Cuatro mujeres asesinadas en Culiacán: Sara, su guardería canina y los planes que frenó la violencia

Manu Ureste · 1 de mayo de 2026

Cuatro mujeres asesinadas en Culiacán: Sara, su guardería canina y los planes que frenó la violencia

El sábado pasado, Sara estaba feliz.

Había comprado pastel —no para ella, sino para sus perros— y organizaba una pequeña fiesta en su guardería canina. Había instalado aire acondicionado, ampliado el espacio y comprado accesorios nuevos. Poco a poco, decía, iba levantando su negocio en medio de la violencia de Culiacán, una ciudad que lleva más de un año inmersa en la guerra interna del Cártel de Sinaloa que ha dejado más de 2 mil 500 asesinatos y al menos mil desaparecidos, según cifras oficiales.

 “La vi súper contenta, bien feliz”, recuerda Dalia, su amiga desde hace cuatro años. “Estaba tomando fotos a Emilia, una de sus perritas, y me decía: ‘ya puse los aires, ya estoy mejorando todo’”.

cuatro-mujeres-asesinadas-culiacan-guarderia-canina-2
Afuera de la guardería de Sara, amigos y familiares colocaron veladoras y flores. Foto: Dalia C.

Eso fue el sábado 25 de abril. Dos días después, la mataron.

La noche del lunes, Sara —de 30 años— fue asesinada junto a otras tres mujeres en un ataque armado en pleno centro de Culiacán, frente a la guardería. Afuera, en la calle, también murieron dos mujeres que esperaban dentro de una camioneta. Al parecer, fueron testigos del suceso y por eso fueron asesinadas también. 

Dalia aún no puede llorar.

“Siento el pecho muy apretado. Como cuando quieres llorar o vomitar y no puedes”.

Conoció a Sara hace cuatro años, cuando ambas trabajaban en la guardería canina. En ese entonces, Sara no era la dueña: era la administradora. Pero desde ahí ya dirigía el lugar.

“Era nuestra jefa inmediata y siempre veía por nosotros. Si necesitábamos algo, nos ayudaba. A veces hasta prestaba dinero de su propio sueldo. Era muy empática”.

El trabajo —limpiar, alimentar, separar perros territoriales para que no pelearan— exigía carácter. Pero también permitía algo más: reír.

Lee: Buscar a un hijo en tierra del narco: la desaparición de Carlos Emilio en el Mazatlán atrapado por la guerra del Cártel de Sinaloa

“Nos la pasábamos riendo. Trabajar con perritos es divertido, aunque también pesado. Pero con ella el ambiente era muy agradable”.

Con el tiempo, Sara compró el negocio. Lo hizo suyo. Lo fue armando poco a poco.

No tenía hijos. Tenía tres perros.

“Eran sus ojos”, dice Dalia. “Si vieras su clóset… lleno de vestidos y disfraces para ellos. Los cuidaba muchísimo. Los amaba”.

Uno de ellos estaba recién operado y llevaba un cono. Ese sábado, mientras organizaba la fiesta, Sara se detuvo en un detalle mínimo que Dalia no ha podido olvidar.

Tráete a la perrita que es más tranquila —le dijo—, a la otra no, porque muerde.

Ese cuidado, esa atención a lo pequeño, era su forma de ser.

Foto: Dalia C.
La disputa interna del Cártel de Sinaloa ha dejado más de 2 mil 500 asesinatos. Foto: Dalia C.

La última tarde

La invitación había llegado días antes. Sara también había empezado un pequeño negocio de mariscos desde su casa: pedidos por encargo, listos al día siguiente. Quería crecer. Estaba creciendo en una ciudad que, a raíz de la guerra, ha acumulado miles de millones de pesos en pérdidas por el cierre total o parcial de negocios. 

Dalia fue a verla el sábado. Al principio no estaba, luego llegó. Se quedaron platicando.

“Siempre tenía un humor muy alegre. Siempre echaba la chorcha”.

La vio feliz. Le enseñó los cambios en el local, los aires nuevos, los accesorios. Le habló del pastel. Le habló de los perros.

