Jennifer Flores · 27 de agosto de 2026
Publicaciones en redes sociales aseguran que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a la píldora anticonceptiva como cancerígena. Pero esta clasificación no significa necesariamente que todas las mujeres que toman anticonceptivos desarrollarán cáncer ni que su uso debe suspenderse inmediatamente.
El Sabueso, la unidad de verificación de Animal Político, detectó publicaciones hechas por usuarios de redes sociales y medios de comunicación que desde hace al menos dos años utilizan titulares alarmantes e información incompleta y sin fuentes verificadas para contribuir a que la frase “las píldoras anticonceptivas son cancerígenas” genere pánico y rechazo entre las mujeres ante este método de anticoncepción y sus efectos secundarios.
En el país, la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) más reciente —2023— señala que 98.7% de las mujeres en edad fértil saben de algún anticonceptivo. Sin embargo, de las mujeres sexualmente activas que no usan anticonceptivos 9.6% teme a los efectos secundarios —incluido el riesgo de cáncer— que estos puedan provocar.
Además, 4.2% de las mujeres sexualmente activas en México ingieren pastillas anticonceptivas como método de anticoncepción principal, 6.4 % las usan principalmente para espaciar embarazos y 4.2% por indicaciones médicas.
Pero, ¿qué señala la evidencia científica, qué tipos de cáncer se han asociado con los anticonceptivos hormonales y cuáles son sus efectos protectores? Aquí te explicamos.
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Desde hace al menos dos años, en TikTok, X y Facebook basta escribir “la píldora anticonceptiva es cancerígena” en el buscador para que aparezcan cientos de publicaciones con información incompleta, no actual, desinformante y alarmante sobre la ingestión diaria de la píldora anticonceptiva.
En las publicaciones, usuarias comentan que “era algo obvio” y “voy a dejar de consumirlas”. Sin embargo, la misma OMS sugiere que siempre que una persona desee acceder a un método anticonceptivo debe ser mediante la orientación médica o ginecológica en el caso de las mujeres.
Estos artículos y videos en redes sociales hacen que esta información parezca una advertencia totalmente nueva, pero en realidad se trata de datos científicos antiguos que se han viralizado de nuevo.

El Sabueso detectó que algunas de estas publicaciones en medios de comunicación utilizan como base un estudio publicado en 2002 en la revista The Lancet titulado Efecto de los anticonceptivos orales sobre el riesgo de cáncer de cuello uterino en mujeres con infección por el virus del papiloma humano: el estudio multicéntrico de casos y controles de la IARC.
El estudio confirma que el Virus de Papiloma Humano (VPH) es la causa principal e indispensable del cáncer de cuello uterino. Sin embargo, también reveló que las hormonas presentes en la píldora anticonceptiva actúan como un “cofactor”, facilitando que una infección por VPH preexistente se convierta en cáncer con el tiempo.
Estudios posteriores también publicados en The Lancet aclararon puntos críticos que hacen que esta información sea más clara: una vez que la persona deja de tomar píldoras anticonceptivas, el riesgo comienza a disminuir y el riesgo basal real es bajo, incluso al multiplicar un porcentaje mínimo sigue dando como resultado un porcentaje pequeño.
En 2025, medios como La Cadera de Eva y VerificaRTVE destacaron que nuevamente circuló esta información incompleta, cuando un estudio publicado en European Journal of Cancerque encontró que el uso prolongado de anticonceptivos hormonales puede aumentar ligeramente el riesgo de cáncer de mama.
El nuevo estudio analizó datos de más de 3.9 millones de mujeres y encontró que el uso prolongado de anticonceptivos hormonales puede aumentar ligeramente el riesgo de cáncer de mama, sobre todo entre usuarias actuales o recientes. Este riesgo es moderado y reversible, revela el estudio, además de que desaparece años después de suspender el método.
Estos hallazgos no son nuevos ni implican que “la OMS acaba de descubrir que la pastilla causa cáncer”, en realidad esta información se utilizó para crear desinformación viral en redes sociales. Cabe destacar que esta vuelve a revivir cada cierto tiempo en el ecosistema digital.
La OMS destaca que el miedo a los efectos secundarios, la información errónea o desactualizada y la oposición social o religiosa pueden desalentar el uso de estos métodos.
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Existen dos tipos principales de píldoras anticonceptivas orales: las combinadas que contienen estrógeno y progestina y las minipíldoras que se componen únicamente de progestina. Además de la píldora de emergencia, la cual no es un método de uso diario, sino un plan de respaldo para situaciones inesperadas.
Desde 2008, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) incluye a la píldora anticonceptiva combinada en el Grupo 1 de sustancias cancerígenas para los seres humanos. Esta evaluación se consolidó formalmente en reportes publicados en 2005 y 2008.
Formar parte del Grupo 1 significa que existe evidencia científica suficiente de que el consumo de estas pastillas puede modificar el riesgo a desarrollar ciertos tumores. Sin embargo, esta posición no mide la probabilidad de contraer una enfermedad.
Por ejemplo, otros integrantes del Grupo 1 son el tabaco y las camas de bronceado.
Por su parte, la minipíldora —aquella que solo contiene progestina— se posiciona en el grupo 2B, el cual es más bajo y significa “posiblemente cancerígena”.
En la información más reciente publicada por la OMS se explica que las píldoras anticonceptivas orales muestran una asociación compleja con el riesgo de cáncer, pues protegen contra algunos tipos, pero aumentan el riesgo de otros, lo que destaca la importancia de una orientación médica anticonceptiva personalizada que tenga en cuenta los antecedentes familiares y médicos de cada mujer.
Las píldoras anticonceptivas ayudan a proteger contra los cánceres de ovario y de endometrio —reducen la probabilidad cuanto más tiempo se tomen—, pero al mismo tiempo las mujeres que las toman tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de cuello uterino en comparación con quienes no las ingieren.
Mientras que en el caso del cáncer de mama, la mayoría de las mujeres no desarrollan un mayor riesgo, a excepción de las que nacieron con mutaciones hereditarias en los genes BRCA1 o BRCA2, quienes aumentan el riesgo al usarlas de manera prolongada.
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Las píldoras anticonceptivas pueden usarse de forma segura durante muchos años, incluso por adolescentes, cuando se toman bajo la orientación y el asesoramiento de personal médico, asegura la OMS.
Algunas mujeres que toman la píldora presentan cambios en el sangrado —se vuelve más ligero, irregular o ausente— , dolores de cabeza, mareos, náuseas, cambios de humor o dolor a la palpación de la mama.
Respecto al acné, este puede mejorar o empeorar, pero en la mayoría de los casos mejora.
Las usuarias de la minipíldora pueden presentar sangrado irregular, sangrado prolongado o ausencia de sangrado mensual. “Tales efectos secundarios no son perjudiciales y suelen mejorar con el tiempo”, se puede leer en el artículo publicado por la OMS.
Sin embargo, el consumo de estrógenos destaca otros riesgos como trombosis, accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio; la minipíldora no conlleva estos, por lo que son adecuadas para mujeres que no pueden utilizar métodos con estrógeno.
Además, la OMS desmiente varios de los principales mitos y desinformaciones acerca del consumo de píldoras anticonceptivas:
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