La Sala de Arte Público Siqueiros sigue incomodando en Polanco

Luis Baylón · 23 de agosto de 2026

La Sala de Arte Público Siqueiros sigue incomodando en Polanco

A ver, seamos honestos: cuando piensas en Polanco, lo primero que te viene a la mente probablemente son tiendas de lujo, restaurantes de moda y calles impecables (casi siempre). Pero justo ahí, a una cuadra del bullicio de Paseo de la Reforma, se esconde uno de los espacios artísticos más revolucionarios, vibrantes y experimentales de la Ciudad de México: la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS).

Para entender cómo este recinto sigue desafiando a los puristas del arte y conectando el muralismo del siglo XX con las propuestas contemporáneas más atrevidas, platicamos con Paola Santoscoy, directora de la SAPS y de La Tallera en Cuernavaca. Con más de 20 años de conocer y habitar este espacio desde distintas trincheras, Paola nos comparte una visión fresca sobre por qué Siqueiros sigue siendo un “rebelde con causa” en pleno 2026.

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El “secreto” detrás de la ubicación: ¿por qué Siqueiros vivió en Polanco?

Mucha gente se pregunta qué hacía un muralista abiertamente comunista e impulsivo viviendo en una de las zonas más exclusivas de CDMX. La respuesta es fascinante y tiene que ver tanto con el gusto como con la pura logística de su trabajo.

Paola nos cuenta que la llegada de David Alfaro Siqueiros y su esposa, Angélica Arenal, a esta casa fue estratégica:

“Siqueiros estaba trabajando en el mural del Castillo de Chapultepec, entonces realmente es también una decisión estratégica o ambas, ¡no sé!”, menciona con humor Santoscoy. “Además de la cosa logística estar cerca de Chapultepec, donde iba en coche y subía hasta arriba a trabajar su jornada”, añade.

Aunque hoy en día Polanco es una zona de enorme especulación inmobiliaria, en aquel momento este espacio era el búnker creativo de la pareja. Y aquí viene un detalle importantísimo: Siqueiros y Angélica no fundaron un museo rígido. Fundaron una “Sala”:

“Ellos mismos, me refiero a Siqueiros y Angélica Arenal, abrieron este espacio como la sala de arte público”.

Un nombre que, desde su origen, ya marcaba una pauta de cercanía, experimentación y un fuerte carácter público y social.

Dentro del Castillo de Chapultepec, se pueden encontrar varios murales entre los que destacan los del maestro David Alfaro Siqueiros.
(MAURICIO MARAT/INAH/CUARTOSCURO.COM)

Del muralismo monumental al “gesto mínimo”: el diálogo con el presente

¿Cómo dialoga el imponente muralismo de Siqueiros con el arte contemporáneo de hoy? ¿Sigue teniendo el arte la misma fuerza social?

Para Paola Santoscoy, el muralismo fue un parteaguas porque los artistas de esa época pensaban en un arte que tuviera una función social e incidencia real en la sociedad. Y dentro de ese grupo de gigantes, Siqueiros destaca por su coherencia y entrega:

“Siqueiros… tiene quizás el lugar de ser el que más puso el cuerpo al frente por estas ideas”.

Él no se limitaba al lienzo o a los muros; era un creador total:

“…se entendía a sí mismo, insisto, como un artista que trabajaba en un ámbito social y político, no solo artístico, y en donde todo esto estaba junto”.

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¿Se perdió la monumentalidad en el arte mexicano?

Hoy en día, la “monumentalidad” del muralismo —esa que buscaba construir una identidad de nación junto con la arquitectura y el desarrollo urbano— ha cambiado de forma. Sin embargo, la escala y el peso siguen estando presentes en la mente de los creadores actuales:

“La monumentalidad no ha desaparecido del arte contemporáneo: sigue muy presente en la práctica de los creadores actuales. La diferencia es que hoy los artistas se cuestionan directamente la figura del monumento, la escala de las obras e incluso la manera de desmantelar esa misma solemnidad…”.

En enero de 2026 concluyó la restauración de la obra “Nuevo símbolo universitario”. Fue realizada por David Alfaro Siqueiros en 1953 y se encuentra en la fachada de la Rectoria de la Universidad Autónoma de México que da al oriente de Ciudad Universitaria.
(ROGELIO MORALES /CUARTOSCURO.COM)

La diferencia es que hoy, el arte social y político no siempre necesita de muros colosales. A veces se manifiesta en “gestos mínimos”. El espacio público sigue siendo el escenario, pero los artistas contemporáneos se mueven por otros impulsos:

“Si en la época del muralismo la prioridad era luchar contra la opresión y movilizar un espíritu revolucionario, hoy el arte responde a una urgente necesidad de cambio. Al final, sigue siendo ese refugio que nos invita a percibir el mundo de otra manera y a entender que las cosas sí pueden transformarse”.

