conocidos en México como búlgaros. Estos gránulos están conformados por una comunidad de bacterias y levaduras específicas que conviven e inician el proceso de fermentación.
Esa combinación de microorganismos es una de las características que distinguen al kéfir de otros lácteos fermentados, como el yogur, cuya elaboración se basa en otros cultivos específicos de bacterias. En el Codex Alimentarius, la norma internacional para leches fermentadas elaborada en el marco de la FAO y la OMS, se encuentran documentados cuál es el cultivo iniciador característico del kéfir. Por eso, que una bebida se elabore con bacterias lácticas no significa necesariamente que tiene la misma composición que un kéfir tradicional.
Durante el proceso de fermentación se transforman componentes de la leche y se producen sustancias que le dan su sabor y el aroma característicos.
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Un estudio clínico, publicado en la revista científica Healthcare, analizó la evidencia disponible sobre el consumo de kéfir y su posible impacto en la salud. Entre los temas estudiados se encuentran la función digestiva, la tolerancia a la lactosa, el control de la glucosa y algunos indicadores metabólicos e inmunitarios. Aunque los resultados son prometedores, hace falta aún más evidencia.
También es importante mencionar que los resultados de los estudios sobre un tipo de kéfir no aplican automáticamente a todas las bebidas fermentadas. En otras palabras, que un alimento sea fermentado no significa que todos los productos que se llamen así tendrán las mismas propiedades.
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Para elegir un producto con mayor información, Mary Mondragón, directora del Instituto de Nutrición Lala, recomienda prestar atención a su denominación y composición. Estas son cuatro claves que puedes considerar al comprarlo.
“Al analizar algunos productos en México, pudimos observar que no contienen ‘granos de kéfir’ y como consecuencia, no necesariamente tendrían los beneficios atribuidos al kéfir, como la salud digestiva, el control de la glucosa y el apoyo al sistema inmune. Por eso es muy importante conocer qué contiene el kéfir que consumimos”, concluye la especialista.
No necesariamente. Las bebidas fermentadas pueden elaborarse mediante distintos procesos y combinaciones de microorganismos. Aunque dos productos tengan una apariencia, textura o sabor similares, su composición puede variar.
Por eso, al elegir kéfir, conviene ir más allá de las promesas del empaque y revisar qué ingredientes y cultivos declara el fabricante. También es importante recordar que la presencia de determinados microorganismos no garantiza por sí misma un beneficio clínico específico.
Como señala Mary Mondragón, conocer la composición de los alimentos fermentados ayuda a tomar decisiones de compra más informadas. La recomendación es sencilla: no te quedes únicamente con el nombre del producto; revisa cómo está elaborado y qué información ofrece sobre sus cultivos.
Al final, entender qué distingue al kéfir de otras bebidas fermentadas permite apreciar mejor este alimento y sus beneficios a la salud.
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