Animal MX · 29 de septiembre de 2026
La cultura y la política nunca han sido ajenas. Las ideas o corrientes políticas se pueden difundir a través de canciones, escuelas, películas, y redes sociales; sin embargo, en los procesos políticos recientes, especialmente en América Latina y Estados Unidos, cada vez es más común escuchar el término “batalla cultural”
Pero ¿a qué se refiere exactamente y de donde viene? Y sobre todo, ¿cómo acabó siendo una base importante para los discursos pertenecientes a la nueva derecha en el continente?
Desde el uso de canciones, hasta referencias a la cultura popular…preguntarse por todo esto no es menor, pues en los últimos años hemos visto cómo hasta los sectores políticos más conservadores recurren a este tipo de elementos para construir identidad y confrontar a sus adversarios.
Para entender todo este fenómeno debemos retroceder varios años.
En palabras simples, se refiere a la disputa por definir las ideas, valores símbolos y narrativas que una sociedad puede aprobar o considerar normal.
El concepto tiene antecedentes históricos diversos. Uno de los episodios que suele aparecer como referencia es la Kulturkampf alemana del siglo XIX.
Entre 1871 y 1878, el canciller Otto von Bismarck impulsó una serie de medidas para reducir la influencia política y social de la Iglesia católica dentro del recién unificado Imperio alemán.
Entre ellas estuvieron la expulsión de los jesuitas, el establecimiento del matrimonio civil y distintas medidas destinadas a aumentar el control estatal sobre la educación y la formación del clero.
El conflicto, sin embargo, terminó generando una fuerte oposición política. Bismarck acabó moderando algunas de sus políticas y buscando un acercamiento con la Iglesia católica.
Aunque aquel episodio pertenece a un contexto histórico completamente distinto, dejó planteada una cuestión que aparecería posteriormente en otros debates políticos: el poder no se disputa únicamente mediante las instituciones o la fuerza del Estado, sino en las ideas, la educación, la religión y por supuesto el arte y la cultura.
Ahora, para entender un poco más de la teoría en sí detrás de concepto contemporáneo debemos hablar de Antonio Gramsci, un pensador marxista de origen italiano que desarrolló el término “hegemonía cultural”, esto en sus Cuadernos de la cárcel.
Lo que Gramsci planteó es que las clases dominantes no consiguen su posición y la mantienen únicamente gracias al factor económico sino también construyendo consensos alrededor de determinadas ideas.
Teniendo en cuenta esto, lo que se dice en los medios, lo que nos enseñan en la escuela, lo que dicta la religión, y el arte que consumimos construyen lo que como sociedad somos capaces de percibir como normal, natural o deseable.
La hegemonía, por tanto, no significa simplemente controlar la cultura. Se refiere a la capacidad de hacer que determinadas ideas sean aceptadas como parte del sentido común.
Y aquí aparece una de las paradojas de la actual batalla cultural: un concepto relacionado con la tradición marxista terminaría décadas después siendo adoptado y reformulado por sectores de la derecha.
Décadas después de Gramsci, el sociólogo estadounidense James Davison Hunter recuperó la idea de conflicto cultural en Culture Wars: The Struggle to Define America, publicado en 1991.
Hunter utilizó el término culture wars para analizar una serie de conflictos morales y políticos en Estados Unidos. Religión, familia, educación, sexualidad y otras cuestiones se convirtieron en terrenos de disputa entre sectores tradicionalistas y progresistas.
Esto puso en evidencia que la cultura no es únicamente un espacio de expresión: sino que también es un campo de confrontación política.
Puedes leer: Tradwives: ¿por qué esta tendencia en internet es un retroceso para los derechos de las mujeres?
La transformación del concepto no puede explicarse por un único acontecimiento. La caída de la Unión Soviética, los cambios dentro de la izquierda, la expansión de los movimientos identitarios y la transformación de los medios de comunicación forman parte de un proceso mucho más amplio.
Pero durante las últimas décadas, distintos sectores conservadores comenzaron a plantear que la disputa política no podía limitarse a las elecciones, las instituciones o la economía.
Había que disputar también la cultura.
En América Latina, uno de los autores contemporáneos que más explícitamente ha desarrollado esta idea es Agustín Laje. En La batalla cultural: Reflexiones críticas para una Nueva Derecha (2022), plantea la necesidad de que la derecha participe activamente en la disputa por las ideas, los valores y los marcos culturales.
La premisa es que si la izquierda logró durante décadas influir en determinados espacios culturales, la derecha también puede intentar disputar esos espacios.
Así, este término dejó de ser solo eso, una palabrita y y un debate en el campo de análisis para pasar a ser una herramienta en el campo electoral y político.
Las redes sociales han ampliado todavía más este terreno de disputa, ya que han permitido que actores políticos construyan comunidades en torno a una idea sin depender siquiera de un foco de atención que antes daba un medio tradicional.
Para sectores de las nuevas derechas, esto también ha permitido construir una identidad política particular: la del actor que desafía a las élites culturales, los medios tradicionales y aquello que denominan “corrección política”.
Puedes leer: Lula da Silva usa ‘Lo que le pasó a Hawaii’ de Bad Bunny en spot político
La estrategia de la batalla cultural involucra también el uso de los mismos elementos y códigos que ya existen, y cambiarles su significado a usarlos a su favor. Así memes, canciones, videojuegos, películas, personajes y otros elementos aparentemente alejados de la política pueden terminar formando parte de una discusión ideológica.
Lo curioso del caso es que justamente en esta estrategia a veces se acaba recurriendo a elementos culturales que representan todo lo contrario, recordemos a Javier Milei usando constantemente en campaña “Se viene el estallido” de la Bersuit Vergarabat o incluso, cantando canciones de Charly García.
En América, el concepto ha adquirido una presencia cada vez mayor dentro del discurso de sectores conservadores y de derecha, de hecho, de la mano de este muchos han llegado al poder.
En estos discursos aparece con frecuencia la idea de que existe una crisis o decadencia cultural asociada a transformaciones sociales de las últimas décadas, un ejemplo facil de poner sobre la mesa es el feminismo y la libertad femenina.
Los sectores tradicionales venden la idea de que el feminismo ha trasformado a las mujeres y ha degradado la sociedad, y así por años.
Curiosamente de manera progresiva vimos el regreso del conservadurismo junto con simples tendencias, por ejemplo el clean look y el old money.
Lo que empezó siendo una simple tendencia por el uso de colores o looks tenía un subtexto más fuertem que luego vimos progresar a otra tendencia igual de viral en redes sociales: las trad wives, y posteriormente ya casi que ni nos sorprendió la propuesta de un voto por familia de Erica Kirck
Te pude interesar: Pedro Almodóvar visita campamento de protesta contra crisis de vivienda en España
Con todo esto, y una vez entendido el concepto, podemos notar que la batalla cultural no ocurre únicamente en los discursos políticos, sino también en aquello que consumimos, compartimos y convertimos en parte de nuestra identidad.
Y es precisamente ahí donde surge una pregunta: ¿qué pasa cuando la derecha comienza a utilizar símbolos, canciones y referencias culturales que sentimos cercanas?