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Sin miedo a los puristas: mantener un programa experimental

Tener una agenda arriesgada que incluya performance, instalaciones efímeras y expresiones contemporáneas no es fácil en un espacio dedicado a uno de los “tres grandes” del muralismo mexicano. ¿Vale la pena incomodar a los sectores más ortodoxos?

Para la directora de la SAPS, la respuesta es un rotundo sí:

“Yo creo que es necesario. Para mí es importantísimo no quedarnos únicamente soportando o enalteciendo un momento o a una figura, por más que sepamos lo que esas aportaciones artísticas representan. Creo que la cuestión tiene más que ver con qué nos permitimos hacer con este legado, con qué lo ponemos en diálogo y qué cosas pueden suceder en este lugar…”.

La SAPS y La Tallera no nacieron para ser templos solemnes e intocables; al contrario, surgieron de una raíz disruptiva:

“…tienen un origen que es sumamente experimental. Y sumamente abierto también”.

Por eso, la curaduría actual busca trazar puentes invisibles. No se trata de forzar a todos los artistas contemporáneos a hablar de Siqueiros, sino de abrir el espacio para quienes sí les interese explorar esa veta y para quienes decidan tomar otros caminos experimentales.

La fachada de la SAPS en la colonia Polanco.
(GALO CAÑAS/CUARTOSCURO.COM)

El reto de cruzar “la cuadra invisible” de Polanco

Estar ubicados en Polanco es un arma de doble filo. Por un lado, la SAPS forma parte de un corredor cultural envidiable junto al Museo de Arte Moderno, el Museo Tamayo, Antropología y la Casa del Lago. Por el otro, existe una frontera física y mental:

“…aquí estamos porque estamos una cuadra atrás y ya solo esa cuadra significa muchas veces que no llegan los visitantes”.

El gran reto diario de la SAPS es atraer públicos diversos y romper esa barrera invisible. Lograr que tanto la comunidad artística —que le tiene un cariño histórico al recinto— como las audiencias más jóvenes y los turistas que buscan ver los murales clásicos convivan en el mismo espacio.

¿Y qué pasa con los presupuestos y la gestión pública? Aunque siempre hay desafíos económicos en la cultura, Paola Santoscoy propone un cambio de perspectiva muy valioso. En lugar de lamentarse por lo que falta, hay que valorar la increíble herencia que ya tenemos:

“…Muchas veces hablamos de los presupuestos y claro que son importantes… pero creo que también existen estos espacios, estos legados, estas colecciones. Hay mucho con lo que se puede trabajar y eso nos pone en perspectiva: no es correcto decir ‘es que no hay nada’, partiendo de que tenemos muchísimo…”.

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¿Museos de selfie o museos vivos? El verdadero sueño de la SAPS

En una época donde los museos a veces se perciben como “centros comerciales” —con filas interminables para tomarse la foto de Instagram y exposiciones que se vuelven virales por pura moda—, Paola tiene una postura sumamente empática y estratégica.

En lugar de quejarse de la “masificación”, cree que los recintos culturales deben abrazar este fenómeno como una oportunidad dorada:

“Qué bien que los museos puedan ser ese tipo de espacio en la sociedad, igual que cuando alguien quiere ir al centro comercial o al deporte. Los museos tenemos que aprovechar eso para que más gente tenga la oportunidad de conocer algo que no tenía presente y ponga su tiempo en estos espacios”.

El fin último de la SAPS no es llenar una gráfica con miles de visitas vacías, sino provocar un cambio, por mínimo que sea, en quien cruce su puerta:

“…El sueño es que la sala esté viva, llena de visitantes. Insisto: no solo por una numeralia, sino para que el trabajo que hacemos y lo que aquí hay sea visto… No que se quede para un público muy exclusivo o muy pequeño…”.

¡Arma tu plan! ¿Dónde está la Sala de Arte Público Siqueiros?

Si quieres vivir el arte de una manera distinta, confrontar tus ideas y ver cómo el legado de Siqueiros sigue encendiendo chispas en las mentes de los creadores contemporáneos, date una vuelta por la SAPS. Está en  Tres picos 29 en Polanco, a unos pasos del Parque Tres Picos en Polanco.

 

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También te puedes sumar a sus recorridos para las noches de museos que para este mes corresponden al 26 de agosto.