Hicieron planes.

Pero el lunes por la noche, esos planes ya no existían.

El ataque ocurrió en una zona céntrica, cerca de un mercado muy concurrido durante el día, pero que se vacía temprano. Eran alrededor de las siete de la noche. Casi una semana después, las autoridades no han aclarado el móvil de los cuatro asesinatos, aunque dijo que los investiga como feminicidio.

Lee: La guerra del Cártel de Sinaloa también le pega a Mazatlán: asesinatos se disparan 227 % y desaparecidos un 83 % 

“La gente se guarda muy pronto en Culiacán por lo mismo de la ‘guerra’”, dice Dalia.

Sara ya había terminado su jornada. A esa hora, normalmente, ya había entregado al último perro a sus dueños. A veces se quedaba un rato sentada afuera, descansando.

“Era su momento”, dice.

Ahí la encontraron las balas.

Dalia vio el video que circuló después del asesinato. Muchas veces.

“Con todo el dolor de mi corazón, lo vi”.

En las imágenes, cuenta, el agresor dispara primero contra Sara y la otra mujer que estaba con ella. Después, contra las dos mujeres que estaban dentro de la camioneta, que son madre e hija.

Se ve la sangre fría del asesinato. Y un tino tremendo”.

cuatro-mujeres-asesinadas-culiacan-guarderia-canina-5
Sara pasó de administradora a dueña del negocio. Foto: Dalia C.

La noticia no le llegó por las autoridades. Le llegó por un amigo.

Él sabía que Dalia iba seguido a la guardería de su amiga. Le escribió para preguntarle si estaba bien. Le mandó una foto del lugar.

“Le dije: no es veterinaria, es guardería”.

Pero ya sabía. O lo intuía.

Porque Sara siempre estaba ahí.

Cuando el nombre aún no aparecía en listas oficiales, Dalia ya lo había entendido.

“Se me aceleró muchísimo el corazón. Me sentí muy mal”.

Después vino la confirmación.

“Se me hizo muy injusto. Por todas, por las cuatro. No merecían morir así”.

cuatro-mujeres-asesinadas-culiacan-guarderia-canina-4
No hay información de qué pasó con los perros de la guardería. Foto: Dalia C.

Lo que queda

Horas después, Dalia volvió al lugar.

Todo estaba cerrado. Las cortinas metálicas abajo. Afuera, muchas veladoras y flores.

Adentro, no se sabe.

“Pensé en los perritos”, dice. “Con el ruido… que se hubieran salido corriendo”.

No hay información clara sobre qué pasó con ellos. Pero la pregunta se queda flotando, incómoda, persistente.

—¿Y ahora quién los va a cuidar?

El asesinato de las cuatro mujeres ocurre en un contexto donde la violencia sigue marcando la vida cotidiana en Culiacán, incluso en espacios aparentemente ajenos al crimen. Para quienes viven ahí, la lógica no es la de las cifras oficiales, que aseguran que el crimen va a la baja tras el año y medio de enfrentamientos entre las dos facciones del Cártel: los “Mayitos” y los “Chapitos”.

“No podemos dejar de hacer planes”, dice Dalia. “No podemos vivir pensando que algo va a pasar”.

“Y como mujer da más miedo. Que llegue alguien así y en segundos… adiós”.

Cuando Dalia recibió la noticia, estaba con su hijo.

También lee: EU ofrece recompensa por tres narcos mexicanos; Sedena los sigue desde 2021 sin detenerlos

Tiene 15 años.

“Y tener que explicarle esto, es algo muy duro como madre. Él no debería preocuparse por estas cosas tan horribles”.

Pero en Culiacán, esas ‘cosas tan horribles’ se han vuelto parte de la vida.

Sara iba a partir el pastel.

Iba a tomar fotos.

Iba a seguir creciendo su negocio.

Iba, simplemente, a seguir.

Pero la fiesta nunca ocurrió.

Y lo último que queda de ese sábado es una imagen: una mujer feliz, rodeada de perros, haciendo planes.

Como si el futuro todavía existiera.