Jennifer Flores · 17 de julio de 2026
Hacer queso casero desde el amanecer, planchar camisas de algodón y esperar a tu esposo en la puerta con una sonrisa y una bebida en mano: así es el día a día que promueven las tradwives —esposas tradicionales—, una tendencia que parece salida de un comercial de televisión de la década de los cincuenta, pero que se viraliza hoy en redes sociales.
“Mi prioridad es que mi esposo regrese a un hogar limpio con una cena caliente después de un largo día de trabajo” y “cambié las juntas de oficina por el olor a pan recién horneado y fue la mejor decisión de mi vida” son algunas de las frases que mencionan las influencers en videos publicados en Instagram y TikTok que acumulan millones de visualizaciones.
El riesgo principal que académicas, economistas y activistas en defensa de los derechos humanos detectan en esta tendencia es la extrema vulnerabilidad en la que quedan las mujeres que lo integran, ya que al renunciar a sus carreras profesionales y ceder el control de sus vidas a sus parejas, borran décadas de luchas feministas que utilizaron la autonomía como un escudo contra la violencia de género.
Tal como propone Erika Kirk, directora y presidenta de una de las organizaciones juveniles conservadoras más influyentes de Estados Unidos, quien impulsa el voto por hogar o household voting, un sistema que elimina al derecho al voto individual y se lo otorga únicamente a una persona de la familia: el esposo, porque “él sería la persona que mejor representaría los ideales de las familias”.
Esta tendencia genera un debate ideológico sobre el conservadurismo. Pero, ¿qué hay detrás de este fenómeno que ve de distinta manera la independencia y el empoderamiento de las mujeres?
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Aunque las influencers tradwives —su plural en inglés— suelen presentar esta tendencia como una decisión libre y empoderada, desde la sociología y los estudios de género, la idea de una elección libre puede estar influida por normas culturales, expectativas sobre la feminidad, condiciones económicas y, en este caso, mensajes que circulan en redes sociales, explica en entrevista Guisela Frid Chernitzky, socióloga egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Esta tendencia es una manifestación moderna del conservadurismo que aplica sus principios directamente al género y la estructura familiar en el siglo XXI.
Popularizada en redes sociales, la tendencia promueve el retorno de las mujeres a los roles domésticos y de sumisión matrimonial propios de los años 50. Las tradwifes tienen la creencia de que hombres y mujeres poseen naturalezas intrínsecamente diferentes, pero complementarias.
Los roles se dividen así: el varón asume el rol exclusivo de proveedor y protector, mientras que la mujer se encarga del cuidado del hogar, los hijos y el bienestar emocional de la pareja.
Para el pensamiento conservador, esta jerarquía no se percibe como una opresión, sino como un orden natural que aporta estabilidad psíquica y social frente a la incertidumbre moderna.
Por ello, el debate no se centra únicamente en las decisiones individuales, sino también en cómo este tipo de contenido puede reforzar o normalizar roles de género tradicionales y relaciones de poder desiguales al presentarlas como un ideal aspiracional.
“Lo tradicional tiene varios enfoques: la religión, lo político, lo social. La familia sigue siendo una célula fundamental para la conservación y reproducción de los modelos de la sociedad actual. Hay quienes ven en el conservadurismo un retroceso, mientras que otros los reivindican como una alternativa frente a las ideas de progreso e igualdad actuales”, explica Guisela Frid Chernitzky.
La socióloga también expone que estos roles e influencias existen desde hace años, pero con la reciente escalada del pensamiento de derecha pasan de ser conservadoras a ser ultraconservadoras. “Me pregunto, ¿de verdad es necesario regresar a los viejos modelos de familias con roles definidos para preservar a la sociedad?”, agrega.
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“Cuando hablamos del concepto de esposas tradicionales no solo nos referimos al concepto de manera aislada, sino también a ciertas creencias que sostienen esta narrativa que se vinculan a la extrema derecha, grupos ultraconservadores e incluso al capitalismo”, explica Gisell Santos, integrante de la colectiva feminista Luchadoras.
La dinámica tradwife confronta a los avances del feminismo porque romantiza la dependencia de las mujeres hacia los hombres, “es una narración apapachadora en la que la violencia se deja de fondo”, asegura Giselle Santos.
En un contexto machista puede resultar un entorno seguro en el que a la mujer se le permite desarrollar un vínculo estrecho con sus hijas o hijos, cuidar un hogar y sostener una familia, te otorgan un rol con valor. Pero justamente el feminismo exhibe que estos labores de cuidado sobrecargan a las mujeres y benefician al sistema patriarcal”, explica.
