Hablar sobre menarquia con infancias: ¿por qué sigue faltando información sobre el ciclo menstrual?

Jennifer Flores y Guadalupe Fuentes · 29 de mayo de 2026

Hablar sobre menarquia con infancias: ¿por qué sigue faltando información sobre el ciclo menstrual?

Existen experiencias que unen a millones de personas aunque cada historia y contexto sean distintos. Para las infancias, la primera menstruación en ocasiones aparece antes que las respuestas. Entre dudas, miedo y vergüenza, hay quienes vivieron su primer periodo con apoyo e información, pero una gran parte lo hizo en silencio.  

De acuerdo con la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual en México (2025), 66% de las personas menstruantes tuvo poca o ninguna información cuando ocurrió su primera menstruación, lo que refleja brechas persistentes en educación menstrual desde edades tempranas. 

La menarquia, según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), es la primera menstruación, la cual generalmente ocurre durante la preadolescencia o adolescencia.  “Aunque muchas veces no conocemos el término, es importante hablar de ella porque marca el inicio de una nueva etapa de autoconocimiento del cuerpo y del ciclo menstrual”, explica en entrevista con El Sabueso la fundadora de la colectiva Menstruación Digna México, Anahí Rodríguez. 

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¿Cómo hablar sobre la menarquia con las infancias?

En México —como en otras partes del mundo— la menstruación todavía es algo de lo que no se puede hablar y que, si se habla o se muestra, produce vergüenza, pudor y estigma social. Este fenómeno es conocido como tabú menstrual. Para combatir esta práctica es importante que las charlas sobre menarquia sean abiertas, naturales y positivas e idealmente que se inicien  antes de que ocurra el primer periodo menstrual para evitar que genere miedo o vergüenza.

Existen materiales educativos de consulta abierta en internet, como los manuales de Unicef, que proponen actividades de alfabetización corporal, es decir, aprender a observar el cuerpo, reconocer cambios físicos y emocionales y entender cómo funciona el ciclo menstrual antes del primer periodo. 

Hablar de la menarquia con las infancias, sin importar si menstruan o no, es importante porque ayuda a construir entornos más informados, empáticos y libres de estigmas. “Las infancias aprenden a ver la menstruación sin burlas, miedo o vergüenza cuando se habla de ella como un tema natural y no como un secreto”, dice Anahí Rodríguez. 

Además, incluir a todas las personas en estas conversaciones fomenta el respeto hacia los cambios del cuerpo, fortalece la comunicación y contribuye a reducir la desinformación y los prejuicios que históricamente han rodeado a la menstruación, afirma.

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El ciclo menstrual va más allá de la reproducción

Aunque muchas veces la conversación sobre menstruación se concentra en la ovulación y la fertilidad, el ciclo menstrual es un proceso biológico mucho más amplio. A lo largo de aproximadamente 28 días —puede variar de persona a persona— el cuerpo atraviesa distintas fases hormonales que influyen no solo en el sistema reproductivo, sino también en la energía, el estado de ánimo, el sueño, el apetito o incluso la concentración.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) ha señalado que comprender estos cambios permite reconocer el ciclo menstrual como un signo de salud y no únicamente como un proceso reproductivo. De acuerdo con el Manual sobre la salud menstrual para niñas, niños y adolescentes, el ciclo menstrual suele dividirse en cuatro fases: menstrual, folicular, ovulatoria y lútea.

Durante la fase menstrual ocurre el sangrado y pueden aparecer síntomas físicos y emocionales relacionados con los cambios hormonales. En entrevista con El Sabueso, Lorena Martínez, ginecóloga y obstetra egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que entre las molestias más comunes en adolescentes e infancias menstruantes están el dolor en los senos, inflamación, cansancio, dolor abdominal o molestias en piernas, además de cambios emocionales como irritabilidad o sensación de bajo ánimo. Sin embargo, subraya que estos síntomas suelen considerarse normales siempre que no afecten la calidad de vida. “Si ya tienes mucho dolor, no te puedes parar o cambia muy brusco tu estado de ánimo, eso ya no es normal y hay que investigarlo”, señala.

Luego de la menstruación ocurre la fase folicular, que es donde aumentan hormonas como el estrógeno, relacionadas con una mayor energía y sensación de bienestar. Lorena Martínez explica que, tras la menstruación, muchas personas sienten que disminuye la inflamación y el malestar general, además de experimentar mayor claridad mental y energía. “Su cuerpo ya terminó un ciclo y se está preparando para otro”, explica la especialista.

En la ovulación, algunas personas experimentan cambios físicos como aumento de flujo vaginal o sensibilidad corporal. La ginecóloga detalla que durante esta etapa aumentan los niveles de estrógeno y otras hormonas, lo que puede provocar un flujo “más transparente y elástico”, ligeros incrementos en la temperatura corporal o molestias leves en uno de los lados del abdomen.

Finalmente, en la fase lútea, la progesterona puede causar síntomas como inflamación, cansancio, irritabilidad o sensibilidad emocional. En los días previos a la menstruación también pueden presentarse antojos, acné, dolores de cabeza o alteraciones del sueño. Lorena Martínez explica que estas molestias dejan de considerarse normales cuando interfieren con actividades cotidianas, como asistir a la escuela o realizar tareas diarias. Además, subraya que los síntomas menstruales también están atravesados por factores emocionales y sociales. “Todo lo que ocurre a nivel biológico repercute a nivel psicológico y social”, agrega.

Sin embargo, la información sobre el ciclo menstrual sigue siendo limitada. De acuerdo con la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual en México —aplicada a más de 3 mil niñas, adolescentes, mujeres y personas menstruantes de entre 12 y 70 años— y elaborada por Unicef México, Essity y Menstruación Digna México, 75% de las personas encuestadas desconoce que el ciclo menstrual se divide en cuatro fases y 67% no lleva registro de su ciclo, “lo que limita la toma de decisiones informadas sobre su salud menstrual”.

La encuesta también evidenció que el acceso a información científica sobre menstruación continúa siendo una barrera. Además, solo 4% de las personas encuestadas reportó haber recibido educación menstrual en la escuela, siendo las plataformas digitales e internet una de las principales fuentes de información sobre menstruación y productos menstruales.

“Es importante enseñar herramientas prácticas, como llevar un registro del ciclo menstrual. Aunque puede parecer algo sencillo, muchas personas nunca aprendieron a hacerlo. Talleres sobre cómo registrar emociones, síntomas físicos y cambios corporales han mostrado gran interés incluso entre personas adultas, lo que refleja la falta de educación menstrual que existe”, concluye Anahí Rodríguez.

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