Animal MX · 27 de junio de 2026
Cada Mundial de futbol, el lenguaje se vuelve universal por un momento: abrazos, cuerpos en contacto y felicidades compartidas. Y en este panorama ocurre algo llamativo: muchas de esas muestras de afecto se dan entre hombres, curiosamente en un escenario deportivo en el que muchas veces la homosexualidad sigue siendo uno de sus mayores tabúes.
Aprovechando que este fin de semana es la Marcha del Orgullo LGBTIQ+ y que seguimos en la fiesta del Mundial 2026, te contamos sobre esta idea de que el deporte, entre esos el futbol, es uno de los espacios más homoeróticos.
El Mundial vuelve a reunir a millones de personas frente a una misma pasión. Al mismo tiempo, este fin de semana las calles de la Ciudad de México se llenarán de colores con la Marcha del Orgullo, una coincidencia que invita a mirar al futbol desde otra perspectiva: no solo como espectáculo, sino como un espacio donde se construyen ideas sobre la masculinidad, el cuerpo y el deseo.
Aunque suele pensarse como el escenario por excelencia de la virilidad, diversos investigadores sostienen que el futbol también puede entenderse como un espacio homoerótico, y no porque sea un deporte homosexual, sino porque gran parte de su ritual gira alrededor del cuerpo masculino, la cercanía física y los vínculos afectivos entre hombres que poicas veces son vistos sin juicios fuera de ese escenario.
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El concepto de homoerotismo no hace referencia a la orientación sexual, sino a la presencia de elementos eróticos entre personas del mismo sexo, esto sin que ello implique una relación sexual o una identidad homosexual.
Te contamos de algunas teorías sobre este tema
Eve Kosofsky Sedgwick desarrolló el concepto de “deseo homosocial”, este describe los fuertes lazos emocionales, de admiración, competencia y afecto entre personas del mismo sexo.
Para las mujeres: Lo homosocial y lo homosexual suelen coexistir en un continuo fluido e ininterrumpido. Las amistades entre mujeres y sus deseos románticos o eróticos a menudo se perciben socialmente como parte de una esfera superpuesta de apoyo mutuo. Hablando de lo que ocurre con los hombres, pasa algo curioso, según esta teoria para que mantengan el poder patriarcal, los vínculos entre hombres deben permanecer estrictamente no eróticos.
Como resultado, los entornos homosociales masculinos (como las fraternidades, los equipos deportivos y los consejos de administración de las empresas) requieren una homofobia agresiva y la subyugación de las mujeres para demostrar su heterosexualidad.
En el futbol estos vínculos aparecen constantemente: abrazos tras un gol, besos en la mejilla, celebraciones colectivas, cuerpos entrelazados y una convivencia cotidiana en vestidores y concentraciones.
Por su parte, el sociólogo Eric Anderson en “Inclusive Masculinity: The Changing Nature of Masculinities” publicado en 2009 o en “Theorizing masculinities for a new generation”, explica que el deporte permite expresiones de afecto masculino que fuera de ese contexto muchas veces serían cuestionadas por romper con los estereotipos tradicionales de masculinidad y que estos escenarios de alguna forma aportan
Apoyándose en investigaciones realizadas entre jóvenes varones heterosexuales con edades que oscilan entre los 16 y los 21 años, este artículo ofrece una visión general de la naturaleza cambiante de las masculinidades en las culturas angloamericanas.
Lo que el propone es que la homofobia cultural está disminuyendo rápidamente entre los hombres jóvenes de estas culturas, y que esto tiene un profundo impacto en sus representaciones de género.
Regresando al punto inicial, dentro de la cancha, ese contacto se interpreta como compañerismo y no como una expresión de deseo.
El historiador y teórico queer David Halperin también habló de esto, y sostiene que el homoerotismo no depende de la orientación sexual, sino de la manera en que los cuerpos son observados, representados y admirados.
Bajo esa mirada, el futbol ofrece constantemente el escenario perfecto, imágenes del cuerpo masculino: músculos, sudor, fuerza física y contacto corporal convertidos en espectáculo.
Uno de los análisis más provocadores proviene del folclorista Alan Dundes. En su ensayo “Into the Endzone for a Touchdown”, propuso que muchos deportes de pelota poseen un simbolismo sexual. Desde una lectura psicoanalítica, Dundes argumentó que el balón funciona como un símbolo fálico y que introducirlo en la portería representa, de forma ritualizada, un acto de penetración.
Para él, los deportes organizan una competencia simbólica donde la conquista del espacio rival tiene una dimensión sexual profundamente arraigada en la cultura.
Aunque esta interpretación ha sido ampliamente debatida y cabe aclarar que no representa un consenso académico, abrió la puerta para analizar el deporte desde perspectivas antropológicas y culturales que antes parecían impensables.
Si el futbol está lleno de gestos que distintos autores consideran homoeróticos, ¿por qué continúa siendo uno de los espacios más hostiles para las personas LGBT+?
La respuesta puede encontrarse en la idea de masculinidad hegemónica que hemos construido como sociedad. Y esta suele por alguna razón estar ligada a deportes como el fútbol que busca un modelo específico de hombre: heterosexual, fuerte, competitivo y emocionalmente dominante.
En ese contexto, la homofobia opera como un mecanismo para proteger ese ideal. Las muestras de afecto son aceptadas únicamente mientras permanezcan dentro de los códigos del deporte. Cuando un jugador rompe ese pacto al hablar abiertamente de su orientación sexual o desafiar las normas tradicionales de género, la aceptación suele desaparecer.
De ahí que el futbol viva una paradoja permanente: celebra la intimidad masculina, pero castiga la diversidad sexual.
Más allá de las teorías, está lo que vemos día a día en la cancha: abrazos desbordados en las tribunas y calles cuando gana un equipo, futbolistas celebrando en conjunto…basta con recordar a uno de los mejores futbolistas: Maradona, siendo besado por su compañero Claudio Paul Caniggia, el 14 de julio de 1996, cuando el Boca goleó a River 4 a 1 en la Bombonera
Cuando hablamos de homoerotismo en el fútbol no se trata de reducir sus dinámicas a una lectura sexual. Significa reconocer que el cuerpo masculino, el contacto físico y los afectos entre hombres forman parte esencial de su identidad y que esa realidad convive, paradójicamente, con prácticas y discursos que durante décadas han excluido a las personas LGBTIQ+.
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