Gisell Santos sostiene que “estas ideas han ido ganando terreno. Basta con observar el ascenso de la extrema derecha en América Latina y en otras partes del mundo. Ahí están casos como Estados Unidos o varios países de Europa, en los que su contexto geopolítico se convierte en un caldo de cultivo para el resurgimiento de discursos tradicionales y conservadores”.
Tal como propone Erika Kirk, directora y presidenta de una de las organizaciones juveniles conservadoras más influyentes de Estados Unidos, quien impulsa el voto por hogar o household voting, un sistema que elimina al derecho al voto individual y se lo otorga únicamente a una persona de la familia: el esposo, porque “él sería la persona que mejor representaría los ideales de las familias”.
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“La precariedad y el agotamiento explican por qué este tipo de contenido circula y engancha con las juventudes. La promesa de solo dedicarse a la casa parece ofrecer un descanso, pero en realidad no elimina el trabajo, lo vuelve invisible otra vez y encima lo despoja de ingresos propios y de la seguridad social que otorga un trabajo formal”, explica Daniela Vianey Garcia, profesora de Economía en la UNAM.
Por ello este contenido no es casual, asegura la profesora, “idealiza un pasado que nunca existió convirtiéndolo en una mercancía. Pero esa mercancía no es lo mismo que el destino o los deseos de la mayoría de las mujeres en México”.
Adoptar la tendencia tradwife es económicamente difícil en la actualidad porque exige que un solo salario absorba por completo el alto costo de la vida moderna, la inflación y los gastos familiares. Al renunciar al empleo formal, la mujer pierde su autonomía financiera, deja de cotizar para su futura jubilación y se expone a una vulnerabilidad total en caso de divorcio, enfermedad o desempleo de la pareja.
Sobre el mercado laboral, Alejandra Marcos, embajadora de la organización Mujeres en Finanzas, visibiliza que “aunque el acceso de las mujeres ha venido acelerándose, todavía estamos a años luz de lograr la equidad laboral en todas las industrias. Para las mujeres, trabajar es el doble de difícil que para los hombres, por un lado deben cumplir con todas sus obligaciones en el trabajo y por el otro tienen que desempeñar labores de cuidado en sus hogares”.
En países como México, donde las mujeres participan en el mercado laboral para ser autosuficientes o por la necesidad de proveer, lo cierto es que todas lo hacen para tener mejores condiciones de vida, expone Alejandra Marcos. “Hoy en día es indispensable hablar de independencia financiera para que las mujeres tengan total libertad de decisión sobre su vida”, concluye.
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En un artículo publicado por la BBC, se define a una tradwife —abreviatura del inglés traditional wife— como una mujer que adopta los roles de género tradicionales. Su prioridad es el cuidado del hogar, la maternidad y la atención a su esposo, delegando por completo el rol de proveedor económico al hombre.
En México y en Latinoamérica el concepto aún no es tan popular, pero comienzan a viralizarse videos en los que se cuestiona si las mujeres perderán el derecho al voto. Además de que existen ideas similares que se replican en español; estas responden al término “mantenida”, el cual, según la Real Academia Española (RAE), designa, de forma despectiva, a una persona adulta que vive total o parcialmente del dinero y el trabajo de otra, sin aportar ingresos propios. Frecuentemente se refiere a la mujer que depende económicamente de su pareja.
“Me encanta cómo la gente piensa que llamarme mantenida es un insulto cuando en realidad es lo que quiero ser” y “ya me cansé de fingir que quiero ser doctora, quiero ser mantenida” son las frases que pueden leerse en videos publicados en TikTok que acumulan más de 10 mil “me gusta”.
Como te contamos en este Te Explico, otras tendencias como las mujeres de alto valor y el I’m Just a Girl también han llegado al algoritmo de las mexicanas. Ambos son fenómenos que ganaron popularidad en redes sociales y están relacionados con la dependencia hacia los hombres y el reforzamiento de estereotipos sobre la fragilidad femenina.
Gisell Santos, integrante de la colectiva Luchadoras, advierte que el contenido que se publica en internet sobre las tradwives en Estados Unidos puede ser solo una apariencia, “en el contexto económico son pocos los trabajos que permiten estabilidad para sostener a una familia con este estilo de vida en el que solo existe un proveedor. Y en América Latina existe una disonancia: es imposible que tengamos este nivel económico”.
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