Jennifer Flores · 13 de mayo de 2026
Para una mayor precisión en los diagnósticos, mitigar la confusión en el ámbito médico y facilitar el acceso temprano a tratamientos, el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) cambió su nombre a Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP) este 12 de mayo 2026, tras un consenso global publicado en la revista The Lancet y respaldado por la Endocrine Society.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que este síndrome afecta a entre 10% y 13% de mujeres en edad reproductiva —entre 19 y 30 años—. Y, según sus estimaciones, hasta 70% de las pacientes afectadas a escala mundial no están diagnosticadas.
Después de años de insistencia de pacientes, personal médico y colectivos feministas, este cambio de nombre marca un avance en la medicina porque elimina la falsa creencia de que es una enfermedad única de los ovarios, además de que desmiente la idea de que la afección se limita exclusivamente al desarrollo de quistes.
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La Clínica Mayo describe este trastorno como una alteración metabólica y hormonal frecuente en etapas reproductivas que se identifica por la presencia de ciclos irregulares, niveles altos de andrógenos y, en algunos casos, pequeños quistes ováricos. Aunque es una condición crónica sin cura, puede gestionarse con el tratamiento adecuado.
“El término SOP es impreciso, ya que implica quistes ováricos patológicos, ocultando diversas características endocrinas y metabólicas”, se lee en el artículo publicado en The Lancet. Esto tiene efectos como el retraso en el diagnóstico, la fragmentación de la atención y el estigma, además de que limita la investigación y la formulación de políticas.
Mariana Robles, especialista en ginecología y obstetricia, agrega que “cuando decimos ovario poliquístico, la atención se centra en el poliquístico, aunque esta es una característica que no está presente en todas las pacientes y que además no es la afección principal”.
The Lancet también afirma que “llamarlo SOP era inexacto y engañoso”, pues las características clínicas generales de la afección no se reflejaban en ese nombre, ya que, si bien el desarrollo folicular —proceso mediante el cual los folículos ováricos inmaduros crecen y maduran para liberar un óvulo— detenido es común, los quistes ováricos patológicos no aumentan.
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La transición de nomenclatura no cambia los criterios para diagnosticar este síndrome, aclara la doctora Lorena Martínez. “Estadísticamente, utilizamos los criterios de Rotterdam —este consenso define como SOP a aquellas pacientes que cumplan dos de tres criterios: hiperandrogenismo clínico o bioquímico, oligo-anovulación y MOP”.
El hecho de renombrarlo no implica automáticamente un cambio en el tratamiento, también señala la ginecóloga Mariana Robles. “Ahora, con el término Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino esperamos que el imaginario médico se amplíe y que más colegas reconozcan que limitar el manejo únicamente a anticonceptivos representa una desconexión con el cuerpo y con las necesidades reales de las pacientes”.
“Este cambio valida el sentir de las pacientes y ayuda a la comunidad médica, es más sencillo agrupar pacientes y amplía el tratamiento general que les asignamos para ahora enfocarnos también en prevenir el desarrollo de hipertiroidismo, obesidad, resistencia a la insulina o enfermedades metabólicas”.
Además, es importante mantener y adoptar este nuevo concepto para tratar distinto a las pacientes. Sin este cambio de perspectiva, se seguiría atendiendo a las pacientes de la misma manera, sin generar una transformación real en su estilo de vida, que es lo que más influye a largo plazo en cómo estarán, cómo se sentirán y en cómo pueden llegar a la vejez con una mejor calidad de vida”, asegura la doctora Lorena Martínez.
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Aunque históricamente este síndrome ha sido visto como un trastorno ginecológico u ovárico, en realidad tiene repercusiones en la salud de múltiples sistemas, “reconocer que el ahora SOMP es una afección poliendocrina y metabólica era necesario”
De acuerdo con el artículo publicado en la revista The Lancet, sus características también pueden ser:
“Cuando el nombre ya no es ovario poliquístico, se amplía el tratamiento oportuno. Las palabras construyen ideas y realidades, si el foco ya no está en la presencia de quistes en los ovarios, ahora la comunidad médica puede indagar en el resto de la sintomatología para integrar un diagnóstico y un seguimiento que tenga un impacto real en la vida de las pacientes”, concluye la ginecóloga Mariana Robles.
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