Francisco Rangel · 21 de julio de 2026
A diferencia de las clásicas enchiladas verdes, rojas o suizas que se bañan de abundante salsa antes de servir, las enchiladas potosinas nunca se bañan y juegan bajo sus propias reglas.
El alma picante que conquista El Bajío y a todo México, no corona este platillo, se amasa desde el inicio. El chile forma parte de la masa desde el origen y eso le da su característico color rojizo.

Tradicionalmente se suele acompañar con cueritos en vinagre o guacamole, pero también con:
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Aunque el secreto más técnico está en la textura de la masa, el elemento más importante es crear una pasta de chiles secos perfecta, para mezclarla con el maíz.
Los chiles que se suelen usar para hacer las enchiladas potosinas son: guajillo, cascabel o ancho. Cada uno le dará un tono naranja-rojizo diferente, pero permitirá que tenga la elasticidad correcta.

En Soledad de Graciano Sánchez, San Luis Potosí, se dio origen a la receta tradicional que nació cuando se molió chile y se mezcló directamente con la masa de maíz nixtamalizado.
La historia se remonta a inicios del siglo XX, cuando la señora Cristina Jalomo llevó masa de maíz al molino del pueblo y accidentalmente la mezcló con restos de chile que se habían molido antes.
Lejos de desechar la masa color rojo, doña Cristina decidió prepararla y rellenarla con queso. El resultado fue una de las más grandes invenciones culinarias de México, las enchiladas potosinas.
Son uno de los grandes símbolos gastronómicos de San Luis Potosí y es reconocida como parte de la identidad culinaria de la región: masa de maíz, chile y queso.