Jennifer Flores · 19 de octubre de 2026
En México, el cáncer de mama continúa siendo un importante desafío de salud pública. De acuerdo con las cifras preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México se registraron 8 mil 174 fallecimientos por cáncer de mama durante ese año.
El principal factor de riesgo en el cáncer de mama es ser mujer. Aproximadamente, el 99 % de los casos de cáncer de mama afectan a mujeres, y entre el 0,5 % y el 1 % de los casos, a varones, señala la Organización Mundial de la Salud (OMS). En México, el año pasado, 99.4% de los casos correspondió a mujeres, pero las cifras oficiales recuerdan que los hombres no están exentos, pues representan 0.6% de los decesos.
En la población femenina, el riesgo se incrementa de forma notoria con la edad: el 87.3% de las muertes se concentra a partir de los 45 años. El grupo de 65 años y más es el más afectado con el 40.0% de los casos, seguido por el rango de 55 a 64 años (26.0%) y el de 45 a 54 años (21.3%).
Cada 19 de octubre se conmemora el Día Internacional de lucha contra el cáncer de mama. Esta fecha pretende sensibilizar a la población con un mensaje clave: la importancia de la detección temprana ayuda a mejorar el pronóstico y la supervivencia de los casos.
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Para conocer más sobre la importancia de la prevención y la detección oportuna del cáncer de mama, El Sabueso entrevistó a Talia Wegman Ostrosky, genetista en el Instituto Nacional de Cancerología (INCan), y Daniela Shveid Gerson, médica oncóloga, quienes explicaron cuáles son los principales factores de riesgo, a qué edad se recomienda comenzar con los estudios de detección y qué señales de alerta deben llevar a una mujer a consultar un especialista.
Aunque el cáncer de mama es más frecuente en mujeres de mayor edad, también puede presentarse en jóvenes. La doctora Daniela Shveid señala que en el país se está observando un aumento en los diagnósticos de cáncer de mama en mujeres jóvenes, sin embargo, “en ocasiones existe un retraso en el diagnóstico porque no se sospecha que puedan desarrollar esta enfermedad a edades jóvenes”, explica la especialista.
Por ello, ambas especialistas destacan la importancia de que las mujeres conozcan sus mamas y estén atentas a cualquier cambio en ellas. La doctora Talia Wegman Ostrosky recomienda realizar una autoexploración una vez al mes, de preferencia 15 días después de la menstruación —en mujeres que ya no menstrúan, sugiere elegir una fecha fija para realizarla cada mes.
La revisión comienza con la observación de las mamas para identificar cambios en la piel, alteraciones en la coloración, apariencia de “piel de naranja” o secreciones por el pezón. Después debe revisarse la presencia de alguna bolita tanto en las mamas como en las axilas.
“Generalmente el cáncer no duele. No significa que una lesión dolorosa no pueda ser cáncer, pero no debemos esperar a sentir dolor para buscar atención”, puntualiza Talia Wegman Ostrosky.
La especialista agrega que las lesiones malignas pueden sentirse duras, aunque advierte que no toda bolita en las mamas significa cáncer, pues también son frecuentes los tumores benignos. Por ello, ante cualquier cambio o duda, recomienda acudir con un médico.
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Las recomendaciones de detección no son iguales para todas las mujeres. La médica Daniela Shveid asegura que primero es necesario distinguir entre quienes tienen un riesgo poblacional y aquellas consideradas casos de alto riesgo, particularmente cuando existen antecedentes familiares de cáncer de mama.
Para la población general, la especialista recomienda comenzar con la autoexploración desde los 18 años para adquirir el hábito y, a partir de los 40 años, realizar mastografías cada dos años, de preferencia acompañadas de un ultrasonido. Por el contrario, en mujeres con antecedentes familiares, la edad a la que se diagnosticaron sus familiares y los tipos de tumores pueden dar pistas sobre un posible síndrome hereditario.
En estos casos, explica en entrevista con El Sabueso, es necesario realizar una valoración genética para determinar si existe una predisposición hereditaria. Para las mujeres consideradas de alto riesgo, las estrategias de detección pueden comenzar a edades más tempranas e incluir estudios como resonancias y ultrasonidos desde los 25 años, dependiendo de cada caso.
“Lo importante no es tomar las recomendaciones generales, sino acudir con un o una genetista que nos haga el estudio genético, si es que tenemos estos factores de riesgo en la familia”, explica.
Pero la autoexploración no debe considerarse un sustituto de los estudios de detección.
La genetista Talia Wegman Ostrosky señala que uno de los errores más comunes es pensar que, si una mujer no encuentra ninguna anomalía al revisarse, ya no necesita realizarse estudios de imagen. “La autoexploración debe ir acompañada de una exploración clínica por un médico o personal de salud, así como de la mastografía cuando corresponda”, afirma.
La razón, agrega Talia, es que “una lesión puede alcanzar cierto tamaño antes de que sea palpable, mientras que los estudios de imagen pueden identificar alteraciones cuando todavía son más pequeñas”. En México, donde no todas las mujeres se realizan estudios de detección de manera regular, la autoexploración puede tener un papel importante para identificar cambios y buscar atención.
Ambas especialistas coinciden en que conocer el propio cuerpo y consultar ante cualquier cambio puede contribuir a que el cáncer de mama sea detectado oportunamente. El objetivo final es claro: “el cáncer, cuando se detecta a tiempo, es una enfermedad curable”.
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