Daniela Martínez Martínez · 23 de octubre de 2026
Las denuncias por la calidad del agua en Guadalajara continúan. Desde hace varios meses, ciudadanos de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) acusan que el agua que llega a sus casas tiene mal olor, presenta colores amarillentos, cafés o negros e incluso contiene sedimentos.
El gobierno de Jalisco atribuyó parte del deterioro de la calidad del agua al sistema antiguo que lleva agua desde Chapala hasta Guadalajara y que termina en la presa Las Pintas. El gobernador Pablo Lemus anunció que su administración dejará de utilizar temporalmente ese sistema para realizar trabajos de saneamiento.
También anunció la construcción de un nuevo acueducto para sustituir el sistema antiguo de Chapala, además de ampliar la planta potabilizadora de Miravalle y realizar obras para desviar el agua del sistema actual. Pablo Lemus ha sostenido que el nuevo acueducto mejorará la calidad del agua, sin aumentar las tarifas ni privatizar el servicio.
Sin embargo, de acuerdo con el doctor José Arturo Gleason Espíndola, jefe del Laboratorio de Tecnologías Arquitectónico Urbanas Sustentables del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), estas obras por sí solas no resuelven el problema.
El especialista considera que la contaminación del agua en Guadalajara es multifactorial y que el problema debe rastrearse desde las fuentes de abastecimiento hasta las tuberías que llevan el agua a los hogares.
El gobierno federal, por su parte, anunció que aportará recursos para una nueva planta potabilizadora en Jalisco. La presidenta Claudia Sheinbaum dijo que la inversión se definirá en coordinación con el gobierno estatal y Conagua.
Gleason Espíndola identifica tres problemas principales: la contaminación de las fuentes de suministro, que la infraestructura ya es vieja y lo que considera una gestión y mantenimiento deficientes del sistema operador, que en esa zona está a cargo del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA).
El primer problema está en las propias fuentes de abastecimiento, que son el lago de Chapala, la presa Calderón y los acuíferos. De acuerdo con el especialista, el crecimiento urbano desordenado de Guadalajara ha permitido la descarga de aguas residuales en cuerpos de agua, así como descargas industriales y de la agroindustria.
En el caso de Las Pintas, el gobierno estatal coincide en la existencia de descargas irregulares a lo largo del canal que alimenta la presa, por lo cual decidió suspender temporalmente el uso de esa fuente para el abastecimiento de la ciudad.
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Sin embargo, el especialista considera que hace falta un diagnóstico completo que permita determinar de dónde sale cada contaminante, cómo se desplaza por el sistema y que se haga una trazabilidad desde que entra al canal hasta que llega a una planta potabilizadora, un tanque, la red de distribución y finalmente los hogares.
Esto coincide con el enfoque de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomienda identificar los riesgos de la contaminación del agua en cada etapa del sistema, desde la captación y el tratamiento hasta el almacenamiento y la distribución.
Gleason Espíndola explica que hace falta un diagnóstico actualizado, hecho por un laboratorio certificado, de la calidad del agua que permita conocer con precisión qué contaminantes hay en el agua y qué concentración tiene.
Grupos ciudadanos han realizado sus propios monitoreos. Por ejemplo, el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (IMDEC) analizó 184 muestras tomadas entre marzo y junio de 2026 en 90 colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara y reportó plomo y mercurio por encima de los límites establecidos en la norma, además de nitratos, nitritos, fluoruros, aluminio y presencia de E. coli en algunas muestras.
El problema con la calidad del agua en Guadalajara no empezó este año. Una recomendación de 2022 de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ) documentó investigaciones realizadas desde 2009 sobre la contaminación del agua. Un estudio sobre la calidad del agua del río Santiago, que se realizó entre 2009 y 2011, identificó mil 090 sustancias contaminantes y estimó que hasta 94% de las industrias incumplían entonces con la norma de descargas vigente.
En El Sabueso documentamos en marzo de 2025 que el SIAPA había detectado coliformes en el agua suministrada a hogares durante 2025. En algunos análisis también se identificaron problemas de turbiedad y sedimentos.
En 2026, aumentaron los reportes ciudadanos de agua negra, gris, amarillenta o café y con mal olor. Para octubre de 2026, las denuncias escalaron a protestas en distintos puntos de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

El especialista Gleason Espíndola considera que construir nuevas tuberías o plantas mientras continúan las fuentes de contaminación solo es un paliativo: “Por más que tú inviertas en tubos, en potabilizadoras, si no cierras las fuentes de contaminación no va a haber una solución de fondo”.
Asegura que se tienen que detener las descargas contaminantes para después limpiar y restaurar los cuerpos de agua. Esto debe de ir acompañado de un programa de rehabilitación de la infraestructura hidráulica: plantas potabilizadoras, acueductos, tanques y redes de distribución. Estima que esta rehabilitación completa tardará entre 13 y 20 años.
Aunque las obras propuestas por el gobierno estatal pueden ayudar a mejorar la calidad del agua por el momento, el especialista advierte que construir nueva infraestructura no elimina el problema si la fuente de la que se extrae el agua sigue contaminada.