Miroslava Garduño · 18 de junio de 2026
Durante los primeros días del Mundial 2026, grupos de fans, también llamados fandoms, comenzaron a difundir en redes sociales contenidos que muestran cómo sus gustos musicales han sido juzgados y minimizados por un sector de hombres, conocido como aficionados o hinchas, a quienes se les ha señalado de celebrar con la misma euforia que fans —incluso con actitudes de ira y violencia— cuando su equipo favorito de futbol gana o pierde.
“El mismo hombre que se burlaba de mí porque perdí una photocard (tarjeta de colección) de Jessica (Girls’ Generation) ayer publicó que pagaba $2,000 por las estampas del mundial que le faltaban”, comentó una usuaria en Instagram.
Por ejemplo, durante los conciertos de BTS en México se hizo popular el video de una madre y su hija llorando juntas en el Zócalo de la Ciudad de México después de la visita de los cantantes a Palacio Nacional. Sin embargo, en los videos los comentarios mencionan: “La ridiculez al 100” o “Ya está grande para esas tonterías”. En contraste, también hay videos de hombres llorando porque el Cruz Azul fue campeón de la Liga MX después de casi 24 años.
La investigación “La música que escuchan las nuevas generaciones: preferencias y estereotipos”, de la Revista Española de Pedagogía, explica que las personas relacionan los gustos musicales con rasgos de comportamiento.
El estudio detectó que la música funciona como un marcador social y que ciertos géneros no solo son escuchados, sino también son juzgados, principalmente cuando están asociados a mujeres, como el pop o el k-pop. En esos casos las críticas suelen trasladarse hacia sus fans.
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Primero definamos qué es ser fan y qué es ser hincha o aficionado. De acuerdo con la Real Academia Española, la palabra fan viene del inglés britanico fanatic que quiere decir admirador, seguidor, entusiasta de alguien o algo. Mientras que la palabra hincha hace referencia a una persona partidaria y entusiasta de un equipo deportivo.
Las sociólogas de la UNAM, Patricia Martínez Torreblanca y Guisela Frid Chernitzky, explican a El Sabueso que ser fan es diferente al fanatismo. Es decir, una persona fan puede admirar y seguir lo que le gusta sin dañar a nadie, pero “una persona fanática puede llegar a ser tan eufórica y obsesiva que se conduce con violencia, sin importarle a quién va a lastimar”.
Además, la académica Martínez Torreblanca añade que también existe el término de doble estándar, que es un juicio social que ocurre por tres factores de división sexogenerica: la estigmatización de los gustos de las mujeres, la patologización de la emoción y el sesgo de género en el poder.
Por su parte, Frid Chernitzky añade que socialmente las emociones masculinas relacionadas con el deporte suelen percibirse válidas o admirables, mientras que las emociones femeninas alrededor de la música o los fandoms son ridiculizadas.
Ambas especialistas coinciden en que esta comparación surge porque históricamente los roles de género controlan los espacios públicos y los comportamientos humanos, dando validez a los intereses masculinos y a sus emociones.
Sin embargo, cuando las mujeres comenzaron a mostrar emociones por sus gustos fue repudiado. Martínez Torreblanca ejemplifica esto con la Lisztomanía, o también conocida como Fiebre Lisztiana en 1841. Esta situación fue considerada como uno de los primeros momentos donde un grupo de fans, especialmente mujeres, mostraron una gran emoción por un artista, en este caso, el pianista húngaro Franz Liszt.
Otro ejemplo de cómo la sociedad ha discriminado los gustos musicales de las mujeres fue la llamada Beatlemanía, que es el frenesí popular que rodeó a la banda británica The Beatles después de sus primeras apariciones en televisión. Este movimiento también estuvo marcado por una patologización emocional, una situación documentada en libros como Beatlemanía y estudios como Yeah yeah yeah: The sixties screamscape of Beatlemania.
Aunque en redes sociales se comparan algunas acciones en los festejos por el futbol con acciones en las marchas feministas, Patricia Martínez explicó que esto tiene un punto de análisis distinto, pues lo que hacen los fanáticos de cualquier equipo de fútbol, no tienen una crítica o cuestionamiento hacia el poder político constituido. Mientras que, en las marchas feministas, las mujeres sí están criticando y señalando la estructura del gobierno y la inseguridad.
Incluso, la especialista señala que las reacciones del gobierno a estos actos son diferentes, ya que a los fanáticos les pondrán sanciones menos complejas que a aquellas mujeres que sean detenidas por cuestionar la organización del gobierno.
Finalmente, Martínez Torreblanca señala que las acciones de gobierno hacia estos actos son diferentes, lo que ha sido documentado por organizaciones como la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM) y Amnistía Internacional, instituciones que han advertido que ciertos hechos de orden público pueden derivar en sanciones administrativas o medidas de seguridad, mientras que los hechos en protestas políticas han sido tratadas bajo marcos penales más severos.
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